Contemporáneas de otro planeta

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A casi todo puede acostumbrarse una mujer cineasta desde que elige serlo: a las críticas, los obstáculos, etiquetas, y sobre todo a ser una continua excepción. Con esta premisa se sentaron a una mesa Martha Rodríguez, colombiana; Madeleine Olnek, estadounidense; Natalia Armienta y Patricia Riggen, mexicanas, en el Laboratorio de arte y lenguaje, realizado en el marco del primer Festival itinerante de cineastas americanas (FICA).
La primera, una leyenda del cine documental colombiano que desde los años cincuenta ha documentado manifestaciones, campañas de “alfabetización a niños que su mayor escolaridad era cargar ladrillos”, torturas y muertes. Rodríguez no puede disociar al cine del compromiso con mayúscula, por ser antropóloga o porque sabe que no hay fidelidad como la de una cámara.
Olnek, desde el difícil arte de la comedia, ha trazado una línea teatral y cinematográfica de reflexión dentro del absurdo y la acidez al estilo del gurú neoyorquino Woody Allen, porque “la gente que ve comedia, ve también el mundo de cierta manera; saben lo ridículo que es”. El humor, como todo buen instrumento, también se afina, y lo demuestra en Codependent. “La comedia –dice– puede tener una parte de activista, porque siempre hay que darle a la audiencia algo”.
Como los territorios importan, Patricia Riggen, tapatía radicada primero en Ciudad de México, se inicia como productora (porque para aportar lana, las puertas siempre están abiertas a las mujeres), y luego vive en Los íngeles, desde donde se ha sumado a la causa de los migrantes con La misma luna o el corto Lindo y querido, en los que hurga la “mexicanidad”. El primer paso, dice Riggen, es “creer en sí mismas”, a pesar de que apenas el cinco por ciento de los cineastas mexicanos sean mujeres.
En tanto, Natalia Armienta se ha formado a base de coincidencias, pero con exigencia de honda vocación. Sus filmes han ido a varios festivales, tanto por calidad como por la denuncia y activismo, desde los pueblos del Sahara hasta las mujeres Culpables de inocencia en las cárceles de México. Armienta es documentalista porque para completar el proceso no necesita más equipo que ella misma: “porque en el documental todo lo puedo hacer yo”, afirma.
Estas contemporáneas dejaron ver que las diferencias y similitudes brotan en cualquier campo, pero que en este caso no buscaron hacer una especie de gueto feminista, sino acercar al público con el cine no comercial hecho por mujeres; al contacto con las cineastas e incluso acercar a las propias realizadoras entre sí. Para las que no están en el mainstream de las alfombras rojas, coincidir en estos encuentros es situar puntos de referencia respecto a lo que otras cineastas están haciendo en este tiempo.
Son conscientes de que por el solo hecho de ser mujeres a cargo de un proyecto fílmico, para el entorno “la ansiedad se da de facto”, como dice Olnek; sin embargo, para Riggen, en México hay apoyos generosos que afuera resultan imposibles, pero la elección de las historias es en realidad el factor que marcará la diferencia.
Alain Badiou, filósofo francés, en su Rapsodia por el teatro hace la distinción entre “público” y “espectadores”. Éstos son intrínsecos al teatro, donde la comunicación se entabla bidireccionalmente. Mientras que los primeros pertenecen al cine porque no interactúan con el artista. No obstante, con encuentros como el FICA el límite se diluye, porque cuando la función termina, puede ocurrir cierta retroalimentación.
Entonces ¿por qué ha sido útil un festival como el FICA? Porque se olvidó de la falsa prédica sobre cuál cine es mejor, si el masculino o el femenino, recordando que el cine simplemente es bueno o malo. Y lo más rescatable fue que sin otra arma que la imagen, la reflexión sobre ésta y su proceso de creación, exhibieron películas y las dejaron hablar por sí solas.
La amplitud del espectro fue de la cómica ficción a la documentada tragedia de la realidad. En todo caso, el cine de las contemporáneas ha movido al espectador no sólo a la simpatía, sino a la empatía. Coincidieron las cineastas en que a final de cuentas lo que intentan es “encontrar cada quien una verdad” y compartirla.