Científicos mexicanos a la deriva

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ALUMNOS DE LA CARRERA CIENTIFICA. ARCHIVO

Un buen científico no siempre es un genio. Es un hombre disciplinado, creativo, comprometido socialmente, con deseo de aprender. Una persona que se esfuerza y tiene capacidad de plantearse preguntas y formular hipótesis para entender por qué suceden las cosas. Investigadores de la Universidad de Guadalajara, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), cuestionan la falta de recursos económicos para ciencia y enfatizan que a pesar de ello, la comunidad científica mexicana está preparada.
“Resulta esencial tener una actividad científica que cuestione, plantee, discuta y proponga soluciones. La ciencia ofrece actitudes disciplinarias, creativas e inventivas que puedan hacer capaz a una persona de resolver sus problemas”, indicó Alfonso Islas Rodríguez, investigador del Departamento de Biología Celular y Molecular, del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA).
La ciencia aporta elementos para que un país cuente con una economía estable y autosuficiente. El que México no la tenga se debe a que el presupuesto asignado a investigación es de 0.33 por ciento del producto interno bruto, cuando Estados Unidos y Suiza destinan más del tres por ciento.
La AMC coincide en que falta una política de Estado en materia científica, y enfatiza que en México se debe cumplir la Ley de ciencia y tecnología, que establece la obligación del Estado de destinar el uno por ciento del PIB a esa actividad.
Como los recursos no lo son todo, Islas Rodríguez plantea crear redes de colaboración, a la vez que realizar “campañas de motivación y dar crédito a los científicos, ya que en nuestro país se da crédito a los políticos”.
Ello auxiliaría al crecimiento de la ciencia en México, indica Eduardo Mendizábal Mijares, investigador del Departamento de Química, del Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingeniarías (CUCEI), miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) nivel III y de la AMC.
Para el especialista, un buen científico debe tener interés por aprender, una actitud de asombro, que lo lleven a la búsqueda de respuestas, y la capacidad de comunicar resultados.
La falta de conciencia de la sociedad sobre lo importante de la ciencia es un factor que provoca que los científicos en México estén poco apoyados y no tengan la suficiente influencia en la sociedad, manifestó el investigador del CUCBA.
“Lo que no ha sucedido en México es que seamos capaces de crear nuevos fármacos. Los investigadores no se conectan con otros sectores de la sociedad para aplicar sus conocimientos. Hay un divorcio entre la política y la ciencia y el resultado neto es que no crecemos”. Prueba de ello es que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señala que menos del 10 por ciento de los investigadores mexicanos trabajan en el sector empresarial. Sumado a ello, en México el número de investigadores es menor, en comparación con el de otros países. El SNI cuenta actualmente con 15 mil investigadores.
A pesar de que en términos generales la ciencia mundial la encabezan las grandes potencias (Estados Unidos, Japón, Reino Unido y Alemania), los miembros de la comunidad científica mexicana entrevistados dicen estar preparados y que en México se puede realizar investigación como en cualquier parte del mundo, cual sucedía a principios de los noventas, cuando Brasil tuvo la mayor producción científica de Latinoamérica, seguido de Argentina, México, Chile y Venezuela, según datos del Information Scienses Institute.

Acercar la ciencia a los estudiantes
En ocasiones la ciencia está ausente en las escuelas. Los jóvenes que podrían convertirse en promesas científicas no reciben la orientación adecuada para explotar su talento. Para Mauricio Castro Acuña, profesor de la Facultad de Química, de la UNAM y colaborador de la AMC, vivimos “un sistema que permite que nuestros hijos estén en manos de gente poco capacitada, que en ocasiones no muestra interés en superarse, porque tiene una plaza y nunca perderá su empleo, aunque nunca estudie ni se actualice, o por otra parte, maestros profesionales mal pagados. El resultado es que pones la materia prima en manos de inexpertos”.
El académico de la UNAM propone llevar la ciencia a las escuelas y al entorno más cercano del estudiante, para que entienda la labor del investigador. “Falta disciplina de estudio. No existe el caldo de cultivo en donde los jóvenes puedan desarrollar sus habilidades. Además, es necesario que vean la cultura, la ciencia y los deseos de superación como un todo”.