Cecilia Rébora

739

En su casa, dice, hay pleito casado por los libros: ella tiene los suyos y sus hijos los de ellos. En teoría. La verdad es que los álbumes ilustrados que compra compulsivamente suelen perderse y pasar a ser propiedad de los chiquitos. Resignada, Cecilia Rébora multiplica el tiempo como puede para dedicarse también a hacer libros como ésos: a ilustrar cuentos infantiles con tan buen ojo y mano que este año es la ganadora del segundo Catálogo Iberoamericano de Ilustración que convocan la Fundación SM, El Ilustradero y la Feria Internacional de libro de Guadalajara.

Mitos
No creo que haya distancia entre una historia para niños y una para el público adulto: hay formas de contarlas. La diferencia es el cómo. También es un mito que hay que romper el que a los niños se les debe que tratar con colores dulces porque los otros son muy fuertes. Creo que no hay temas tabúes, no sólo en los libros sino que por salud propia hay que hablarle a los niños con la verdad y por su nombre. Hay cantidad de libros sosos –por no decir que la mayoría– que suponen que los niños son unos tarugos, que no entienden nada, que hay que darles el mono lindo con los ojos grandotes para que capten y no se asusten. La verdad es que ellos entienden perfectamente y no se asustan; es más, creo que tienen un proceso visual mucho más amplio que nosotros, que nos hacemos más cuadrados con los años.

Ilustrar
Para ilustrar un libro lo que hago es leerlo, leerlo, leerlo y leerlo. Las imágenes nacen de la intuición. Tomas las escenas que te parecen más fuertes y de ahí partes para narrar una historia paralela, pues de otro modo sería muy aburrido. ¿Para qué dibujar textualmente lo que está en el cuento si eso ya está escrito? Al ilustrar, uno mete su cuchara. En el caso de un libro infantil, la ilustración es una coautoría.

Surcos
Yo empecé en FIL dando vueltas. Es la única forma. Durante ocho años fui con mi carpeta de stand en stand tratando de hacer una cita para presentar mi trabajo. Al principio no sabía ni los nombres de los editores, así que había que empezar por ahí, para saber por quién preguntar. Y todos me rechazaban los dibujos. Así que volvía al año siguiente y seguí volviendo hasta que alguno me preguntó si no me daba pena hacer surcos. De hecho, todos los editores con los que he publicado primero me rechazaron. Pero sólo así logras que te conozcan, que se acuerden de ti por lo menos por los surcos. El mismo consejo nos dio Svjetlan Junakovic en un curso que hice recientemente: si quieres entrar a las grandes ligas, tienes que ir a las ferias y repetir y repetir hasta donde tu corazón aguante y el bolsillo te deje.

Contar
Decidí ilustrar para niños un poco por comodidad: mi mundo imaginario siempre estuvo lleno de animales y ratones, y siempre estuve muy cercana de los niños, siempre me encantaron. Me gustaba ver formas en las nubes y contar historias. Pero también a lo mejor es un trauma, porque mis hermanos son artistas y uno de ellos es un gran dibujante. Quise desligarme un poco de eso, yo quería ser escritora. Estudié primero en la SOGEM, donde un profesor me acercó a los clásicos como Perrault y Andersen, y luego me fui a Barcelona. Pero en Barcelona hablan catalán así que era muy complicado estudiar letras. Por eso empecé a contar historias con mis dibujos. Ahora tengo ya varios libros infantiles sin publicar, sólo necesito tiempo para terminarlos y quitarme el miedo de sacarlos a la luz.

Niños
Después de veintitantos libros hechos al acrílico, cambié repentinamente a monotipia. Estaba saturada, me había cansado de la técnica. Llegó un momento en que el trabajo era como uno más. Así que un día fui al taller de grabado y descubrí esta otra técnica que me encanta además porque desde que tengo hijos mi forma de trabajo ha cambiado al 100 por ciento: ahora tengo que ser más rápida, la mitad de mi tiempo se reduce a ellos mientras hago otras tres cosas a la vez. Pero vivir tan cerca de los niños también me acerca a sus gustos y necesidades: el mayor es el más crítico, me regresa todos los dibujos; para mí en el dibujo puede haber claramente un lobo, pero cuando le pregunto si le gusta me dice: “¿Cuál lobo? Eso es un perro”.