Cavafis, “En la vida lo acompañó el silencio”

Sin embargo, ahora, dijo Hugo Gutiérrez Vega sobre el poeta alejandrino, "en la muerte lo acompaña la admiración de sus millones de lectores, porque sin duda es uno de los poetas más visitados y revisitados por los que aman la poesía"

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Constantino Cavafis (Alejandría, 29 de abril de 1863 — 29 de abril de 1933) murió de cáncer de laringe; su vida, de doble apariencia, se debatía entre la de un funcionario impecable y de un hombre que amaba “los placeres prohibidos”, como los calificó para sí el poeta Luis Cernuda, uno de sus lectores y quien lo incluyó, en una entrevista fechada en 1956, entre los poetas máximos del mundo; y, según su decir, lo leyó en traducción inglesa.

Cavafis a los treinta años escribió el poema Velas: “Los días futuros se yerguen ante nosotros/ como una hilera de pequeñas velas encendidas,…”. Por este poema recibió el apodo de “el poeta de las velas”, único que es decentemente publicable de otros dos conocidos.

Provenía de una familia aristócrata. Al morir el padre, la familia se vino a menos y tuvo que emigrar, primero a Londres con unos familiares, luego a Liverpool, después a Constantinopla. Luego otros viajes: París y tres a Grecia. Y no volvió a salir de su Alejandría helénica.

Sus poemas, escasos, fueron igualmente a sus publicaciones. En hojas volantas, pequeños cuadernillos y una que otra publicación en revistas, periódicos (entre ellos el Mercure de France, 1919), fueron leídos principalmente por amigos y familiares. Cavafis con sus publicaciones realizó una autoantología que los críticos la bautizaron como poemas canónicos para diferenciarlos de los otros: los no coleccionados o no publicados.

Por su temática, sus poemas se pueden recopilar en tres secciones generales: los históricos, los breves y los voluptuosos. Él se definía como poeta “histórico” ya que utilizó temas de la Grecia clásica y los versificó en lengua griega moderna con un estilo “al límite de la poesía y la prosa”, utilizando la definición de Francisco Torres Córdova. Se debe aclarar que Cavafis sólo toma instantes de la historia, los que le permiten engarzar su poética. Esos momentos de historia los utiliza con la sensibilidad del poeta, no con el rigor del historiador.

De entre los poemas históricos, los mejores según la crítica, es de citar “Ítaca” por su agregada popularidad. Unos y otros  han maltratado el poema hasta llegar a formar parte de  lecturas para autoayuda; o leído en voz alta por Sean Connery, Joan Manuel Serrat o José María Pou. El músico catalán Lluís Llach tituló un musical Viatge a Ítaca (1974).

Cavafis trabajó con la fealdad para hacer su poesía: los míseros burdeles, la ropa sucia, la decrépita vejez; y también con el brillo del arte bizantino y la juventud.

LAS ALMAS DE LOS VIEJOS

En sus viejos cuerpos ya gastados

moran las almas de los viejos.

Cuánta lástima inspiran

y qué monótona la vida miserable que arrastran.

Mas cómo tiemblan ante la idea de perderla y cómo

idolatran

a esas contradictorias y confusas

almas, que sostienen —tragicómicas—

bajo su piel correosa.

(Traducción de José María Álvarez. MONDADORI)

La revista tapatía Summa publicó el ensayo Constantino Kavafis, de Antonio Gómez Robledo, con fecha probable de 1983. Este ensayo se publicó con anterioridad en la revista del Colegio de México, Diálogos, en 1982. Ahí el exembajador de México en Grecia hace un análisis de algunos poemas, entre ellos La Ciudad, donde sostiene: «No hay modo de huir o de eximirse de la condición humana, de su finitud congénita que tanto la poesía como la filosofía han expresado como clausura, frustración o moribundez. No hay evasión posible, porque, como escribió Kempis, ‘a dondequiera que vayas, te llevas a ti mismo’, y por esto, según agrega luego, ‘a muchos engañó la mudanza de lugares…’”.

No hallarás nuevas tierras ni otros mares,

la ciudad irá contigo. Por sus calles errarás, por las mismas.

 

En el mismo vecindario irás envejeciendo,

y bajo el mismo techo blanquearán tus cabellos.

A esta ciudad llegarás siempre. No esperes ir

a otro sitio. No hay barco ni hay camino para ti.

 

Al arruinar tu vida en este rinconcito,

En todo el mundo la destruiste.”

(La Ciudad. Fragmento)

Aunque no se indica, es probable que la traducción de este poema sea de Gómez Robledo.

Cayetano Cantú tradujo a Cavafis al español. Al opinar sobre otras, afirmó: “Me importa mucho el sonido de las palabras y Cavafis está lleno de vocales. Otras traducciones, como las hechas en España, las encuentro un poco duras. Lo importante al traducirlo es poner atención en los finales, porque las últimas líneas de sus poemas siempre te dejan desbaratado».

El poeta Elías Nandino recomendaba la lectura del porta alejandrino. Generoso, regalaba el libro Poemas Completos en la edición de Juan Pablos. Le confió a Morán del Castillo, en 1982: “…y en esta última etapa de mi vida, siento que el griego Cavafis llena completamente mi espíritu”.

Hugo Gutiérrez Vega en una entrevista sobre Cavafis para La Jornada (2013) sostuvo: “…en vida lo acompañó el silencio. Ahora, en la muerte lo acompaña la admiración de sus millones de lectores, porque sin duda es uno de los poetas más visitados y revisitados por los que aman la poesía”.

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