Así resisten ellas: el fenómeno del revenge porn en México

Difusión de contenido audiovisual sin el consentimiento del propietario, discursos de odio, violencia verbal, extorsión: todo esto y más forma parte de la violencia digital a la que cada día más mujeres son expuestas a través de las redes sociales. Pese a la aprobación de la Ley Olimpia, hay mucho camino que recorrer para resolver un problema agravado por una cultura patriarcal y la revictimización de las pocas que se atreven a denunciar

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Foto: Fernanda Velazquez

En memoria de Rosabelina de la Cruz Cortés, 23 años, del municipio de Landa de Matamoros, en la Sierra de Querétaro, asesinada por violencia digital.

TEXTO: SOFIA PONTIROLI

“Ella lo provocó, seguramente ahora está exagerando”. “Si no hubiera mandado esas fotos, no le hubiera pasado nada”. “Qué p*ta”.

Cualquiera puede volverse una víctima

“M”, en 2020, recibió una carpeta de Drive donde aparecía su nombre y los de otras 232 chicas de la ciudad de Querétaro. Cada carpeta contiene en media cuatro fotos, un vídeo y la captura de pantalla de los perfiles en redes sociales de una chica. Se asesoró con varias abogadas para llevar a cabo la denuncia, pero, debido a que el proceso es extremadamente largo y costoso, no pudo continuarlo. Después de casi un año, intentará de nuevo buscar justicia.

Otra sobreviviente es “F”, quien en julio de 2020 sufrió de violencia digital cuando a su novio le hackearon el celular y extrajeron sus fotos privadas. Su pesadilla comenzó en el momento en que recibió amenazas anónimas. La extorsionaron pidiéndole videollamadas a cambio de no difundir sus fotos íntimas. “F” acudió a la Fiscalía 4 de Querétaro, donde la revictimizaron y le dijeron que no iban a poder hacer nada, porque las fotos aún no habían sido publicadas. La dirigieron a la Fiscalía General, donde pudo meter su denuncia, sin recibir ningún tipo de seguimiento o apoyo: no le proporcionaron ayuda psicológica ni legal y,  sumado a esto, después de varios meses recibió una respuesta inesperada: su caso había sido archivado por falta de evidencia. El proceso fue tan desgastante y duro que decidió dejarlo, hasta hoy; ahora quiere intentar de nuevo denunciar y descubrir al responsable que le hace vivir constantemente ansiedad y le dejó un serio problema de estrés post traumático.

Foto: Fernanda Velazquez

Paloma sufrió de violencia digital a temprana edad, durante sus años de secundaria. Un amigo suyo le preguntó por fotos íntimas y ella, sin entender las consecuencias que podía conllevar ese acto, decidió enviarlas, para después empezar a recibir muchos mensajes de otros compañeros del colegio preguntándole por más fotos y descubrir que toda su escuela las había visto. No sabiendo qué hacer ni cómo comportarse, decidió no comentarlo con sus padres y tampoco con las autoridades de la escuela. Me dice que, si le pasara ahora, definitivamente denunciaría a su agresor:

“Los cuerpos de las mujeres son tratados de manera diferente a los de los hombres, porque son sexualizados desde temprana edad. Es violento e injusto. A la Paloma pequeña, quisiera decirle de quererse, ante todo, de no invalidar sus sentimientos y de respetarse como ella quiera, no como los demás le dicen de respetarse”.

¿Qué es el revenge porn?

El término revenge porn, comúnmente llamado pornovenganza en español, quiere identificar ese tipo de violencia hacia las mujeres que se lleva a cabo en entornos digitales. Difusión de imágenes, vídeos y cualquier otro tipo de contenido audiovisual sin el consentimiento del propietario, discursos de odio, violencia verbal, extorsión.

Los discursos de revictimización derivan de una cultura patriarcal, en la cual una mujer merece y tiene que soportar las agresiones que recibe por vivir libremente su sexualidad. Estos discursos de revictimización son los mismos que afectan a las víctimas a la hora de denunciar la violencia que han sufrido digitalmente, porque las autoridades dan a entender que, en su opinión, ellas reciben el trato que merecen por haberse salido de la feminidad apropiada que la cultura patriarcal les impone.

Por estos mismos discursos revictimizantes, colectivos feministas y víctimas de violencia digital han dejado de utilizar el término “pornovenganza”, porque el uso de la palabra venganza implica que la víctima haya hecho algo por lo cual merece la agresión recibida. De la misma manera, las mujeres que han sufrido violencia digital rechazan el término “víctimas” y prefieren que las llamensobrevivientes”.

Por lo menos tres colectivos feministas en México realizan labores específicas ante la falta de acción por parte de las autoridades correspondientes. Entre las actividades de apoyo están asesorías en torno a los derechos sexuales y reproductivos y situaciones como la maternidad no deseada y la elección a practicar un aborto, o apoyos legales y psicológicos para las mujeres víctimas de violencia, incluida la violencia digital, que difícilmente pueden encontrar justicia.

La impunidad de las redes sociales

El revenge porn es seguramente un problema fuerte que afecta a las mujeres de muchas maneras, sin embargo, ellas no reciben el apoyo que necesitan. La difusión no consensual de contenido íntimo de exparejas forma una mínima parte de lo que realmente agrupa el término en su significado.

Innumerables personas se intercambian contenido cada día online, con reglas definidas, agrupados en comunidades virtuales, divididas por región o país, usuarios que rellenan estos grupos de porno amateur, fotos “caseras” –como dicen ellos– de sus novias, mamás, primas, hermanas, hijas, tías, amigas, compañeras de trabajo… hasta contenido prohibido, como pedopornografía, violaciones o vídeos de cámaras de vigilancia.

Existen grupos y páginas en casi todas las redes sociales que conocemos –Instagram, Twitter, Facebook, etc.-, pero es en los grupos de Telegram donde la mayoría de los delitos son llevados a cabo: la plataforma tiene varias funciones por las cuales es extremadamente simple esconder tu identidad, porque es posible ocultar el número, la foto del perfil y el nombre a los otros usuarios; además la aplicación utiliza un cifrado end to end, es decir que sólo el receptor y el emisor pueden leer las conversaciones y mensajes secretos, y cuando uno de los dos elimina mensajes en su lado de la conversación, la app en el otro lado del chat los elimina también. Por lo mismo, Telegram se presenta como la plataforma perfecta para la difusión de cualquier tipo de contenido – incluso ilegal – porque no deja rastro.

Hay grupos de hasta 200.000 personas en todo México, Latinoamérica y el mundo. Una vez que pudiste acceder a tu primer grupo, ya accediste a todo un mundo de perversiones y degeneraciones.

Los grupos tienen sus reglas, las cuales son bastante estrictas: en la mayoría de los grupos, por ejemplo, no se puede compartir material violento o pedo-pornográfico, revelar la identidad de las personas cuyas fotos son compartidas, no se pueden vender ni promocionar productos, etc.

Sin embargo, dentro de los grupos hay miles de personas que las infringen: podemos encontrar fácilmente contenido violento como vídeos de abusos sexuales, papás compartiendo fotos de sus hijas, contenido íntimo de menores o enlaces a cámaras de seguridad hackeadas, por ejemplo.

De acuerdo a un ejercicio de observación realizado por esta reportera en los grupos en Telegram, las dinámicas entre los usuarios son particulares: parece que su verdadera satisfacción no consiste en la difusión de las fotos, sino en compartirlas con los otros miembros del grupo. Parecen amigos íntimos, que piden consejos, se ayudan, se apoyan y comparten sus perversiones entre ellos. De esta manera, las relaciones de amistad entre estos agresores se desenvuelven en un entorno digital violento, machista y perverso.

En la cultura patriarcal que domina nuestra sociedad, todos los cuerpos de las mujeres son de consumo público, a disposición para la diversión de los hombres, y la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento a través de Internet ha incrementado de manera exponencial.

Todos nos sentimos más seguros detrás de una pantalla, porque nuestra cara, nuestra voz, nuestro nombre, nuestra vida no son expuestos. Y redes sociales como Telegram utilizan esta seguridad a propio favor, proporcionando herramientas para que los delitos de violencia digital sean llevados a cabo más fácilmente. El anonimato en redes sociales incentiva este tipo de conductas violentas e ilegales hacia las víctimas, cuyo cuerpo es objetificado y explotado en entornos digitales seguros para los agresores y violentos para las mujeres.

Sobreviviente a los 50 años

Uno de los ejemplos más claros puede ser el de Rosy Morales, que se convirtió en sobreviviente de violencia digital a los 50 años. Ella perdió su celular, donde traía archivos íntimos, que luego fueron publicados a través de un perfil falso de Facebook y en su pueblo –muy pequeño– todos la vieron y reconocieron. Gracias a la colectiva Defensoras Digitales Querétaro pudo denunciar, volviéndose la primera vinculación a proceso en Querétaro y la tercera a nivel nacional. Después de una manifestación, decidieron proceder con su caso y lograron que uno de los responsables pagara 40 mil pesos de multa por el delito cometido, y el otro 20 mil pesos. Sin embargo, el caso de Rosy sigue abierto porque no todos los responsables fueron castigados, aunque su vida tuvo que sufrir cambios dolorosos por muchos años a causa de la violencia que vivió. Mientras tanto, participa en las actividades de la colectiva, para ayudar a más víctimas de violencia digital.

Foto: Fernanda Velazquez

Rosy, con voz firme y segura, dice que quiere su nombre completo en este texto. Sonríe: “Si ya me conocieron el c*lo, tengo que sacarle provecho”. De inmediato, pero, seriamente me dice: “Ya no tengo miedo: las mujeres, como todos, somos seres sexuales, y no tenemos que fingir lo contrario. Ya no me voy a quedar callada; mi agresor se metió con la persona equivocada. Si atacan a una, respondemos todas, y nadie nos va a callar».

«Y quiero decir a todas las víctimas de violencia digital que nunca, nunca se queden calladas: no es justo que usen nuestros cuerpos”.

Los colectivos feministas en apoyo a las mujeres

En la Ciudad de México se encuentra la Colectiva de Abogadas Feministas. Su fundadora es Alma Rosa Mora, egresada de Derecho en la Universidad Autónoma de México, quien forma parte de la Asociación Mexicana para la Educación Sexual. Este 2021, Alma comenzó a reunir a un grupo de mujeres abogadas para apoyar a las víctimas de todo tipo de violencia machista: física, psicológica, digital, sexual, etc. Su equipo cuenta con especialistas en derecho penal, derecho de familia, y muchos otros.

El objetivo es hacer crecer la colectiva, registrarse como ONG y apoyar a las mujeres para que puedan denunciar los abusos que sufren. Hasta ahora, y en tan solo dos meses, las integrantes de la asociación fueron contactadas por aproximadamente 60 víctimas que reportaron violencia digital. Ninguna decidió seguir con su proceso de denuncia.

Según el estudio “Desigualdad en cifras” llevado a cabo por INMUJERES en 2020, solamente el 8.6% de las mujeres víctimas de violencia digital deciden denunciar ante el ministerio público o la policía.

Por su parte, Melina, quien integra una de las colectivas más famosas de todo México, Abogadas con Glitter, explica que la colectiva nació cuando se desataron varias protestas y manifestaciones públicas en 2020 por el hartazgo, dolor y rabia que causaron eventos como el abuso sexual de una chica por parte de algunos policías y el feminicidio de Ingrid Escamilla.

Al principio formaban parte de la colectiva sólo dos abogadas; cuando se sumaron otras dos, decidieron empezar a proporcionar asesoría gratuita a las mujeres a través de la página de Facebook. Debido al enorme índice de respuesta que tuvieron, decidieron crear un correo electrónico para canalizar todas las solicitudes: actualmente tienen que atender a casi 20 solicitudes de apoyo cada día, y cuentan solamente con cinco abogadas. Sin mencionar que todo el trabajo que realizan es cien por ciento solidario y sororo.

A la fecha no atienden casos, lo que hacen es brindar información, compartir contenido en la página, así como proporcionar a las víctimas una red de apoyo de colectivas que dan terapias psicológicas, talleres de defensa personal, o proporcionan directorios de refugios para mujeres en situaciones de peligro.

Del cien por ciento de solicitudes que reciben, treinta y cinco son de chicas pidiendo ayuda porque sufrieron o están sufriendo violencia digital. Las integrantes de la Red les aconsejan entonces llevar toda la evidencia posible, y proporcionar a los funcionarios el artículo correspondiente de la Ley Olimpia, porque siendo una ley nueva, muchos de ellos se rehúsan a utilizarla y prefieren dejar a las víctimas sin apoyo legal.

Una red nacional para agrupar a la defensa

La asociación ADAx Digitales, Defensoras Digitales Queretaro, forma parte del Frente Nacional para la Sororidad, un grupo que engloba a más de 60 colectivos de todo México. Sus integrantes decidieron organizarse porque tenían bajo su responsabilidad muchos casos legales por violencia digital de género y necesitaban una organización para darles seguimiento, además de recolectar datos y documentar la violencia digital en México. Antes de la visibilización del caso de Olimpia Coral Melo, la violencia digital en el país no estaba en la agenda pública, y Defensoras Digitales nació para dar a conocer el tema, hacer aprobar la Ley Olimpia en México y educar a la sociedad sobre la violencia digital.

Mayra Davila, ella misma sobreviviente, empezó el proyecto junto con Olimpia Coral Melo, activista mexicana que impulsó la creación y legalización de la famosa Ley Olimpia. Ésta, aprobada en noviembre de 2021, es una de las primeras leyes a nivel mundial que protege a las víctimas de violencia digital.

“Olimpia y yo luchamos mucho tiempo para que la violencia digital fuera considerada dentro de las instituciones, pero desde que empezamos, contamos solamente con dos vinculaciones a proceso, las cuales aún siguen abiertas, en espera de la sentencia definitiva”.

A diario reciben aproximadamente cinco mensajes o llamadas de chicas buscando ayuda, y sólo uno de los casos que reciben y atienden decide denunciar ante las autoridades.

“La mayoría de las voluntarias dentro de la asociación son ellas mismas sobrevivientes, y su objetivo es hacer entender a las mujeres que acuden pidiendo ayuda que la agresión que recibieron no es su culpa, y que no se tienen que avergonzar de la desnudez de sus cuerpos”, agrega Mayra.

La ley Olimpia

La Ley Olimpia es un conjunto de reformas legislativas cuyo objetivo es que las autoridades reconozcan e intervengan de manera apropiada en los casos de violencia digital. Cabe recordar que no existe en sí un delito que castigue la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento de mayores de edad; la única manera, por el momento, de denunciar este delito es proceder a través de otras vías legales, tales como la extorsión, la amenaza, el daño psicológico, etc.

Sin duda la Ley Olimpia abre una puerta muy importante para poder generar otras herramientas y estrategias que ayuden a perfeccionar este paquete de reformas. Durante los años en que Olimpia y Mayra sufrieron violencia, ni siquiera se podía ir a denunciar, porque dentro de la Fiscalía no existía un área apta para atender delitos de violencia digital.

No obstante, como afirma Mayra de Defensoras Digitales Querétaro: “Hay que seguir trabajando, porque esta ley definitivamente no es la solución: tenemos que seguir sensibilizando y educando para que se pueda prevenir el fenómeno más fácilmente, para que la violencia digital pueda entenderse en todos los aspectos como violencia y ser tratada como tal”.

Melina, de Abogadas con Glitter, afirma al respecto: “Nos falta mucho por lograr, aunque la Ley Olimpia es un grandioso avance. Existe un vicio dentro del sistema judicial que se rehúsa a castigar a los verdaderos culpables de la violencia digital, que son los agresores de las víctimas. Es necesario hoy en día tomar en cuenta la perspectiva de género a la hora de atender los casos de mujeres violentadas, y lamentablemente seguimos sin tener capacitación adecuada para el personal sobre el feminismo, además de no tener ningún tipo de cultura de prevención dentro de las instituciones, rol fundamental que asumen las colectivas feministas”.


Directorio de colectivas que apoyan a las víctimas de violencia digital:

Abogadas con Glitter: https://www.facebook.com/AbogadasConGlitter
ADAx Digitales: https://www.facebook.com/ADAxDigitales/about/https://www.facebook.com/QueretanasDigitales
Colectiva de Abogadas Feministas: https://www.facebook.com/colectivadeabogadas
Colectivo de Litigio Estratégico e Investigación en Derechos Humanos A.G.: https://www.facebook.com/colectivoleidh
Jurídica Feminista A.C.: https://www.facebook.com/Jur%C3%ADdicas-Feministas-AC-10832617090584

Si te encuentras en dificultad, no dudes en contactarlas, ellas podrán brindarte el apoyo que necesitas o, en caso de no poder hacerlo, dirigirte con las personas que podrán ayudarte.

Si has sufrido o estás sufriendo violencia digital, no dudes en contactarme en Facebook (Sofia Pontiroli) o Instagram (@sofia_pontiroli). También soy sobreviviente de violencia digital: no estás sola.


En el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, publicamos este reportaje de la estudiante de UDGVirtual que obtuvo Mención Honorífica en el primer Concurso de Periodismo Universitario con perspectiva de igualdad de género