Ante el Covid-19, ¿qué debemos hacer, qué podemos esperar?

La filosofía nos puede brindar unas herramientas reflexivas para encontrar respuestas ante interrogantes que, si bien desde siempre se plantean a la humanidad, en estos momentos de crisis se hacen más apremiantes

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Foto: Iván Lara

Cuauthémoc Mayorga Madrigal*

La salud pública no puede desarrollarse en una democracia sin una ponderada reflexión ética que acompañe a todas las decisiones y las enriquezca con los argumentos que las fundamentan

Victoria Camps

El Covid-19 nos pone de frente algunas de las preguntas más apremiantes de la filosofía: ¿qué debo hacer? y ¿qué puedo esperar? La primera pregunta es distintiva de la ética y la segunda, que implica una reflexión sobre el futuro, es de tipo teleológico porque piensa en cómo será o cómo nos gustaría que fuera el porvenir. La disciplina que ha pretendido responder a la segunda pregunta se enmarca en el conjunto de las cavilaciones de la filosofía de la historia.

Independientemente de las disciplinas que a través de los siglos se han ocupado de responder tales incógnitas, los individuos nos planteamos estas dudas y hoy especialmente, cuando la incertidumbre caracteriza a los tiempos del Covid, las cuestiones se nos ofrecen con mayor persistencia y nos vemos impelidos a actuar en consecuencia.

Si bien las interrogantes hemos de responderlas de manera individual, también percibimos que nos encontramos ante un problema que nos implica como parte de la sociedad; en estas interrogantes no estamos solos, por ello también sale a la luz una interrogante filosófica más: ¿cómo debemos organizarnos como sociedad para afrontar el presente y el futuro? Esta última pregunta es distintiva de la política.

Un rasgo particular de estas tres preguntas es que la mayor certeza que podemos tener es que no tenemos certezas firmes, pero, a pesar de ello, precisamos responderlas y actuar con los escasos conocimientos que tenemos a la mano.

Para afrontarlas hay dos posibilidades: 1. Partir de nuestra intuición, nuestras emociones, las costumbres e ir dando la cara a lo que se nos vaya presentando, o 2. Atender críticamente la información recibida y actuar en consecuencia.

Sin duda la segunda alternativa siempre será mejor que la primera ya que, al afrontar un problema o tomar una decisión que nos importa considerablemente como individuos y como sociedad, no conviene hacerlo de manera negligente. A pesar de la incertidumbre o los errores que podamos cometer después de pensar de manera ordenada, el riesgo de equivocarnos es menor cuando actuamos basados en conocimientos confiables y reflexiones bien cuidadas.

Otra manera de dar la cara a nuestras interrogantes es concediendo un mayor peso a las emociones o las razones. Sin duda los extremos se juntan, ya que las razones se presentan como el faro que orienta el cúmulo de emociones que están a flor de piel, tales cómo el temor a la enfermedad o la muerte, la incertidumbre de obtener recursos para cubrir las necesidades básicas o la dificultad de encontrarnos con aquellos a quienes les tenemos gran afecto.

Pero el peso de las emociones a veces obnubila la inteligencia y se generan conductas insensatas con acciones violentas y reprobables por demás conocidas. Otra forma de proceder irreflexiva, basada en el optimismo o pesimismo desbordante, imagina un mundo más amable con los congéneres y la naturaleza o, en el extremo opuesto, un contexto de pobreza, desolación y sufrimiento interminable y, un tercer tipo de conducta, desaconsejada por su falta de empatía, consiste en juzgar agresiva y negativamente a las instituciones o individuos que piensan o actúan de manera distinta con lo que cada quien ha asimilado como verdadero.

Pero, ¿es posible un pensamiento y un comportamiento sereno en medio de la pandemia para responder a las exigencias del momento y procurarnos un buen futuro? ¡Pues más nos vale esforzarnos por lograrlo ante la pretensión de equivocarnos lo menos posible! Cómo miembros de la sociedad habrá acciones y decisiones que deberemos acatar de manera individual y otras que convendrá seguir al ser parte de una comunidad. Aquí se entrelazan la ética y la política, ya que las decisiones personales repercuten en la sociedad y viceversa.

Así, en los tiempos del Covid-19, podríamos ser políticos en el mejor sentido de la palabra, porque el futuro que nos forjemos como sociedad repercutirá en lo que cómo individuos podríamos esperar; convendría acercarnos a la ciencia porque es un recurso que se esfuerza por la generación de conocimientos fundamentados sobre la realidad social y natural; nos vendría bien pensar críticamente con nuestros propios saberes y con los saberes recibidos, porque las creencias que asimilemos como verdaderas serán el sustento de nuestras acciones y nuestras decisiones. Y no estaría mal descubrir nuestra vena filosófica, porque las interrogantes que hoy nos inquietan como individuos y miembros de la sociedad son las mismas con las que esta forma de pensamiento se ha ocupado desde siempre.

*Profesor Investigador adscrito al Departamento de Filosofía, CUCSH