La alfabetización en México: inclusión e igualdad de oportunidades

La UNESCO estableció que el Día Internacional de la Alfabetización de este año haga hincapié en la enseñanza de la alfabetización y el aprendizaje durante la crisis de la COVID-19

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Fotografía: Cortesía

La alfabetización es una preocupación más en el ámbito de la educación. Ante la falta de habilidades para la lectoescritura, la población se enfrenta a situaciones de marginación, exclusión laboral y discriminación.

Aunque en México la brecha ha disminuido, pues si en 2010 se contaba con 5 millones 393 mil 665 habitantes con 15 años y más que no sabían leer ni escribir, para 2019 fueron 3 millones 591 mil 324 (es decir, pasó de representar el 6.9% del grupo de la población en esta condición al 3.8%); sin embargo, prevalece esta situación en grupos de población vulnerables.

De acuerdo con el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), del total de analfabetas un 35% es población indígena y un 62% son adultos mayores de 60 años. Si se revisa el indicador por entidades federativas, las regiones del sur como Chiapas (13%), Oaxaca (10%) y Guerrero (9.8%) concentran casi un tercio de la población sin instrucción, lo que está relacionado con la concentración de la población indígena en esos lugares de la república, mientras que la Ciudad de México tiene el índice menor con un 0.9%.  

Los datos del Banco Mundial para 2018 muestran que un 89.8% de los varones en el mundo están alfabetizados, mientras que la cifra para las mujeres es de 82.8%.

Por otra parte, del total de la población ocupada en el primer trimestre de 2020, el 3.3% no tiene escolaridad. Al no contar con las competencias básicas de la educación, esta población carece de oportunidades de empleo que le permitan crecer y obtener mejores ingresos.

La brecha se agudiza cuando se observan los datos por género, de acuerdo con el INEGI, en 2016 las mujeres trabajadoras en condición de pobreza con preescolar o menos ganaban 49 pesos por cada 100 pesos de ingreso que percibían los hombres con el mismo nivel de instrucción. Mientras que, para el grupo de no pobres en este nivel educativo, la asimetría es menor, con una percepción de 73 pesos para las mujeres por cada 100 pesos de los hombres.

La UNESCO conmemora el Día Internacional de la Alfabetización cada 8 de septiembre desde el año 1967, con la finalidad de reflexionar sobre la dignidad y los derechos humanos de las personas.

Para este año, el énfasis está en “la enseñanza de la alfabetización y el aprendizaje durante la crisis de la COVID-19”, así como en el papel desempeñado por los docentes y la evolución de las pedagogías. Esta contingencia genera una doble problemática que enfrentan quienes están en una situación de rezago educativo, donde las tecnologías juegan un papel importante para dar continuidad a un proceso de aprendizaje formal que, por distintas circunstancias, no llevaron a cabo a la edad correspondiente con el nivel educativo.

Es decir, por un lado, carecen de las competencias de lectoescritura y, por el otro, se enfrentan a una alfabetización digital, donde se requiere de habilidades de comunicación, comprensión y movilidad en las redes de la información.

Aunque en este periodo de confinamiento se han hecho esfuerzos para ofrecer educación a distancia, mediante radio, televisión, materiales idóneos para apoyar a quienes se encuentran en zonas de poco alcance o para quienes carecen de equipo tecnológico o requieren de una educación especial, la complejidad para atender las particularidades de la población, puede ocasionar que el ritmo de la alfabetización se ralentice en el país y el rezago educativo crezca.

La solidaridad puede ser un factor que ayude a las personas que requieran de apoyo para el aprendizaje, tanto en el entorno digital como para el desarrollo de las competencias relacionadas con la lectoescritura, apoyar al que menos tiene y más necesita será vital para cruzar por este difícil periodo de nuestra historia.