Alejandro Vera

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Como una experiencia colectiva, y siempre de manera marginal, pero sustentado en bases serias sobre el oficio de las artes plásticas, Alejandro Vera comenzó su trabajo en los años noventa. Fue Arte-Atroz como denominaron al conjunto, en tiempos cristalinos: justo al terminar su formación en la rama de la psicología, cuando en una casa de estos contertulios se abrió como una posibilidad vital la primera exposición de su trabajo. Galerías autogestivas, consultorios (“fue parte de la aventura que comenzó nuestro camino”); luego ya más en forma, la Casa de la Cultura de Zapopan realizó lo que podríamos denominar un performance: se abrieron a la poesía, al teatro y, como es natural, al arte pictórico; después otra vez en consultorios, restaurantes, bares: siempre, como hoy, “repetimos la experiencia de exponer nuestro trabajo en un lugar cuya vocación es la atención psicológica…”. Será, entonces, en Ludoterapia Autocreadora AC (Francia 1636, colonia Moderna, cerca del Canal 4) donde Vera abrió su exposición “A las raíces”, y permanecerá todo mayo.

Alados
De la observación de los niños de la calle y retomando el tema de los ángeles —hoy presente en varias corrientes de la música y de la espiritualidad—, surgió el tema de estos cuadros que conforman “A las raíces”. El ángel, generalmente cuando es representado en el nivel de los niños indígenas, nos pone en contacto con nuestras raíces culturales. Eso me llevó a complementar mis temas sobre el contenido de la infancia como raíz del hombre adulto, pero también al Niño-íngel como mensajero de la propia cultura…

“Inocencia”
Durante la infancia hay una relativa inocencia. Es relativa, porque siendo nuestra raíz una visión romántica del niño-bueno, es sólo una versión parcial de la realidad: el niño tiene cuestionamientos, pasiones —evoluciones como un ser vivo—. La inocencia es manifiesta en la niñez, pero incompleta, ya que también está el niño-perverso.

Niños
La ausencia de inocencia está en mis cuadros a manera de cuestionamientos: es claro que el niño proviene de un medio social difícil, como el niño de la calle o el artesano, que está representado como el infante indígena que tiene que salir a las calles a vender su trabajo como una manera de conseguir el sustento familiar en medios urbanos. Está el niño desnudo que se encuentra con su propio cuerpo (y en ese caso es la Naturaleza) que nos cuestiona y por ello no son tan inocentes. Ninguna de las representaciones son intencionadas: no he colocado para cuestionar desde mi punto de opinión a la sociedad o la vida.

Sanación
En “A las raíces” también se muestra a niños en libertad: son seres con una capacitad enorme de elevarnos: nos plantean la posibilidad de enfrentar de otro modo las situaciones complicadas de la existencia. En ese sentido todos los niños nos tocan a través de sus alas y sus rostros; nos ofrecen la posibilidad de trascender toda situación humana.

Concreto
No. No son retratos de mi persona esos niños; sin embargo, como siempre, cabe la posibilidad que le acontece a todos los pintores: es probable que en alguno de estos infantes nos reflejemos. No hay, por cierto, la mínima posibilidad de retratarme ni de retratar a un niño concreto.

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