Al encuentro de los principios

Movido ya sea por motivaciones sentimentales o científicas, el hombre busca continuamente conocer los orígenes de lo que le rodea y, sobre todo, de sí mismo

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¿De dónde venimos? Esta es una de las preguntas que constantemente nos planteamos, seamos o no filósofos. Así, el huérfano quiere saber quienes son sus padres, las culturas ancestrales tienen mitos fundadores que nos hablan del origen de la vida y los objetos del mundo, las instituciones recrean su origen aludiendo a hechos o personajes y las ciencias rastrean en los tratados y los protagonistas con que se inicia la indagación de sus saberes.

En la pregunta por los orígenes podemos reconocer al menos dos razones importantes: la primera de tipo existencial, en la que pretendemos entender lo que somos al conocer de dónde venimos, y una segunda razón que es más de carácter científico y tiene que ver con la comprensión de las causas de un fenómeno.

La primera razón tiene una motivación más de tipo emocional, mientras que la segunda esta más orientada por el estímulo de conocer con certeza, sin abandonar del todo a la motivación existencial. 

De esta manera, para aproximarnos al saber del origen de la humanidad o del universo, cabe la posibilidad de hurgar en mitologías o religiones, pero también apelar a indagaciones que procuran mostrar evidencias o encontrar razones que puedan ser compartidas y admitidas ampliamente.

Así, el enfoque altamente emotivo exalta momentos gloriosos, apelando en ocasiones a la fantasía, la magia o intervenciones divinas, mientras que el enfoque racional a menudo presenta acontecimientos de manera fría y ensaya justificaciones apelando a la ciencia, la razón y los hechos.

No es lo mismo pensar que la humanidad tiene un origen divino que sustentar su inicio en la transformación de la materia orgánica; no es lo mismo creer que los humanos somos seres especiales y singulares, que admitir que el genoma humano guarda pocas diferencias con el genoma de una rata. Afirmaciones similares podríamos realizar al indagar por los fundamentos de la filosofía, la medicina, las aves, los mares o las enfermedades. 

Aristóteles, en su libro V de la Metafísica identificó seis alternativas para buscar los principios:

  1. El extremo en donde un fenómeno se inicia. En las obras arquitectónicas se habla de poner la primera piedra, pero bien podríamos decir que antes surge la necesidad de la construcción y éste sería el principio. En muchos escritos mitológicos, las existencias inician por capricho de divinidades, pero cuando se traza una línea ésta inicia con el primer punto. 
  2. El momento en que algo puede realizarse mejor. Así el atleta no inicia su consagración en sus correrías infantiles, sino en los momentos en que decide y comienza a ejercitarse para hacerse un profesional. 
  3. Cuando hay un hecho concreto que detona un acontecimiento. Cuando padecemos una indigestión, es común que nos preguntemos por lo que comimos anteriormente, suponiendo que con lo ingerido se inició mi malestar estomacal. 
  4. A partir de lo cual se hace algo. En este sentido una ofensa o una descortesía puede ser el motivo con el que se inicia una enemistad. 
  5. Cuando un acto voluntario motiva el inicio de un fenómeno. De la ley que impone un dictador o un parlamento se generan cambios en la conducta ciudadana o después de una decisión colectiva se llega a formar una asociación política.
  6. Cuando un conocimiento se encuentra en la base de otros saberes. Los lógicos y teóricos de la argumentación les llaman premisas. En el álgebra o en geometría los axiomas son puntos de partida o, en biología, admitir proposiciones tales como que las especies evolucionan deviene en formas de estudiar esa ciencia. 

Si bien parece una actitud natural tratar de encontrarnos con los principios de los fenómenos que constituyen nuestro entorno, nuestro saber y nuestra existencia, esta búsqueda parece interminable y no siempre única, ya que, en la indagación racional, siempre podemos encontrarnos con puntos de partida anteriores y, especialmente en las ciencias o las instituciones, lo que puede reconoce como principio siempre está sujeto a revisión, rechazo  o reconstrucción. Pero sin duda, al preguntarnos por los principios, nos aproximamos a comprender lo que somos en tanto que partes de las cosas que constituyen la realidad.