Zapotlanejo de giro industrial a comercial

262

En Zapotlanejo crece el número de negocios dedicados a la venta de prendas de vestir, confeccionadas en su mayoría por otros países o estados de la república, lo que muestra la enorme importancia del comercio, en comparación con la industria, pues para los empresarios sale más barato adquirir ropa ya fabricada que producirla ellos mismos, afirmó Rosario Cota Yánez, profesora investigadora del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA).
La especialista advirtió que en dicha localidad puede ocurrir algo similar a lo sucedido en La Paz, Baja California Sur:
“Antes de la devaluación de 1995 los habitantes se dedicaban al comercio de artículos importados, pero no desarrollaron una actividad manufacturera o de servicios que fuera más acorde con esa zona turística. Al venir la devaluación, La Paz no contaba con una base económica sustentable para que la población siguiera desarrollándose”.
De acuerdo con el Padrón de permisos y licencias municipales, de 2000 a 2001 fueron creados 89 nuevos negocios en Zapotlanejo, de los cuales 77 corresponden a la compraventa de prendas de vestir. No hubo permisos para fábricas. En 2004 fueron concedidos 212 nuevos permisos para la venta de ropa.
En los últimos cinco años han proliferado las plazas comerciales en dicha población: Gisel, María Isabel y Macroplaza. Esta última, con más de cien locales, aunque oficialmente fue creada a iniciativa de los fabricantes para contrarrestar el tráfico de productos venidos de fuera, en la actualidad cualquiera puede observar en las etiquetas que gran parte de la mercancía es importada.
Hay blusas de tejido, traídas de Nuevo León; vestidos de noche, enviados desde la ciudad de México, y prendas hechas en Taiwán, Estados Unidos, Brasil e Israel, además de productos fabricados por la industria de la moda: zapatos, gorras, bisutería, artículos de belleza para dama, ropa interior y perfumería.
“Estos artículos no son manufacturados en dicha localidad”, en parte, por los altos costos que para la industria de la confección generan el seguro social, el pago de impuestos y las complicaciones que trae consigo la regulación administrativa.

Comercio, una actividad con menos riesgos
El comercio implica menos riesgos: el inversionista solo espera a que retorne el capital, algo que ocurre de manera más rápida que en la actividad industrial.
Cuando Cota Yánez entrevistó a los fabricantes de Zapotlanejo, expresaron que en algunos casos resulta más barato importar una prenda que hacerla. Así, por ejemplo, los zapatos chinos son ofrecidos a un precio con el que los productores mexicanos no pueden competir.
No obstante, la investigadora puntualiza: “cierto que el comercio de prendas de vestir genera ganancias redituables en el corto plazo, pero a la larga… ¿qué va a pasar con las personas que trabajaban en los talleres de confección? Esa gente no encontrará empleo, porque en el comercio las vacantes son acaparadas por quienes han cursado la preparatoria como mínimo.
“Una señora de 40 años, que toda su vida ha sido costurera, no podrá –de la noche a la mañana– hacerse comercializadora o importadora”.
De hecho, hay personas de Guadalajara, con estudios universitarios, que trabajan en Zapotlanejo. De continuar esta tendencia, en un futuro los de Zapotlanejo serán desplazados y deberán conformarse con puestos de remuneración más baja.

Zapotlanejo necesita apoyo
Yolanda Cota Yánez señaló que el gobierno, los bancos y los fabricantes fuertes deben dar a Zapotlanejo los apoyos necesarios para fortalecer dicha industria, de manera que no se pierda una actividad tradicional entre sus pobladores: la confección de prendas de vestir, algo que ha caracterizado a la localidad por años.
“En Zapotlanejo las mujeres aprenden a coser desde niñas. Ellas no tomaron clases de corte y confección para desempeñar con eficiencia su oficio. Los conocimientos trasmitidos de generación en generación podrían ser olvidados”.
Los apoyos de que habla la investigadora son de tipo fiscal, crediticio, financiero y de capacitación.