Yo tengo papiloma

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    Apenas contaba con 15 años de edad cuando entré a la preparatoria y conocí a un chavo de 17 años. Con el paso del tiempo nos fuimos tratando, hasta que él me pidió ser su novia. Esto sucedió cuando se encontraba a punto de salir de la preparatoria. Duramos un año de novios. A su lado había pasado los mejores momentos de mi vida. Yo conocía a su familia y él conocía la mía. Existía una confianza mutua.
    Un día me pidió la “prueba de amor”, pero yo no estaba segura a qué refería. Me chantajeó diciéndome que me dejaría si no teníamos sexo; me prometió que no me iba hacer daño, que todo estaría bien y que era su primera experiencia, al igual que la mía. Yo acepté creyendo en su palabra.
    Al siguiente día les comenté a mis amigas, y por su parte, también había algo de presión. Me dijeron que todas ya habían tenido su primera vez y me aconsejaron acerca de eso. Sus consejos fueron que no utilizáramos ningún tipo de condón, pues que éstos eran incómodos y costosos.
    Esa noche pasó lo que tenía que pasar. Después todo parecía ir bien, cuando de repente comencé a sentir molestias en mis partes íntimas, y decidí ir al doctor. El doctor me mandó hacer unos estudios. Los resultados fueron que tenía papilomavirus. Al enterarme de esto fui en seguida a comentarlo a mi novio, pero él me reprochó que yo lo infecté y dijo que no me quería ver nunca más en su vida.
    Cuando llegué a mi casa, en la cual sólo se encontraba mi madre, yo algo confundida, le platiqué lo que estaba sucediendo. Ella me dijo que todo estaría bien.
    Al día siguiente por la mañana oí que mis padres discutían. Al bajar para ver qué sucedía, mi padre me dio un bofetada y me dijo que era una cualquiera, y me corrió de la casa. Mi madre lo apoyó y me abandonaron. Al salir de mi casa busqué refugio, pero la única que me lo dio fue mi abuela materna. Con ella pasé dos años. Ella me ayudó a salir de mi depresión y a seguir mi tratamiento.
    El virus del papiloma humano acabó con mi familia y conmigo. Ahora sólo queda esperar.
    Les relato mi experiencia porque ahora sé lo importante de protegerse. Espero, sinceramente, que mi caso sirva de orientación para otras chavas que quieran vivir una sexualidad libremente. Vale la pena recordar que la comunicación intrafamiliar oportuna siempre será la mejor circunstancia para prevenir consecuencias como la presente.