Un vicio auditivo

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    Una hora puede pasarse como si nada. A Eduardo Quijano le invade esta sensación de manera periódica, cada semana, todos los sábados entre las 15:00 y las 16:00 horas. Esos 60 minutos se pasan como una brisa rápida. Ahí, entre el vidrio y la pared forrada de espuma negra está el micrófono, y Quijano frente a él, discutiendo con su auditorio invisible sobre las novedades cinematográficas.
    El séptimo vicio es el nombre de este programa, dedicado a “proporcionar información y no sólo crítica sobre cine”, según las palabras de su conductor. En una ciudad con casi 20 complejos de proyección cinematográfica como lo es Guadalajara, parece un propósito bastante razonable. En una ciudad con severas carencias de prensa y crítica especializada en el tema, además, resulta una iniciativa necesaria.
    Sin embargo, el contenido no es pura reseña y crítica: información y noticias relacionadas con la industria: son la pulpa que Eduardo Quijano va desmenuzando como un resumen de la semana, hasta llegar a “La caja de Pandora”, la sección que cierra la hora y que consiste en una serie de preguntas a algún invitado sobre su relación personal con el cine. Esta curiosidad tal vez se deba a su propia experiencia: cuando niño iba con su madre a la sala del barrio para pasar las tardes de ausencia de su padre, que viajaba por negocios; luego se metió al cuarto de proyección “como Totí² en Cinema Paradiso”; de ahí pasó una larga carrera en diversos medios de comunicación, y más recientemente a encabezar la parte de la gran pantalla en la dirección de Radio, Televisión y Cinematografía de la Secretaría de Gobernación. Ahora es el coordinador de la maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura del ITESO, y escribe un blog sobre cine en: www.magis.iteso.mx/tiempoaltiempo/
    Al aire desde junio, la primera edición de El séptimo vicio dio la mala nueva de la muerte de Monsiváis. El programa iba a girar en torno a los planes del nuevo director del Festival de Cine de Guadalajara, Iván Trujillo, pero la conversación se desviaba a veces al recuerdo, y a las muchos puntos de contacto que el ensayista tuvo con el cine. Desde entonces, los obituarios no han sido tan frecuentes, y las horas se han pasado comentando las opciones de cartelera de la ciudad, por qué ver y por qué no ver tal o cual película, las novedades de la claqueta, los resultados de los festivales y en fin, todo lo relacionado con la adicción al celuloide.

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