Un títere revela su secreto

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El secreto de papá es una obra de teatro para niños poco común. Es de títeres, sí, pero deja de lado lo brillante de los vestuarios y la iluminación rimbombante. Nada más tiene un poco de escenografía con color que desentona por completo con el personaje, un títere de madera sin nada más encima.

Esta es la tercera parte de una tetralogía que Escena Imprudente realiza desde hace dos años; en ella, la creadora Claudia Recinos busca abordar los sentimientos que invaden a quienes están rodeados por una situación compleja, que involucra el encierro de un ser querido porque ha cometido un crimen. Ella realiza este proyecto debido a la propia experiencia que ha vivido al respecto, pues su hermano está preso.

En esta ocasión el tema fue llevado a una escena para niños. Con un títere y la dirección de Miguel Ángel Gutiérrez, Escena Imprudente trata la reclusión vista por un niño que tiene a su padre en un centro penitenciario y que va dirigida a pequeños de tres a ocho años.

“Una de las cosas que más les inquieta adentro, es lo que sus hijos piensan de ellos. Todos los niños buscan seguir el ejemplo de sus padres, pero ¿qué pasa cuando esa figura es un narcotraficante, o un delincuente? Una de las inquietudes que más expresan los internos es que no quieren que sus hijos cometan los mismos errores”, comenta Recinos.

La obra se realiza con un muñeco sin ropa y sin mayores rasgos que su carita tallada en madera. La suya es una estética de ruina, de abandono insertada en un escenario que parece no corresponderle, porque él es distinto y, por su cualidad, le es difícil integrarse a ese mundo. Recinos comenta que la obra, “más allá de esto que puede causar un poco de escozor en el público, habla sobre el perdón que los hijos a veces tenemos que otorgar a los padres por una situación o por otra. Habla sobre la ausencia del padre, pero sobre todos estos sentimientos por los que pasa un niño que no tiene a su padre cerca, que sabe que existe pero que no está, y empieza a acomodarlo en su ser para soportar esta ausencia hasta que, finalmente, la única respuesta que pueden encontrar es el perdón”.

Claudia Recinos opina que las familias, las víctimas colaterales de un preso, son poco visibilizadas para las instituciones.

“Las instituciones de seguridad pública y justicia son la parte más compleja, lo difícil no está en la convivencia con los presos ni con su entorno, está con la burocracia, con las instituciones que han dejado de lado este sector. Si hay una población de nueve mil internos en cada centro penitenciario, ¿dónde están los familiares de toda esa gente?. Somos los que estamos afuera, pero no te vamos a decir que tenemos un pariente ahí adentro, porque tenemos miedo de ser tratados diferente aquí afuera”.

La búsqueda de Claudia es también sensibilizar a las personas que no tienen a su papá en la cárcel, pero que pueden tener contacto con alguien que sí. Se trata de hacer conciencia sobre este fenómeno a veces ignorado o estigmatizado por la sociedad, visibilizarlo también para cuestionar el sistema de justicia, porque “serán ellos (los niños) quienes tengan que ratificar nuestras leyes en el futuro”.