Un arquitecto de la contemporaneidad

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    A Pedro Ramírez Vázquez le bastó escuchar a Carlos Pellicer para saber que quería ser arquitecto, para concebir la arquitectura como espacio para la convivencia y la realización de la vida del hombre.
    Protagonista de la historia contemporánea de México, Ramírez Vázquez (1919-2013) nutrió y vinculó su arquitectura de memoria e invención. Borges afirma que todo acto de creación es siempre una mezcla entre memoria y olvido; hay que olvidar para poder inventar: mezcla de conocimiento e invención. Y fue en este equilibrio en donde surgió una abundante obra combinatoria, geométrica y material.
    Ramírez Vázquez nunca se consideró un artista, decía ser un técnico que seguía la técnica para servir al usuario. Sin embargo, abrió la arquitectura prehispánica a una imaginación y modernidad sin precedentes, su legado quedó plasmado en concreto y cristal a nivel nacional e internacional.
    México constituyó una fuente inagotable en la creación de este arquitecto que vivió comprometido con los problemas sociales de su tiempo; indagó en el diálogo con las culturas precolombinas, la escultura y el diseño gráfico e industrial.
    Junto a Jaime Torres Bodet al frente de la Secretaría de Educación Pública, Ramírez Vázquez con apenas veinticuatro años de edad ideó aulas prefabricadas para las zonas rurales de México en 1934. Primero en la selva de Tabasco; después construyó treinta mil en todo el país; más tarde la UNICEF reprodujo el mismo modelo en Brasil, India, Costa Rica y Yugoslavia.
    Conocedor de la mexicanidad, asimiló las manifestaciones de una sociedad, descifró y decantó las tendencias del arte moderno en edificios emblemáticos que definieron el paisaje urbano de la Ciudad de México; construyó en 1964 los Museos Nacional de Antropología y el de Arte Moderno, la nueva Basílica de Guadalupe (en colaboración con los arquitectos Gabriel Chávez de la Mora y José Luis Benllioure, 1976), el Palacio Legislativo de San Lázaro (1980), la Torre de Tlatelolco (1965), el Estadio Azteca (1966); también ideó los mercados de La Lagunilla, el de la colonia San Pedro de los Pinos y el de Tepito (1955-1957).
    En el extranjero estuvo a cargo del Museo de la Civilización Nubia en Aswán, Egipto (1984); el Museo de las Culturas Negras en la capital de Senegal, Dakar (1971); siendo miembro del Comité Olímpico Internacional construyó las oficinas y el museo del mismo comité en Suiza (1986 y 1988). Los edificios gubernamentales para la nueva capital de Tanzania en Dodoma (1975) o la Casa Presidencial en Costa Rica (1976) y la capilla de la Virgen de Guadalupe dentro de la Basílica de San Pedro en la Ciudad del Vaticano (1989). Construyó el pabellón de México en distintas exposiciones y ferias como en la de Sevilla (1992), Bruselas (1958), Seattle (1962), Nueva York (1964). Sin olvidar el proyecto del Museo de Louvre, en París; que lo colocó en la antesala frente a las pirámides acristaladas de Ieoh Ming Pei.
    Arquitecto prolífico, Ramírez Vázquez como presidente del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de 1968 celebrados en la Ciudad de México incursionó en el diseño gráfico; colaborando en el diseño de la imagen de los juegos, así como el póster y emblema.
    Además del concreto; el cristal y la plata dieron forma a su legado artístico: el de la escultura; a través de la cual rendía tributo a los grandes maestros anónimos del México antiguo. Técnicas que trabajó desde 1975 y entre las cuales destacan las piezas en plata de ranas denominadas Cueyatl o su pieza más celebrada: Loro Toznene 3, ejecutada en plata y oro.
    Don Pedro dedicó más de setenta años al ejercicio de su profesión, trayectoria por la que fue reconocido en múltiples ocasiones con galardones como el Premio de Honor del Festival Internacional de Arquitectura y Arte; Estrella de Oro de Bélgica; Premio de la XIII Trienal de Milán; Premio Nacional de las Artes en 1972; la Gran Medalla de Oro de la Academia de Arquitectura de Francia; y el Premio Olimpiat otorgado por el Comité Olímpico Internacional en Atlanta en 1996.
    El pasado 16 de abril falleció cuando cumpliría 94 años de vida. Sin duda alguna, Pedro Ramírez Vázquez está en la historia de México.