Tornamesas y computadoras

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    A más de 10 años de irse consolidando en Guadalajara, la música electrónica tapatía ha ido disminuyendo. Ya no es tan común ver los flyers (volantes) con imágenes sacadas del new age, el hinduismo y la galaxia, entre delfines y planetas, que daban información sobre un rave hacia el rumbo de la Primavera, por citar un ejemplo.
    Eran los clásicos mapas de dónde sería la fiesta, que en ocasiones obligaban a pasar entre caminos oscuros y maleza hasta llegar a casa de algún conocido, de otro conocido, de un amigo, de un amigo allegado a uno. A veces, cientos de personas. Otras, una decena de camaradas disfrutando de la música que uno de ellos ponía, mientras movía la cabeza y con una mano agarraba los audífonos y con la otra dirigía el tornamesas.
    Era el movimiento del nuevo milenio. El que llegó a confrontar a los roqueros “puristas” con los músicos emergidos de la tecnología, como recuerda Jorge HM, del colectivo de música electrónica Nopal Beat. “Por ahí del ‘92, ‘93 me aventaba mis discusiones más acaloradas con roqueros puristas. Llegaba a los after parties con mis discos y decían ‘ya llegó este cabrón’”.
    Junto a Luis Flores, quien dirige ese colectivo, rememora los primeros pasos de la electrónica en la escena tapatía. Por esos años, entre el ‘92 y ‘94, las fiestas eran entre amigos, conocidos. Se trataba de fiestas industriales en las que algunos miembros del ahora Nopal Beat, y otros que se fueron quedando en el camino, comenzaron a experimentar con el house (género dentro de la electrónica). Luego evolucionaron hasta llegar a lo que hacia la primera mitad de los 90 fue conocido como danzeterías.
    “Era un formato de fiesta móvil con un dj. Se hacía en espacios que no estaban destinados para ello y cambiaba de lugar en cada ocasión, simulando lo que pasaba en Inglaterra en aquella época”, comenta Flores.
    En 1994, con nuevo formato y nombrados ya como raves, el tema de los eventos electrónicos en Guadalajara oscilaba en torno a delfines, cosmos y ondas así. Flores añade: “era una mezcla de todas esas contraculturas que habían pasado por aquí y se adoptaron ideas de muchas de ellas. Era como algo utópico, muy hippioso, muy peace and love”.
    Para 1996 el Jimmy’s, un antro que existía por el rumbo de plaza del Sol, incorpora la electrónica en su oferta musical. Un género que poco antes había dado pequeños destellos en lugares como el Roxy, Las Biaz, la Primavera, La casa Windsor, entre otros espacios.
    Entonces el movimiento en Guadalajara sufría la persecución. La llegada del nuevo siglo no prometía tolerancia a la nueva contracultura. El 4 de mayo de 2002 más de 200 agentes de seguridad municipal, estatal y federal hicieron una redada en un rave de Tlajomulco de Zúñiga. En aquel tiempo el gobernador de Jalisco, Francisco Ramírez Acuña, dijo que no iban a permitir “que se estén dando este tipo de francachelas o de verdaderas orgías”.
    HM resume: “Tlajomulco es un parteaguas. Eso ya había sucedido en ‘92, ‘93. El gobierno no entendía porqué bailaban como loquitos y nos caían a unas 200 personas, pero en esa ocasión (Tlajomulco) éramos unas mil, como mínimo”.
    En realidad, fueron mil 500 los jóvenes que recibieron la orden de tirarse al piso para que la policía buscara estupefacientes, y tres los consignados ante el ministerio público.

    Rebelde con y sin causa
    Aceptada como un movimiento, incluso por las autoridades –cabe recordar la organización del festival Mutek en el paseo Chapultepec en mayo pasado–, la electrónica ha ido saliendo de la clandestinidad a espacios destinados para su baile, consumo y diversión.
    Es que, como asegura Jorge HM, “es una cuestión de tiempo y de información. Antes estaba la idea de que la máquina solita piensa y hace la música”.
    Pero también es la globalización la que ha determinado y consumido al movimiento electrónico. Daniel Martínez, integrante de Shock Bukí¤ra, otro de los grupos de Nopal Beat, apunta: “se puede decir que la música electrónica es la primera manifestación global, porque no tiene un origen tal cual. Es la primera manifestación global joven que ya está asimilada en su totalidad”.
    La reacción contra un sistema queda atrás. “La norma de la electrónica es la onda individualista que cada quien toma y aprecia como quiere. Esta música ya fue asimilada por la cultura popular del mainstream. No es una rebeldía. Está legitimada. Tiene sus propias secciones, y cada una de ellas representa una búsqueda particular, con un sonido y una iconografía especial”.
    O como dice Simon Reynolds en su libro Androginia en el Reino Unido: cultura rave, psicodelia y género en las culturas del rock (Luis Puig y Jenaro Talens editores): “…la música rave es el lugar donde se produce el encuentro entre el ‘principio de ruptura’ de Gilles Deleuze y Félix Guiattari (la creación por parte del discjockey de un flujo interminable, usando técnicas de cut n’ mix) con una antipolítica de embelesamiento placentero, es decir, el techno como generador de euforia sin pretexto ni contexto”.

    El futuro del futuro de ayer
    Con sus distintos géneros (techno, house, drum n’ bass, psycho, ambient…), la electrónica provoca relajamiento y euforia en la pista de baile. Cada estilo se caracteriza “porque unos son más lentos o más rápidos que otros”, dicen los artistas del colectivo.
    El acceso a las tecnologías de la información creará nuevas generaciones de música electrónica. El mp3, por ejemplo, dice Yuri, integrante de Fat Naked Lady, influirá en la forma de escuchar, por ejemplo, un sonido agudo y eso afectará a los nuevos dj.
    La computadora facilita el surgimiento de fusiones. El Nopal Beat ha incorporado elementos de la cultura popular, música de cabaret, percusiones y trompetas, a la era tecnológica. Softwares que ayudan a mezclar sonidos son vendidos por internet. Reactor, QBase, Reason, Life son algunos de ellos, cuyo precio alcanza los 400 dólares.
    La producción y distribución independientes son otro elemento clave del movimiento. “Ese es el futuro. El mercadeo por internet. Tú produces la música y la distribuyes. Como hacía Frank Zappa, que si podía, te la llevaba hasta tu casa”.