Tanya de Fouz

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    In-disciplina: mi disciplina es una disciplina indisciplinada. Puedo ir en un pesero y voy dictándome poemas. Escribo de manera desenfrenada, es decir, demasiado. Siempre estoy escribiendo, escribiendo, escribiendo. Cuando empezaba a ser escritora, pensaba que las palabras me iban a trastornar, y creo que… ya lo han hecho.
    Palabras… !váyanse!: me venían tantas y tantas palabras a partir de imágenes, formas o colores, que mejor les decía: “¡Ya! palabras, ¡váyanse!” Sin embargo, después las volví a invocar. Tomé diferentes talleres y ahora tengo cinco poemarios por concluir y 16 terminados.
    El público: no me gusta caer bien. No busco a los lectores a priori, pero tengo la esperanza que yo los encuentre a ellos y ellos a mí. No escribo, como todos dicen, porque me debo al público o porque debo ser una escritora para los demás.
    Razones: escribo porque las palabras me llegaron y no supe qué hacer con ellas. Ellas me pidieron que las volviera poesía.
    Músico, poeta y loco: dicen que hay que desarreglar los sentidos para ser poeta. Todos dicen que lo son, pero pocos se arriesgan a ir más allá. Nunca estás por completo fuera de la sociedad, pero no resulta fácil subsistir en una sociedad que no te acepta. No es uno quien decide estar afuera, sino que la misma sociedad te empuja para fuera.
    Sola: tratas de pertenecer a la sociedad, hablas con tu familia, les dices: “Mira mis libros”. Los invitas a que te lean y a conocer lo que haces, pero siempre te dicen: “Sí, está bien, pero ¿cuánto te pagan? ¿Cuánto ganaste? ¿Qué? ¿Te quieres morir de hambre?” Tendremos dolor, alegría, placer, desesperación, pero nunca estamos aburridos.
    Suicidio lento: pocos se atreven a dejar de medir su vida en pesos. Nosotros medimos nuestra vida y tiempo en poesía, versos, palabras, vida, muerte o en rompernos el cuello un poco. La gente pareciera que nos ve como si estuviéramos suicidándonos de manera lenta.
    Mil ejemplares: me dedico por completo a la poesía y al teatro. De hecho, de lo único que vivimos mi marido y yo es de la venta de nuestros libros. Si no vendemos, no comemos. Nuestra editorial se llama Andrógino. Hasta la fecha hemos publicado tres textos, incluido un poemario mío titulado Ronda de muertos.
    Capitalismo atroz: asusta a la gente nuestra forma de ser, porque le demuestras que puedes vivir de manera distinta. La sociedad cree que el “nivel de vida” radica en el poder adquisitivo, pero eso no es verdad. La calidad de vida está en la posibilidad que tienes para vivir o para entregarte a la misma, no para comprar todo lo que puedas o lo que en apariencia quieres.
    El gallo: la sociedad te empuja a que ganes más para que gastes o debas más. Hay un comercial que dice: “El que nada debe, nada tiene”. Hay que deber, pero la vida. A esta hay que ganársela. Creemos que debemos ganar objetos, pero quizás un día despiertes y caigas en la cuenta de que el tiempo se te ha ido.
    Doctores y licenciados: en un momento de tu existencia la gente puede llamarte “doctor”, “profesor”, “licenciado”. Hoy vemos una ausencia hasta del nombre. Que bueno que en esta época de tantos maestros, hay algunos que todavía seamos alumnos. Por solo cruzar el umbral en cualquier escuela ya nos creemos “maestros” o “maestras”, pero debemos estar dispuestos a aprender siempre.

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