Sin triunfalismos

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No hay dignidad sin justicia económica. No podemos hablar de un Jalisco que avanza, que innova y se moderniza, cuando dos millones 780 mil personas se encuentran en condición de pobreza. No podemos hablar de un Jalisco próspero, cuando 53 por ciento de los jaliscienses viven por debajo de la línea de ingresos que decreta el Coneval. No niego los datos del Coneval. La reducción de la pobreza es innegable, sin embaargo, es tiempo de analizar el tema de la pobreza desde una mirada más compleja, integral y profunda. En Jalisco no tenemos una política integral de combate a la pobreza y a la desigualdad, lo que provoca que estemos a merced del caprichoso destino, de las condiciones económicas mundiales y de la fortuna.

Propongo tres elementos para delinear un nuevo enfoque que combata la injusticia económica desde sus raíces.

En primer término, apostar por revalorar los ingresos de los jaliscienses. En el ámbito estatal, el promedio de ingreso por ciudadano es de poco más de 300 pesos diarios, cifra que se ha mantenido estable prácticamente durante la última década. Vemos inflación, precios de lo más básico que se van a las nubes, y a pesar de ello los salarios siguen estancados. Sin ingresos dignos que ajusten para lo mínimo, será imposible no sólo reducir la desigualdad y la pobreza, sino que condenamos a nuestro estado a un mercado interno débil, sin consumidores y con poco flujo económico. Mejores salarios para combatir la pobreza, pero también para dinamizar la economía.

En segundo sitio, vayamos al blindaje de nuestros derechos sociales. Más dinero para las escuelas públicas y para los hospitales públicos. No podemos constituir una clase media estable y duradera, sin antes consolidar un estado de bienestar mínimo, que permita a nuestros jóvenes estudiar y que nadie quede en bancarrota por una operación médica. Los ciudadanos tienen derechos a atención sanitaria de calidad y a un lugar en las escuelas públicas; no son dádivas, sino derechos adquiridos.

Por último, basta de migajas a los programas sociales. Lo que gasta el Estado en política social es muy bajo, y alcanza los 50 pesos por pobre al mes. Así es imposible dar pasos sólidos en la reducción de la pobreza, ya que el paraguas del Estado ajusta para pocos. Propongo alcanzar los cinco puntos porcentuales de gasto del Estado en programas sociales. Más dinero para atacar las carencias de los ciudadanos, con la transparencia necesaria y con programas bien diseñados.

Jalisco no merece estos niveles de pobreza. Desde el Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad de Guadalajara, haremos una propuesta concreta de programas y gastos sociales que de una vez por todas sean implementados para hacer del combate a la pobreza y la desigualdad, un eje central de las políticas públicas del gobierno del estado y también de las alcaldías.

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