Semana de marchas

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En una semana que será recordada como de reflexión, de paros y manifestaciones, y en el marco del 104 aniversario del inicio de la Revolución Mexicana, diversas universidades a lo largo del país, organizaciones y sociedad en general realizaron acciones en solidaridad con los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos.

Familiares de los jóvenes estudiantes de la escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Iguala, Guerrero, el pasado viernes 14 de noviembre salieron de su localidad en tres contingentes con la finalidad de recorrer el territorio nacional y llegaron a la Ciudad de México para la “megamarcha” que se celebró el día 20 en el zócalo capitalino.

El martes 18 de noviembre una de las caravanas arribó a Guadalajara, y familiares de los normalistas desaparecidos, frente al auditorio Salvador Allende del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades demandaron la aparición de los suyos. Con muecas de esperanza, ojos pequeños por el cansancio y camisas en las que imperaba la interrogante “¿Dónde estás?” hablaron con estudiantes del centro de la UdeG y con medios de comunicación. Una de ellos, la madre de Julio César Ramírez, dijo: “Nos quitaron tanto, que hasta nos quitaron el miedo”.

En Guadalajara se desarrollaron tres marchas, una pequeña el lunes 17, otra el martes, con la participación de los familiares de los normalistas, y una más el jueves que se unió al paro nacional, que incluso sobrepasó las fronteras de México. Antes del inicio de la marcha del martes, en las afueras del CUCSH, José Isidro está sentado al lado del puente peatonal que atraviesa la avenida Alcalde. El estudiante de la normal de Ayotzinapa, dice que nunca había visitado Guadalajara, pero que siente la solidaridad de la gente.

“A los chicos desaparecidos no los conocía, ellos acababan de entrar al primer año”, dice, y juega un poco con la pulsera verde que lleva en la mano izquierda, le pregunto si es un rosario, “no, es sólo una pulsera, el rosario lo traigo acá en el pecho”, contesta. Isidro nació en Tixtla, un pequeño poblado de Guerrero, tiene 21 años y dice que espera terminar su carrera en la Normal y después trabajar dando clases, “aunque la verdad es que no hay plazas”.

Explica que con la caravana se han dado cuenta que las desapariciones existen en todo el país: salieron de Iguala y se fueron directo a Chihuahua, pasaron por Durango y Zacatecas, llegaron a Jalisco y seguirán a Michoacán, y ahora tienen la mirada puesta en la capital. “Me siento un poco cansado, hemos dormido muy poco, pero esto sirve para cambiar el país. Lo merece”.

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De acuerdo a datos del Registro nacional de personas extraviadas o desaparecidas, presentado por la Secretaría de Gobernación, de 2007 a la fecha Jalisco ocupa el segundo lugar a nivel nacional en este delito con 2 mil 150 casos, el 49 por ciento ocurrido durante el periodo de gobierno de Enrique Peña Nieto, mientras que Guerrero ocupa el lugar 14, con 646 desapariciones. 

Dentro del contexto de reflexión, Jaime Preciado Coronado, jefe del Departamento de Estudios Políticos del CUCSH, quien a mitad de semana se reunió con estudiantes del CUCEA, apuntó que este caso muestra solamente la punta de un iceberg que tiene una profundidad inmensa: “En nuestro país no hay estado de derecho, por tanto hay una impunidad política que se percibe en éste y muchos otros casos… ¿por qué creen que surgió el fenómeno de las autodefensas en Michoacán y allí mismo en Guerrero?”.

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“Somos tres buses —me dice Gonzalo, quien se prepara para la marcha y es uno de los dirigentes del contingente—, venimos de Iguala poco más de 70 personas”. En la calle están ya los padres de Miguel, de Antonio, de Cristian (algunos de los desaparecidos), van al frente, los compañeros de los 43 ausentes se acomodan en tres filas y empiezan a cantar, lo hacen con una fuerte dignidad que, a pesar de los más de 50 días de espera desde las desapariciones, los mantiene en pie, lo hacen como si fuera una forma de vida. En sus gritos resuenan las palabras “revolución”, “socialismo”, “justicia”. Sus cánticos evocan a Carlos Marx, Federico Engels, Vladimir Lenin, Ernesto Guevara, avanzan y cantan la internacional socialista, llegan a la Plaza de Armas y encienden 43 antorchas.

Enrique Juárez dicen que están acostumbrados a manifestarse: “Nosotros somos una escuela normal rural, el gobierno nos da muy poco apoyo, así que la lucha es constante, esta es la primera vez que viajo por el país, pero desafortunadamente no es de manera turística, sino que es un viaje de apoyo —al frente las llamas arden en las antorchas que son detenidas por normalistas de Ayotzinapa, en el rostro de Enrique se refleja el rojo del fuego que resplandece junto con su esperanza—, vamos a llegar hasta donde tenga que llegar, porque nosotros queremos la presentación con vida de nuestros compañeros, el miedo ya no se tiene porque la represión a los estudiantes siempre ha existido”. Al fondo, los líderes del contingente pronuncian un discurso, dicen algo así como que esto —las desapariciones, la violencia y la impunidad— es lo que adolece a todo México.

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