Sacrificio forestal

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    Cuando sucede un incendio forestal generalmente lo primero que se nos viene a la mente es la dimensión del daño ocasionado en la afectación superficial por la quemazón de hojarasca, brotes incipientes y árboles maduros, además de la fauna que ve restringidos sus espacios naturales en los bosques dañados. Qué pena y vergüenza ajena.

    Craso error. Prácticamente es lo único que tomamos en cuenta. Se nos olvida considerar la consecuencia de la consecuencia. Es decir, no solamente los impactos primarios; igualmente debiésemos valorar los cambios que se producirán en la prestación de los servicios ambientales derivados del daño ocasionado. Por ejemplo, en la recarga de los mantos acuíferos que debiese llevarse a efecto en el próximo temporal de lluvias, y los cambios en las temperaturas promedio predominantes.

    Con todo ello dejamos inmisericordemente pendiente, además, el invaluable factor humano que incansablemente lucha a brazo partido para sofocar tales conflagraciones: los brigadistas. Verdaderos héroes anónimos que trabajan cotidianamente para minimizar y controlar los incendios forestales que, en la mayoría de las ocasiones, son de tipo intencional y asociados a sucios intereses inmobiliarios.

    Por esa gente, por los caídos en el cumplimiento de su deber, nos sentimos con la obligación moral de reconocer toda su dedicación y sacrificio. Su silencio no debe pasar inadvertido. Gracias, mil gracias por todo.