Residuos de fe

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    De acuerdo a estimaciones oficiales, entre los primeros días de enero y el 1º de febrero, tres millones y medio de peregrinos han visitado a la virgen de San Juan de los Lagos. Se calcula –según la Policía Turística de la entidad– que tan sólo el 2 de febrero, día de la mayor festividad, un millón 200 mil personas acudieron al sitio.

    Las cifras son entusiastas, como cada año, en lo que a turismo religioso se refiere, ya que éste es uno de los destinos más importantes del país y genera una fuerte derrama económica en la zona.

    De lo que no se habla mucho, y poco o nada se regula, es de la cantidad de desechos y las condiciones sanitarias alrededor de esta ruta. Así lo afirma Bertha Alicia Arce Chávez, investigadora del Centro Universitario de los Lagos, quien se ha ocupado del caso desde varios años.

    Ajena al optimismo religioso, Arce Chávez señala que hay una disposición arbitraria de los residuos de quienes asisten a esta romería, lo que resulta en enfermedades respiratorias y gastrointestinales para los visitantes y la población cercana a los campamentos de la vía del peregrinaje, los cuales son establecidos de manera informal.

    El grupo con mayor afluencia es la llamada Caravana de la fe. En su mayoría está integrada por personas que provienen del sur del país, que se reúnen en el DF con los otros originarios del centro de México para hacer el recorrido a partir de los finales de noviembre hasta culminar el 2 de febrero. Caminan sobre todo por vías rurales, en las que establecen una suerte de tianguis que les proveen de alimentos, baños o espacios para que duerman los peregrinos, además de alguna atención rudimentaria en aspectos de salud.

    La académica refiere que buena proporción de los peregrinos son enfermos, y en muchos casos dejan residuos médicos en el camino: se abandonan jeringas, cajas de pastillas, canalizaciones de suero, lo que representa un riesgo infeccioso y ambiental. Además, algunos de los dueños de los terrenos acondicionados como campamentos, sólo acumulan esta basura y la queman, sin que haya sido seleccionada, mezclándola con restos de comida, ropa y envases o bolsas de plástico.

    Ante esto, asegura Arce Chávez, las autoridades de orden y sanitarias del municipio, hacen rondines, pero sólo efectúan revisiones superficiales, visuales, más enfocadas al comportamiento que a otras cuestiones, por lo que no cuentan con laboratorios ambulantes para determinar el riesgo de infecciones.

    Con la investigación de la universitaria se ha hecho supervisión del terreno antes y durante la romería, pero también considera realizar análisis de tierra y agua, para saber si existen modificaciones a la composición química del suelo a causa de la contaminación.

    Esta falta de criterios de salubridad y de cuidado al medio ambiente afecta un espacio lineal de alrededor de 20 kilómetros, con una influencia de entre 100 y 200 metros a sus márgenes, dice la investigadora, lo que ha sido observado a partir de la comunidad Las Cruces, por donde entran romeros que vienen de León, Aguascalientes y San Luis Potosí.

    Se calcula que la emisión de basura por persona se multiplica por 2.5 en estas condiciones y que está por encima de los estándares internacionales, que hablan de kilo y medio por día por habitante, lo que da un total de tres kilos 700 gramos por peregrino cada vez que pernoctan. Si esto es multiplicado por los más de tres millones de personas que confluyen en pocos días en el camino principal y sus cercanías, nos dará idea de la magnitud del problema.

    También dice que hay algunos intentos de campañas informativas, pero éstas no están institucionalizadas ni ordenadas. Agrega que a pesar de que es de conocimiento general el que aumenten en esas fechas las enfermedades gastrointestinales o respiratorias, las autoridades sanitarias no realizan una notificación que relacione los hechos, ni tampoco existen datos duros que consignen los riesgos. Ni en la diócesis de San Juan de los Lagos ni en la arquidiócesis de Guadalajara poseen información al respecto.

    El peregrinaje ha afectado el paraje llamado la Mesa Redonda, puesto que en el mismo existe una intromisión que pone en peligro las especies endógenas y representativas de ese ecosistema, ya que las personas dejan ahí cruces como testimonio de su fe e incluso han talado algunas áreas para facilitar dicha actividad.

    La investigación –iniciada en 2010– pretende ofrecer propuestas sustentadas de ordenamiento y herramientas de gestión que mejoren las condiciones ecológicas y de salud de quienes generan este fenómeno. La investigadora espera concluir este año su estudio para difundir los resultados finales.