Quejarnos de todo

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    Es fácil quejarse del transporte público en Guadalajara; y del caos vial tanto en grandes arterias como en callecitas del centro; de que nos estacionan en frente de la cochera; de los baches y del gobierno la corrupción y la delincuencia la lluvia y el calor el frío y la contaminación. Los tapatíos se quejan de todo y todos, de los otros tapatíos menos de ellos mismos.
    Vivimos en una ciudad donde falta lo más básico: un mínimo de respeto y actitud civilizada. Todos se quejan pero nadie hace lo suyo: nadie deja el coche en casa y sale en bici; nadie separa la basura o no tira desperdicios en la calle; no respetan ni normas viales ni de convivencia; las fabricas y los autos contaminan sin piedad, sin hacer revisiones vehiculares o preocuparse por las emisiones: ejemplos son el olor a quemado que se percibe a diferentes horas en barrios de la ciudad o ciertas carretas motorizadas que echan más humo que los dragones de los cuentos.
    Mientras el principio que rige nuesta vida en la ciudad es “chíngate al prójimo”, dificilmente lograremos solucionar los problemas de esta urbe enferma, quedándonos como siempre con los brazos cruzados esperando a que milagrosamente el gobierno resuelva nuestros problemas. Y quejándonos porque no lo hace, y porque es corrupto, y porque… en suma, quejándonos siempre y punto.