Proteger lo que queda

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    Sin ninguna llamada de atención de la autoridad, Puerto Vallarta continúa perdiendo ecosistemas tan importantes como los manglares y los sistemas estuarios, a pesar de estar “protegidos” por las normas oficiales mexicanas. Es el caso del estero de aproximadamente 10 hectáreas que se llamaba El Papayal, el cual funcionaba como zona de anidación para aves y cocodrilos. Hoy es parte de un complejo hotelero.

    “Hacia el norte, hoy conocemos los canales del fraccionamiento Nuevo Vallarta, pero allí la extensión de manglar se ha perdido en 80 por ciento. Una parte de manglar está sobre el canal y cada día la siguen cortando, a pesar de ser una especie protegida, con el fin de tener acceso a las grandes residencias pegadas al canal y atracar los yates o lanchas que tienen los que ahí habitan”, explicó el investigador del Centro Universitario de la Costa, Jorge Téllez López.

    Otro ejemplo de la pérdida de áreas naturales es Marina Vallarta, un fraccionamiento de clase alta, con zona hotelera y playa privada. “Lo que hoy tenemos es un sistema fragmentado, con ecosistemas deficientemente protegidos. El único que ha sido rescatado por su declaración de área natural protegida, en un 40 por ciento de lo que era originalmente, es el estero de El Salado”, aseguró el especialista.

    Los casos de esteros perdidos son diversos. Antes, la zona hotelera norte de Puerto Vallarta, la de Nuevo Vallarta, en Nayarit y la de Bucerías, era un sistema estuarino tan extenso, que superaba los 40 kilómetros de largo. Hoy, a causa del desarrollo y la infraestructura urbana y turística, han dividido los humedales.

    “Es urgente proteger lo que hoy queda, que no es más del 25 por ciento del sistema estuarino que existía hace 50 años. Hoy no es un sistema, sino un conjunto de pequeñas lagunas aisladas, deficientemente interconectadas, en donde la cubierta vegetal original se ha perdido y ha dejado de ser un sistema forestal en una hermosa bahía”.

    Los impactos al medio ambiente por esta pérdida son diversos. Estos sistemas son unos de los más ricos y productivos del planeta —al igual que los bosques tropicales y los sistemas coralinos.

    “Los nutrientes generados ahí pueden aportar una gran cantidad de producción de alimento para muchas especies que habitan en la bahía. Toda la hojarasca que producen estos ecosistemas es introducida en el suelo a través de los cangrejos, lo que enriquece y aumenta la productividad del suelo”.

    Al perder manglar también se pierden especies de peces y camarones con importancia turística y pesquera. Incluso la ballena jorobada entra en riesgo, ya que “afecta a la cadena alimentaria de una gran cantidad de especies con valor comercial, ecológico y biológico”, añadió Téllez López.

    La desaparición de estos sitios ha provocado que en los últimos años exista mayor encuentro entre el hombre y el cocodrilo en la bahía de Jalisco, particularmente en Tomatlán. El motivo es que han estrechado su hábitat.

    “Estos animales, en la medida en la que tienen menos territorio y recursos, aumentan su territorialidad y buscan desplazar a ejemplares de su propia especie a otros sitios. En el mejor de los casos las personas los recogen y llevan a un lugar para que no hagan daño, pero en muchos casos los matan”.

    La sugerencia del especialista es declarar las zonas estuarinas que restan como áreas naturales protegidas, en la categoría de parques ecológicos municipales, y generar un fondo de conservación que aglutine a especialistas en materia ambiental que promuevan la conservación. En aproximadamente 10 años podría detectarse una recuperación importante.

    “Insisto en que continuaremos promoviendo como área natural protegida a Boca de Tomates y Boca Negra, donde se han registrado 78 especies de aves, 66 de flora y cuatro tipos de vegetación, lo que la hace una de las más ricas de Puerto Vallarta. Nos hace falta promover una más en Nayarit, en el estero de El Quelele y proteger los canales de Nuevo Vallarta, conocidos como el estero de El Chino”.