Patricia Murrieta Cummings

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Las realidades de la India y Brasil, en relación a la vida de los niños de la calle, tienen una gran similitud con lo vivido por los que deambulan en la Ciudad de México y Guadalajara. La investigadora Patricia Murrieta Cummings ha realizado un trabajo donde plasma la vida en las alcantarillas y por las calles de la capital mexicana en Poder y resistencia /El proceso de permanencia de los niños de la calle en la Ciudad de México, editado por Plaza y Valdés, y que este 16 de junio será presentado en el Auditorio del íngel (López Mateos 2077, esquina Cubilete), a las 20:00 horas, por María Antonia Chávez, Julio César Aldana, Sara Cardona y Óscar Vivanco. El evento está organizado por el Centro de Maestros 1416 de la Dirección General de Formación Continua para Profesionales de la Educación y la entrada es libre.
Lo que sigue es un resumen de una larga conversación con la investigadora, desde sus propias palabras.
Yo digo —dice Patricia Murrieta Cummings— que afortunadamente no hemos llegado a una situación como la de Brasil o la de India por dos razones distintas. Creo que la pobreza en India (y la presencia de los niños) podría llegar a niveles mucho más altos. Y, en verdad, esa pobreza y presencia en aquel país es mucho más alta pese a la desigualdad social que hay en México. En Brasil hay —o tal vez hubo, ya es menor— una violencia contra los niños de la calle y las bandas, como no se ha dado en nuestro país. De cierta manera ello logra hacer sentir que en México el problema no es tan grave y por tanto se hagan menos esfuerzos por lograr una igualdad tanto en los niños de la calle como de los jóvenes en general, que son muy explotados. Entonces parecería que la realidad no es tan extrema, pero sí lo es. Es tan grave como en los países nombrados, pero en apariencia no y resulta de algún modo “sano” convivir para cualquier ciudadano con ese problema grave.
¿Qué tan grave es la situación de esas personas? —lanza la investigadora la pregunta y, luego, también la respuesta—. Pues si para ti es importante la condición de salud, de vida, de los niños en general, entonces es muy grave y mala su condición. Uno valora que los niños tengan buena calidad de vida y oportunidad de estudios, así como posibilidades de tener un hogar, una familia, un espacio seguro donde puedan jugar en las calles y ocupar los espacios en que viven… de allí que la situación, repito, es bastante mala. ¿Qué tan diferente puede ser la situación de Guadalajara en comparación con la Ciudad de México? Tal vez similar. Pues en ambas urbes se tienen a niños sufriendo muchísimas carencias: violaciones a sus derechos y asuntos de maltrato emocional y físico. Sin embargo, algo que me parece interesante —y es fundamental en términos de desarrollo urbano—, es que las condiciones en la Ciudad de México, tan específicas como puede ser el transporte urbano, por poner un ejemplo: las estaciones del Metro facilitan la presencia de niños pidiendo y vagabundeando. Creo que en Guadalajara hay menos espacios que faciliten la sobrevivencia de los niños en la calle. Eso genera, de manera interesante, una dinámica muy distinta. Pues a pesar de que la capital mexicana es más violenta y agresiva, grande y con más espacios, eso mismo hace que los niños tengan la posibilidad de quedarse a vivir en las calles sin generar tanto conflicto. En Guadalajara, tengo la impresión, los espacios donde los chavos pueden vivir son más acotados y, por tanto, están más identificados; entonces, tienes oportunidad de hacer un trabajo más eficiente, porque el problema es menor.
Decir si el gobierno atiende o no el problema —dice Murrieta Cummings—, es muy complicado. Lo cierto es que se está tratando de generar una transformación. Existe un interés honesto y real sobre este problema social. Desde la propia necesidad de los niños, impulsado, sobre todo, por la Convención de Derechos de los Niños, cuyo trabajo comienza a aterrizar fuerte en México. Pero lo sorprendente es que sea la primera legislatura la que realmente implementa una comisión de atención a la infancia… Entonces habría que decir, en todo caso, que al fin comienza a haber una postura un poco más firme y clara por parte del Gobierno.
También, hay que decirlo, en este asunto ha habido algunos vaivenes, subidas y bajadas, en cuanto al papel jugado por el gobierno. Un factor, por ejemplo, como la venida del Papa Juan Pablo II en los 90, generó se hiciera una limpieza en el Centro Histórico de la Ciudad de México, que movilizó a los niños de las calles y a ONG’s; pero antes de esto, algunos albergues que les daban apoyo, fueron cerrados durante los cambios de gobiernos. Y empieza otro gobierno y, con ello, nuevos programas para solucionar el problema. Y lo mismo vemos en Guadalajara, a escala municipal. Todo ha sido muy irregular y casi siempre enfocado a los intereses políticos de cada uno de los personajes, de sus programas y necesidad de proyección. Se trabaja y luego se desatiende; eso es un problema grave que esperemos tenga solución. Habrá que esperar mucho todavía…