Panteones

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    El último panteón público construido por un gobierno de Guadalajara, fue hace 25 años. Los panteones con que contaba la ciudad en 1980 –Mezquitán, Guadalajara, San Joaquín y Villa Mariano Escobedo– eran insuficientes para cubrir la demanda de inhumaciones. Por tal motivo, en un predio de 424,000 metros cuadrados, levantaron el Panteón municipal del sur.
    Es obligación del gobierno de la ciudad, conservar y acrecentar los bienes materiales del municipio (artículo 37 de la Ley del gobierno y la administración pública municipal).
    Hoy ni siquiera pueden conservar en buen estado los panteones que recibieron, menos acrecentar el patrimonio de la ciudad.
    Recientemente visité el panteón de Mezquitán y me di cuenta de que, además de las deficiencias y los riesgos que se corren al visitar sus tumbas, las inmediaciones del mismo (calles Enrique Díaz de León, José María Vigil, Gregorio Dávila y avenida Maestros) son un verdadero asco. Las banquetas llenas de basura y desechos de todo tipo, prados con maleza, el muro perimetral sucio y tapizado de graffiti, y también hay llantas y colchones tirados.
    Alguien debería castigar a los malos y “muy caros” servidores públicos que no hacen bien su trabajo.