Norman Manea

166

Norman Manea es un escritor del exilio. Fue deportado por su origen judío al campo de concentración Transnistria (Ucrania) durante la Segunda Guerra mundial, cuando tenía cinco años y, luego, años después, a los cincuenta, fue exiliado por la dictadura comunista de Nicolae Ceaucescu. Pero tanto antes como después de esto, fue un escritor incómodo, que trató temas como el Holocausto, la vida en la Rumania comunista y el exilio: el Judío Errante es el gran centro de toda su obra.

Su libro más celebrado, El regreso del húligan, es prueba de ello. Se trata de un personaje que vive desde afuera el paso de Rumania por los grandes hechos que marcaron la historia reciente de Europa. El narrador y personaje principal tiene la oportunidad de volver a Rumania después de todo lo que ha ocurrido y busca encontrar en esta tierra el presente y el pasado de sus padres, de quienes fueron sus amigos y de sí mismo. De pronto todos los recuerdos vuelven a su cabeza: la infancia perdida, el entusiasmo juvenil por el comunismo que perdería bajo la dictadura de Ceaucescu y el refugio que encontró en la literatura, aún cuando fue rechazado por los intelectuales oficiales.

Del libro, del que se ha dicho es un retrato autobiográfico y que tuvo en España como título Una vida, el escritor italiano Antonio Tabucchi dijo para Letras Libres en 2005: “Es también Historia, reflexión filosófica, visión del mundo, viaje al interior del alma humana, alta literatura. Simplificando, diré que es la historia de un doble regreso, de un doble descenso a los infiernos: el viaje real de un ‘extranjero’ de vuelta a la tierra natal después de años de exilio, pero también el regreso memorioso, la revisión de la propia vida”.

Ahora, el escritor, ensayista y cuentista judío tiene casi treinta años viviendo en Estados Unidos y durante su vida ha sido reconocido en muchos países por la contribución de su gran obra, que escribió siempre en rumano pese a que domina el inglés y el francés a la perfección. Prefiere escribir en su idioma, como para asirse de ahí, de esa tabla de salvación que lo liga con a raíces y que, de cierta manera, lo cura del exilio. En una entrevista que concedió al diario El País en 2014, dijo: “Tengo el concepto, puede que un poco infantil, de que no vivo en un país, sino que vivo en un idioma”.

Continuando con lo dicho por Tabucchi sobre El regreso del húligan: “Sobre todo es un gran homenaje a la lengua, el rumano, en la que él tercamente continúa escribiendo después de tantos años de exilio, pues para el tipo de escritor que es, extranjero en cualquier parte, inclusive en la hospitalidad de Estados Unidos, que irónicamente define como ‘el Paraíso’, la única patria verdadera es la lengua”.

Premio FIL
La semana pasada la Feria Internacional del Libro en Guadalajara anunció que el premio más grande que otorga la institución será entregado a Norman Manea. Durante sus ya veintisiete años de existencia el premio no había distinguido a la lengua rumana y lo hizo con el más importante de sus exponentes actuales, cuya obra ha sido traducida a más de veinte lenguas y hoy cada uno de sus libros puede encontrarse en español. Y que ha ganado diversos premios y ha sido propuesto para el Premio Nobel de Literatura en 2014.

“…Es un autor de una obra inmensa”, dicta el acta oficial del fallo del jurado que encabezó la crítica Mercedes Monmany, “que no puede definirse por los géneros literarios tradicionales. Sus grandes temas son las lecciones de la memoria, la absurda violencia del siglo pasado, sus repercusiones en el presente y quizá por sobre todo, la cuestión de la identidad itinerante. Frente a las catástrofes de la Historia y a los exilios a los que estamos sometidos, Manea pregunta con agudeza e ironía cómo podemos definirnos en un mundo de espejos cambiantes”.

El escritor, en la conferencia de prensa en que se anunció que había obtenido el Premio FIL de Literatura en Lengua Romances, habló sobre su obra y dijo que las reflexiones sobre los temas que trató —y que vivió en carne propia— siguen vigentes en nuestro siglo: “‘El errante’ son los ciudadanos, los emigrantes, los exiliados. Estamos en un exilio global. El judío errante se convierte en un ciudadano del mundo. El sufrimiento es una experiencia humana, no es algo individual ni único. El sufrimiento y el dolor han sido y serán parte de la historia del mundo, de la historia del hombre, un sufrimiento profundo e ilimitado. Como en mi caso muchas personas han sido deportadas o exiliadas y en muchas ocasiones han regresado a sus países sintiendo en carne propia esa sensación de haber sido extraídos de su origen”.

Los problemas migratorios, de intolerancia y de extrema violencia en el mundo, dijo, son el pan de cada día. “El problema radica en que la sociedad es centrífuga y ha perdido su centro. Lo que están buscando las personas es un poco de paz, un poco de esperanza y de anhelos, goce y disfrute. Mi vida y trabajo han puesto un acento en este sufrimiento que emana del siglo pasado y de este siglo, pero también la vitalidad y la resiliencia de quienes han seguido en esa búsqueda”.

Víctima constante de la censura, comentó que los mecanismos antiguos de los regímenes de los que fue víctima, si bien han cambiado, siguen siendo un problema de orden mundial. Aunque, señaló, “prefiero este caos que tenemos al que teníamos en el pasado. Hoy los países libres tienen otra clase de censura, no tan ideológica, más ambigua y subyugada por la economía, que nos convierte en entes del gobierno”.

También dijo que se ha visto atrapado por la literatura latinoamericana, “por su fuerza y profundidad. Sobre todo la argentina, como la de Borges o Sábato, porque sus raíces son más europeas, como en Rumania”.

Un escritor poco conocido
El 2 de febrero del 2014, el Los Angeles Review of Books publicó que el décimo aniversario de la novela El regreso del húligan había pasado desapercibido por las casas editoriales, y que la re-edición de su libro por una colección de la Universidad de Yale, había puesto el dedo sobre la llaga para recordar “la importancia y relevancia que la escritura de Manea ha tomado en la última década”.

Los que no lo conocían antes de que lo anunciaran como ganador del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, se encontraron con que en Guadalajara hay apenas un par de sus libros en las librerías. Dulce María Zúñiga, directora de la Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar y directora del Departamento de Estudios Literarios de la Universidad de Guadalajara, dice que el escritor rumano “es poco conocido en México, aunque sí se reconoce en círculos de lectores más especializados, porque es el más importante escritor en esta lengua”.

“Conocemos a los autores más emblemáticos en la tragedia del pueblo judío, pero ya es hora de acudir a otros, a otros puntos de vista, otras formas de enunciar esa tragedia, y Norman Manea es uno de ellos. Ésta será una buena oportunidad para conocerlo, escucharlo y leerlo, en fin para acercarnos a su obra, para que los editores y los libreros surtan nuevamente sus tiendas con la literatura de Norman Manea. Y nosotros, lectores, vayamos a leerlas”.

La Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar y la Primo Levi, según comenta Zúñiga, serán de los espacios para que en próximas fechas los expertos reflexiones sobre la obra de Manea y adelantó que ya trabajan en un volumen que publica el Premio FIL junto a la Editorial Universitaria, dedicado al ganador del premio cada año, con artículos de crítica y con una obra inédita para los jóvenes de bachillerato. “Se va a hablar mucho de Norman Manea a partir del premio”, concluyó.