Natsu Nakajima

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Una mujer demasiado pequeña trae consigo el misterio de la unidad que forman el cuerpo y el espíritu, idea muy lejana de la mentalidad occidental. Se trata de Natsu Nakajima, experimentada bailarina japonesa, cuya menuda figura se transforma en escena al concentrar la fuerza energética del movimiento contenido, del silencio, de la música del fuego. Nakajima visita nuestra ciudad gracias a la invitación de ANZAR, la Compañía de Danza de la Universidad de Guadalajara que organiza la tercera edición de la Muestra Internacional de Butoh y expresiones contemporáneas. El pasado fin de semana Nakajima presentó la pieza “Like smoke, like ash” en el Teatro Jaime Torres Bodet y hoy inicia un taller de butoh dirigido a creadores escénicos interesados en comprender el cuerpo desde la espiritualidad.

Los maestros
Nacida en 1943, Nakajima entró en contacto con la danza siendo adolescente. En poco tiempo llegó hasta Tatsumi Hijikata, una de las figuras fundamentales en esta danza, creador del estilo ankoku butoh.

Sobre su contacto con él, Nakajima recuerda: “Luego de mis primeros maestros yo buscaba algo más en la danza y entonces me encontré con Hijikata, quien ya era muy importante y conocido gracias a su obra Kinjiki (Los colores prohibidos), basada en una obra del autor Yukio Mishima y que fue todo un escándalo, pues desarrollaba ideas de la sexualidad masculina incluyendo la homosexualidad. Hijikata fue mi gran maestro, al igual que Kazuo Ohno, quienes siguen siendo una gran inspiración en mi trabajo.

En Japón tenemos una gran tradición dancística, desde el Kabuki y el teatro Nō, hasta el Bunraku, que es el teatro de marionetas, pero después de la guerra volvimos la mirada a Occidente. En ese periodo, la danza moderna estadounidense comenzó a influir mucho en mi país y la recibimos desde nuestra propia tradición. Hijikata creó entonces una especie de combinación entre la danza tradicional japonesa y la moderna, no necesariamente occidental. En los años sesenta, Hijikata, quien fue un genio, un gran lector y admirador de la literatura, la música y la pintura, convirtió su estudio en un imán que atraía a muchos artistas de diferentes disciplinas que ejercieron influencia en su danza. Recurrió al trabajo de algunos pintores para recrear  movimientos y gestos, sus coreografías incluían, por ejemplo, lo que él llamaba rostros de Francis Bacon o Picasso”.

El cuerpo y su filosofía
El butoh ha conseguido popularizarse en todo el mundo, sin embargo poco se sabe sobre la profundidad de su sentido, Nakajima afirma: “No existe una definición única o clara sobre el butoh, considero que debe haber libertad en la forma de comprenderlo, sin embargo para mí el butoh está conectado con significados primitivos, como el chamanismo, este sentimiento de la danza es en el que creo fuertemente. La danza occidental siempre se relaciona con la música, especialmente con la melodía que da origen a un movimiento constante, sin pausa. Existe entonces una relación muy estrecha entre la música y el cuerpo. En cambio, no sólo en el butoh, sino en la tradición japonesa, la música es completamente diferente. La danza está conectada con el lenguaje, la coreografía dancística es como una canción, la danza crea, desarrolla una canción, se concentra en el lenguaje lírico, es más acción que movimiento, y a eso se dirige la técnica. En el butoh como en el budismo y el animismo, el cuerpo es parte de la naturaleza, es algo más de lo vivo que coexiste con otros seres. Lo humano no puede ser más importante que una flor”.

Llenar el vacío
Nakajima recupera de la tradición dancística japonesa la idea del vacío, una de los supuestos más poderosos que explica con ritmo pausado: “En el pensamiento occidental yo soy Natsu Nakajima, no obstante esa es únicamente mi identidad social. Para bailar debo borrarla y volver a mi naturaleza. En el butoh tú eres tu cuerpo, sólo eso, hay que borrar el ego que guarda lo social. Estas ideas, cercanas al teatro de Grotowski y de Eugenio Barba buscan desprenderse de la vanidad, sólo entonces el cuerpo podrá ser nada para entonces transformarlo. Es necesario el vacío para llenarnos, convertirnos en algo.

Desposeer para poseer es una idea mística, religiosa, conectada al espíritu animista. Hay que dejar toda pretensión, soltar nuestro nombre y alcanzar el cuerpo total. Este paso es difícil y requiere mucha paciencia”.

El arte frente al caos
A lo largo de la historia, las diferentes guerras y crisis financieras han alterado la ruta civilizatoria de la humanidad. Ante la violencia caótica actual, Nakajima señala cuáles considera que son las tareas del artista: “El mundo es demasiado confuso, la civilización se autodestruye y algo nuevo se adivina completamente diferente. La danza y las artes también deben cambiar, para corresponder. Una respuesta al cambio puede ser el chamanismo que está tradicionalmente conectado con la sanación, el conocimiento de la naturaleza, la medicina; es curativo en el sentido religioso. El arte debe cambiar. La vida presenta muchos riesgos, el concepto de nación se ha quebrado igual que los sistemas de organización social, la gente no deja de moverse y la migración se ha vuelto un problema. ¿Qué debe ocupar al artista? No la especialización técnica, sino la búsqueda del sentido, la presencia de la duda”.

La vejez, algo nuevo
Like smoke, like ash es el nombre de la pieza que Nakashima presentó en nuestra ciudad, y de la cual señala: “Esta coreografía nació cuando cumplí 70 años. La edad me trajo algo que me empujó a la creación. Para mí la vejez es algo nuevo que no termino de interpretar, y bailar es una manera de conocer su significado. Confronto la edad desde la danza, quiero abrir salidas de entendimiento de la vejez. A pesar de las limitaciones, creo que la vejez me brinda una nueva forma de libertad.  No sé qué viene para mí después de este trabajo, sólo que seré mayor y tendré que averiguar qué es la muerte”.