Mujeres de letras

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El pasado lunes 17 de octubre se conmemoró por primera vez en México el Día de las escritoras, un evento auspiciado por el Departamento de Letras y el Centro de Estudios de Género, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH). La iniciativa, explicó la investigadora y escritora Elizabeth Vivero, procede de la Biblioteca Nacional de España, justamente para visibilizar y reconocer el trabajo de las escritoras a nivel mundial.

En el Auditorio Adalberto Navarro Sánchez del CUCSH fueron organizadas varias mesas de lectura y de ponencias. El panel de Crítica y análisis, donde además de la propia Elizabeth Vivero y Patricia Córdova (jefa del Departamento de Letras del CUCSH) en calidad de presentadoras, estuvieron presentes Olga Martha Peña Doria y María del Socorro Guzmán.

Ambas ponencias, de carácter historiográfico, ofrecieron a los asistentes una panorámica sobre la literatura mexicana hecha por mujeres, desde el siglo XX, prestigiado por figuras como Josefina Vicens, hasta nuestros días, en que nuevas generaciones de escritoras como Elizabeth Vivero, rehúyen las etiquetas y defienden su originalidad en el gratificante pero no por ello menos difícil mundo de la creación literaria.

El recorrido de la mujer en el campo de la literatura ha estado marcado por los prejuicios y el menosprecio; tanto que aún hoy persiste la autocensura entre las jóvenes universitarias, quienes prefieren ejercer la crítica sobre sus propias obras sin someterlas a una segunda opinión, obstruyendo casi toda posibilidad de hacerlas públicas. “Entre los chicos nunca encuentras ese tipo de reserva”, precisó Olga Martha, “son las muchachas las que no se atreven a escribir porque creen que lo que hacen no es bueno”.

La pervivencia de la automarginación a que hoy se someten las proto-escritoras ha sido legitimada, sobre todo, por las editoriales. El mejor ejemplo es la política diseñada para visibilizar el legado de las escritoras de épocas anteriores, aquellas que persiguieron el sueño hasta donde lo permitieron un marido, los imperativos de la vida doméstica o los atavismos sociales. Contradictoriamente, las editoriales prefieren publicar volúmenes con las peripecias que acompañaron la vida de la escritora y no sus obras literarias.

Acerca de la relación de las nuevas generaciones de muchachas interesadas en la literatura con dicho legado, Elizabeth Vivero señaló: “Las chicas de hoy no creen que sucedieran este tipo de cosas. Una vez que se acercan a las obras, leen las críticas y los testimonios de la época se dan cuenta de que el camino de las escritoras no ha sido fácil (…) Cuando comprenden que han tenido que romperse barreras sociales, culturales y políticas, les queda mucho más claro ese legado”.

La presencia de la mujer en las letras mexicanas contemporáneas es una lucha perpetua, estrechamente vinculada a las problemáticas de género. Es sintomático de las generaciones más jóvenes tomar distancia de estas cuestiones porque consideran que hoy las mujeres gozan de todos los derechos y libertades posibles. ¿Para qué luchar, entonces?

Sin embargo, el ciclo de la historia ha demostrado que los principios que no se defienden pueden ser manipulados y anulados con facilidad. Se trata hoy de una lucha renovada, de no volver al silencio por creer que habrá otras voces capaces de decir lo que todas pensamos. “Tienen que atreverse a escribir —conminó Olga Martha a las estudiantes de Letras—, resistir y sobreponerse a la crítica; pero sobre todo, hacerse escuchar”.