Miradas diferentes

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Los proscritos luchan por ganar su propia ciudad. Desde quienes habitan asentamientos irregulares, que se oponen a la visión de hacinamiento de los grandes empresarios y gobiernos, pasando por los que sobreviven en un mundo donde los desechos de los beneficiados por el sistema se vuelven su propia moneda de cambio, hasta quienes pasan varias horas arriba de una ruta de camión y, desde ahí, crean su propia ciudad subjetiva.

El estudio  de la metrópoli desde diversas disciplinas del conocimiento es el objetivo del “Seminario Guadalajara, un lugar común. Diversidad de miradas y ciudad”, que llevó a cabo su décima edición en el Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA). 


Dos visiones de vivienda popular
En la zona metropolitana chocan dos visiones de la vivienda popular. Mientras que el gobierno prefiere que se encauce el 90 por ciento de los recursos en fraccionamientos en la periferia, creando focos de hacinamiento y ciudades dormitorio, los asentamientos irregulares crecen paulatinamente de acuerdo con las necesidades de los habitantes, y desde la supuesta ilegalidad que conllevan se vuelven irónicamente más funcionales al ofrecer un espacio mayor para la convivencia humana.

La académica del CUCSH, Edith Jiménez Huerta, explicó que la urbanización popular en los asentamientos se basa en “la autoproducción y autogestión de la vivienda, la construcción paulatina, la transformación del espacio de acuerdo a las necesidades de los ocupantes y al recurso disponible”.

En contraste, los grandes desarrolladores de fraccionamientos de interés social producen en serie viviendas todas iguales y fuera de la periferia, como si fueran a vivir ahí siempre familias con dos hijos y sin tomar en cuenta que muchos permanecerán ahí hasta 40 años.

“Al reconocer este proceso estamos presenciando dos visiones tan contradictorias. ¿Hacemos lo correcto en canalizar recursos a la periferia? Estamos creando futuros focos de hacinamiento. Las colonias populares tienen posibilidad de crecimiento y los fraccionamientos de las inmobiliarias crean casas sin posibilidad siquiera de ventilación o de sol por una ventana, lo cual nos va a llevar a un escenario similar al de las vecindades de principios del siglo XX”, agregó Jiménez Huerta.

De acuerdo a las cifras presentadas por la investigadora, en 1980 llegó a haber una disponibilidad de lotes en Guadalajara de hasta el 38 por ciento, hoy apenas si ronda el 5 por ciento.

Vivir de la basura
En Zapopan, hay mil empleados sindicalizados que trabajan de la basura, sin contar a los pepenadores que no reciben sueldo del ayuntamiento, quienes viven de las propinas y logran reunir hasta 250 pesos al día. Ellos han encontrado en los desechos de los otros una forma de sobrevivir, no sólo económicamente, sino sorteando los peligros de las colonias violentas donde trabajan.

Así lo detalló Beatriz Venegas Sahagún, doctorante del CIESAS-Occidente, quien  desarrolló la investigación titulada “¿Quiénes son los ‘otros’? Miradas de los recolectores de basura”. Explicó que las condiciones en que estos trabajadores realizan sus labores son preocupantes, ya que no les pagan horas extras y en el caso de los “sin número”, no tienen seguro social ni prestaciones y trabajan sin equipos de protección.

“Ellos se enteran de todas las historias de las colonias. Saben en qué hogares hay violencia intrafamiliar. En las bolsas de basura han encontrado desde fetos, hasta dinero y joyas. Incluso hasta dinero metido en chiles rellenos. Cosas que parecen increíbles, pero alguna vez unos encontraron bolsas de dólares y rápidamente fueron alcanzados por una camioneta que bajo amenazas terminó llevándose el dinero.

Ellos van a colonias donde hay alta violencia y marginación. E incluso hay choferes que se han especializado en sobrevivir en esas circunstancias”, afirmó Venegas Sahagún.

La vida en el camión
El transporte público puede ser entendido como un dispositivo de control de las sociedades, al grado que la vida de miles y miles de habitantes de la metrópoli está ya intrínsecamente ligada a las rutas de camión que toman, donde pasan varias horas al día y dónde se desenvuelve su entorno inmediato.

Christian Grimaldo, doctorante del CIESAS-Occidente, desarrolló la investigación “Movilidad y geografía simbólica. La ciudad vista desde el camión”. Durante su trabajo de campo se ha dado cuenta de cómo la gente lucha por hacer un poco más agradable ese entorno de su ruta de camión. Sin embargo, ahí son bombardeados por mensajes publicitarios y se vuelven presas de las estrategias de quienes entienden la lógica móvil. “Abunda ya la comida preparada, los lonches que venden para quienes tienen que comer en el camión donde pasan horas”.

Según la hipótesis de Grimaldo, la práctica de transitar en el transporte público constituye una forma particular de representar e interactuar con la ciudad, que se objetiva en el paisaje urbano y las distintas interpretaciones que los usuarios le dan según la experiencia de sus trayectos.

Grimaldo entrevistó a varias personas a quienes les hizo dibujar la ciudad, vista desde su ruta de camión. Para la gente de colonias marginadas, los pocos atractivos que conocían los retrataban desvinculados uno de otro, fragmentados. “Unos ni siquiera conocen otra ruta de camión, sólo la del trabajo a su casa, y en su casa permanecen el fin de semana porque no tienen dinero. Todos los prejuicios se reproducen en la ruta del camión”.

Aún en esas extenuantes rutas, el tapatío lucha por encontrar aunque sea un resquicio de lo que muchos llaman vida.