Mauricio Beuchot

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Mauricio Beuchot tiene un larguísimo currículo, pero para presentarlo en la cátedra inaugural de este semestre de la licenciatura en filosofía, pidió que el protocolo se abreviara a sólo cuatro cosas: Es doctor en filosofía, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, Coordinador del Seminario de Hermenéutica y ha escrito varios libros. Contra su voluntad, añadiremos que forma parte de la Academia Mexicana de la Historia y de la Academia Mexicana de la Lengua, y que ha publicado títulos de estudio esencial, como La semiótica: teorías del signo y el lenguaje en la historia, La querella de la conquista y Hermenéutica, analogía y símbolo.
Acabada su exposición, las preguntas, y un par de fotos con los fans, alongamos la charla en la trastienda, con el siguiente resultado.

Después de tanto tiempo (desde 1991) en el Instituto de Investigaciones Filológicas, ¿no se ha cambiado de bando?
Por su puesto, siempre me he sentido más filósofo, pero cuando he tenido que trabajar textos medievales, se hizo imprescindible la filología: se necesita para interpretar correctamente una cultura tan diversa de la nuestra. De hecho, a filológicas llegué “prestado”. Me habían invitado a coordinar el Centro de Estudios Clásicos, donde se hace traducción y análisis de textos y para lo cual de nada servía mi lógica analítica, así que me dijeron: “Tú que eres filósofo, enséñanos método”.
Ese cambio curioso de contextos fue el que me hizo encontrar la hermenéutica analógica: me di cuenta de que estaba en la univocidad completa. Acá había poetas, literatos, antropólogos, lingí¼istas. Era otro mundo. Un mundo tan diferente que era propenso al relativismo. Vine a caer en el mar de la equivocidad. Por eso empecé a buscar la síntesis, aunque nuca es completa.

Algunos dirían que da lo mismo, que la filosofía todo lo abarca…
En clase digo como broma que la filosofía es aquello que desecha la ciencia. Para los griegos y aún en el medioevo la filosofía lo abarcaba todo, y su contraparte era la teología. Pero se ha ido como un árbol, desgajando a lo largo de la historia. Hasta ahora recupera el mito: ya no es tan tajante la separación de ramas. Y hay cosas que han querido pero nunca pudieron separarse, como la ontología, la epistemología, la lógica misma yo dudo que sea otra vez científica, pues está más allá de ella. Y la ética. Si toda la modernidad fue separar la ética de las disciplinas, ahora está volviendo. Aunque estorba para todo, claro, porque uno quisiera hacer lo prohibido. Pero bien lo dice Dworkin: si no hay ética todo es injusto.

¿Cuándo dice ahora, habla de la Posmodernidad? ¿O algo después?
La posmodernidad fue una reacción válida e incluso necesaria contra la univocidad absoluta, procaz, violenta incluso. Pero se fueron al otro extremo, que es lo que combato. Yo critico a los dos. En México hay muchos epígonos que llevan a la exageración las tesis posmodernas: se cayeron los paradigmas, no hay criterios, no hay referentes… es muy cómodo, pero también disolvente del pensamiento. Esa es la posmodernidad antimoderna, la que grita y clama. Pero hay otro tipo, que es el neoconservadurismo, aliado del neocapitalismo, y el neoliberalismo: la utopía de la tecnocracia a morir, que siguiendo consignas de intereses internacionales quita el humanismo de las escuelas.

Con este panorama, ¿cuál es el papel del filósofo hoy?
Si vemos la historia de la filosofía del siglo XX en México, al principio estaban los positivistas que eran los ideólogos de Porfirio Díaz; luego Antonio caso y José Vasconcelos en la Revolución, que intervinieron mucho en la vida nacional. Éstos eran abogados que hacían filosofía. Luego vienen ya los profesionales: Samuel Ramos y Francisco Larroyo que son otro tipo de intelectual. Poco a poco nos fuimos encerrando en las universidades. El resto es el terreno que debemos tratar de reconquistar. Por la otra parte están los filósofos de la autenticidad, que por lo menos en la UNAM son mayormente “eurólatras”. Pero yo digo: ¿Qué no podemos ser filósofos auténticos y muy profesionales?

¿Cuál sería la guía para eso, un método de la hermenéutica analógica?
No. No hay métrica. Es en parte con la intuición y en parte con el argumento. Si estuviera dado, estaría ahí claro, pero el problema es dónde están los límites y quién los pone. Y los pone la frónesis, como dirían los griegos. Esa especie de sabiduría que se adquiere a puro trancazo en la vida. Por eso decía Aristóteles que no se le puede pedir frónesis a un joven. Espérate a que sufra.