Macbeth

976

Al escuchar el aria “Pietà rispetto amore” de la ópera Macbeth, de Giuseppe Verdi, se comprende cómo incluso alguien hundido en la mezquindad de sus actos y la sangre de sus crímenes, puede conmover en medio de la desesperación de saber que pronto ha de morir inevitablemente despreciado, porque, aunque arrepentido, ya hace tiempo que él mismo forjó su suerte: “Piedad, respeto, amor, / consuelo para mis días otoñales, / ¡ay!, no arrojarán una sola flor / sobre tu encanecida edad. / Ni sobre tu tumba real / esperes suaves elogios; / ¡ah, sólo maldiciones, / oh desdichado, / serán los cantos funerarios que te dediquen!”.

Con esta gran obra es que el Teatro Diana abre su nueva temporada 2014-2015, de transmisiones de las óperas que se realizan en The Metropolitan Opera en Nueva York, y que son proyectadas internacionalmente de manera simultánea.

Macbeth está basada el drama homónimo de William Shakespeare, uno de los trabajos donde los personajes ambiciosos, traicioneros y asesinos, son el motor de los versos del autor inglés. Ahí encontramos a Macbeth a quien después de que tres brujas le predijeran que habría de ser rey de Escocia, no cesará en provocar que el oráculo se cumpla a costa de todo, ayudado e incitado por su perversa esposa, y en evitar ser destronado mediante la muerte de quienes antaño fueran sus cercanos, aunque al final el destino lo enrede irónicamente en su propia sangre.

Verdi no ha hecho sino abonar dramatismo con su maestría musical a esta magnífica tragedia, poniendo para la oscuridad del protagonista, la profunda y potente voz del barítono, para mostrar el tormento y la angustia de un hombre que sucumbió ante su avaricia de poder.

Para esta puesta en escena en el Met, se cuenta con las participaciones estelares de Željko Lučić, Anna Netrebko, Joseph Calleja y René Pape; bajo la conducción musical de Fabio Luisi y la producción de Adrian Noble.

Artículo anteriorLa ciencia a través del teatro
Artículo siguientePrecisión