Los escritores con voz y rostro

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Salvador Novo, el polémico autor y agudo cronista de la Ciudad de México, se muda a Coyoacán en 1950 a un predio que perteneciera a una ex hacienda. Desde que Novo lo adquirió, su idea era adecuarlo para convertirlo en un centro cultural. Este proyecto estaba encabezado por una antigua capilla, la cual convertiría en el teatro que abrió sus puertas en 1953 con el estreno de la obra italiana El Presidente Heredia. Luego de sesenta años de su fundación, “La Capilla” sigue en pie como el mejor ejemplo de teatro independiente en el país, así como uno de los mejores escaparates de la dramaturgia contemporánea, tanto nacional como extranjera.

Ahora, bajo la dirección artística de Boris Schoemann y su compañía de teatro Los Endebles, La Capilla continúa el compromiso que hiciera Novo con la escena contemporánea, no sólo con las obras que entran en su programación, sino también a través de la editorial que extiende el impacto del foro.

Los Textos de La Capilla nacen con la intención de recuperar la labor de Novo, quien además publicaba textos teatrales de autores contemporáneos de diversas nacionalidades, con la intención de refrescar la mirada de los creadores escénicos mexicanos. A partir de 2007 y a través de esta editorial, los teatristas y su público podemos acercarnos al pensamiento de algunos de los mejores dramaturgos de la actualidad. Dividida en 4 colecciones: Dramaturgia Mexicana, Dramaturgia Internacional, Dramaturgia en Escena y Cuentos Antinavideños, Los Textos de la Capilla, impulsan además la publicación de títulos especiales, como el que da cuenta de las seis décadas de existencia de ese importante espacio.
El corazón de la editorial descansa en la difusión de dramaturgia mexicana de calidad que se integra al catálogo, extendiendo con ello su impacto en los escenarios del país. Para Schoemann, quien junto a la dramaturga Ximena Escalante, dirige la editorial, Los Textos de la Capilla permiten complementar la vocación con la que fue abierto el teatro hace tantos años, además de difundir e integrar sus traducciones tanto al repertorio de su compañía de teatro, como al de otros creadores.

Teatro para ver y leer
A finales del siglo XX en todo México, la mayoría del teatro que se hacía era distante por muchas razones, una de las principales era la gran distancia temporal que existía entre los textos dramáticos a los que se tenía acceso y su público. La audiencia relacionaba la palabra teatro, casi de forma automática, con algún nombre del Siglo de Oro español o del Teatro Isabelino. El teatro mexicano que se publicaba y se montaba en nuestros escenarios, tenía las mismas rúbricas: Hugo Argüelles, Emilio Carballido, Elena Garro, Rodolfo Usigli y algunos otros de aquella generación. Ellos y sus obras representaban el teatro mexicano aquí y en el mundo, puesto que era el único que conseguía la visibilidad a través de los libros. Si bien, junto a este teatro de los “grandes maestros” han coexistido formas arriesgadas de hacer y producir en la escena mexicana, estas últimas se mantuvieron siempre al margen no sólo del público, sino también de otros creadores.

Ahora, tanto por medio de los festivales de dramaturgia que se llevan a cabo en México es posible tener acceso a las dramaturgias actuales, sino también a través de editoriales como Los Textos de la Capilla, que se distribuyen en diferentes foros escénicos, así como en escuelas e instituciones dedicadas a la formación de profesionales del teatro, consiguiendo con ello un impacto positivo en nuestras carteleras. Autores fundamentales en el teatro contemporáneo mundial como Daniel Danis, Wajdi Mouawad o Evelyne de la Chenelière es posible encontrarlos en esta editorial, que garantiza la calidad en la traducción gracias al contacto directo con los autores, a quienes además de traducir han conseguido llevar a la escena.

Publicar un texto dramático es aún más difícil que una colección de ensayos. La industria editorial parece no creer que el teatro también se lee, que la lectura de dramaturgias no es sólo el primer paso para la realización de un montaje, sino un placer estético no exclusivo de actores y directores escénicos.

Larga vida a Los Textos de la Capilla, que ponen rostro al teatro de hoy.