Lila Dipp

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    Con bisturí: desde chica estuve rodeada de arte. Uno de mis hermanos es pintor, y en mi casa siempre hicieron manualidades. Desde entonces tuve la inquietud de meterme más allá de los objetos. Por ejemplo, con las muñecas: las abría para ver qué tenían dentro.
    Con microscopio: estudié biología, lo cual me volvió una observadora de tiempo completo. A veces me dicen: qué tiene qué ver la biología con tu trabajo y les digo que muchísimo, porque desde la misma ves cómo funciona el universo, lo que tenemos dentro, y te vuelves muy curioso.
    Las bases: tomé algunos cursos de fotografía, de restauración, tuve una tienda de antigí¼edades y de equipales. Entonces empecé a interesarme por las cajitas, la carpintería. Como en el ‘85 empecé a hacer casitas del mismo formato, a trabajar algunas piezas. Al principio era lo mexicano, lo artesanal. Hasta que un día, en una exposición de arte objeto, me di cuenta que eso era lo que yo quería hacer.
    Calculadora: llevo 17 años exponiendo. Mi primera exposición individual fue con Felipe Covarrubias, en la galería Azul. A la fecha he tenido como unas 26 exposiciones, entre colectivas e individuales.
    Diccionario: tuve la oportunidad de exponer fuera del país, en Bruselas, Arizona y Miami. A Bruselas fuimos 10 tapatíos y resultó una experiencia increíble ver cómo entienden tu obra, sobre todo la mía, porque está llena de albures, es lúdica, muy mexicana en ciertos aspectos. Contiene muchas cosas con las que solo los que vivimos en Guadalajara nos identificamos, como los lonches Gemma o las tortas del Santuario.
    A crédito o de contado: la venta es lenta, pero segura. En una exposición puedo vender de tres a cuatro piezas, lo que ya es buenísimo. Como buena paisana, a veces a mis amigos les digo, pues hay abóname cuando puedas. Creo que lo más importante es que uno se esté moviendo, que busque los contactos, que lleve la obra a las galerías. Hay ocasiones que tardas hasta seis meses y no vendes nada, pero hay que buscarle.
    Arte-historia-objeto: mis piezas son historias y a la gente le gusta que yo esté ahí para contárselas. Muchas de las cosas que hago son vivencias, cuestiones sentimentales que le pasó a otra gente. Me gustan mucho los albures. A veces caigo en la vulgaridad, pero es una vulgaridad sana, sin intenciones de ofender a alguien.
    Reconocimiento: me interesa que la disciplina del arte objeto sea considerada como tal. Porque siempre que hacían concursos eran de escultura, pintura, fotografía, acuarela, serigrafía y dices: bueno, ¿y yo dónde entro? En el ‘88 éramos cuatro personas las que hacíamos arte objeto en Guadalajara. Me da gusto que ahora ya la están integrando como cualquier otra disciplina, porque tiene su chiste. Para hacer algo tengo que saber de electricidad, carpintería, pintura (porque pinto las tablas donde hago mis cosas), coser, planchar. A veces me tardo un mes haciendo una pieza.
    Lila en Casa Vallarta: fue inaugurada el 11 de febrero, y estará ahí cinco semanas. Son 25 piezas de arte objeto, incluida una instalación. Es obra nueva, salvo tres piezas que hice hace algunos meses, pero que tienen que ver con el tema. La exposición se llama Variaciones. En esta encontrarán mucha figura humana, hay cosas chistosas, gráficas y un poco de surrealismo. Algunas de las piezas son: “Sácate la espinita”, “Cuídame el tesorito”, “Destinos”, “Meciendo al niño”, “La marcada”, “Ahorrando tiempo”, “Mar portátil”, “Olas”, entre otras.
    Miocardio: me fascina comer, cocinar y crear. Con el restaurante y galería Miocardio voy a cumplir tres años en marzo. Cocinar es una forma de crear, pero también me gusta mucho tener el espacio para que la gente exponga. Me parece que es una combinación perfecta. Me late que los chavos se animen y expongan en este espacio. Yo sé lo difícil que es y por eso tengo las puertas de la galería abiertas para ellos.