Lecciones griegas

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Para mí, el factor decisivo será el del nacimiento de una nueva Ilustración. Grecia puede suponer un atisbo de oportunidad. No somos lo bastante grandes para cambiar el mundo, pero podemos obligar a Europa a que cambie.
Yanis Varoufakis
—ex ministro de finanzas de Grecia

Luego de un ríspido debate al interior del parlamento griego, y de varias renuncias de ministros del gabinete del gobierno de Alexis Tsipras, fue aprobado el acuerdo puesto en la mesa por la llamada “Troika europea” (Fondo Monetario Internacional, Comisión Económica Europea y Banco Central Europeo) que define la política económica y monetaria en el Viejo Continente, para otorgar un nuevo crédito por hasta 80 mil millones de euros a Grecia durante los próximos tres años y de este modo solventar la crisis económica que ha condenado al país heleno a una contracción de más del 20 por ciento de su Producto Interno Bruto en los últimos años, luego de aplicar las medidas de austeridad que los propio acreedores han impuesto.

Las nuevas reformas aceptadas por Grecia incluyen recortes significativos al sistema de pensiones, incrementos al impuesto al valor agregado, la revisión del sistema de negociación laboral colectiva, la aplicación de límites al gasto público social y la formación de un fondo especial de privatizaciones con activos públicos por 50 mil millones de euros que servirá como garantía del crédito otorgado. Si bien todo esto está lejos de lo que originalmente el gobierno griego planteaba, la gran aportación y victoria del gobierno griego están en términos morales.

Alemania, el principal promotor de la ortodoxia económica que ha impuesto austeridad a los países de la eurozona con dificultades económicas (Italia, España, Portugal y Grecia), ha olvidado muy pronto, como bien señala Thomas Piketty (economista francés), que luego de la Segunda Guerra mundial, ella misma fue objeto de condonaciones económicas para dar viabilidad a su reconstrucción; hoy, con un cierto aire de racismo, dicta medidas severas (calificadas por algunos economistas como salvajes) para otorgar una línea de crédito que permita sobrevivir a la nación griega y que ha llevado a Italia a pagar tan sólo en intereses el equivalente al 6 por ciento de su Producto Interno Bruto, mientras destina el 1 por ciento a la mejora de sus escuelas y universidades.

El economista norteamericano y premio Nobel Paul Krugman, ha señalado que el camino de la austeridad ha funcionado para países en crisis, como Canadá en la década de los noventa, pero aunado a una política de dinero fácil que significa bajas tasas de interés para alentar la inversión privada y depreciación de la moneda para estimular las exportaciones; sin embargo, advierte que en el caso de Grecia estos dos factores no están presentes y que se corre el riesgo de reeditar la misma situación que hasta ahora tiene al país mediterráneo sumido en la crisis.

Desde el triunfo de Syriza (forma abreviada de llamar al partido Coalición de Izquierda Radical) a principios de año, los analistas políticos advertían que el nuevo gobierno tenía dos opciones frente a sí: la capitulación o la confrontación; ambas con devastadoras consecuencias para la población.

Por tal motivo es admirable el proceder del primer ministro griego, Alexis Tsipras, quien mantuvo la serenidad y eludió las provocaciones y la política del miedo que deseaban colocarlo en una posición contra el euro y las instituciones comunitarias, sin tener la opción de dar la pelea al interior de la mesa de negociación y llevar hasta ella a los únicos ausentes en todo el proceso: el pueblo griego; con su postura a favor de cumplir con sus obligaciones y mantenerse dentro de la Comunidad Económica Europea, Tsipras consiguió tejer una mayoría que se manifestó mediante un referéndum en contra de las medidas exigidas por la “Troika europea”; movimiento estratégico que dejó en claro que la posición del gobierno helénico no es sólo la postura ideológica del partido de izquierda radical, sino un mandato popular que debe acatar todo gobierno que se precie de ser democrático. Con su conducta, Tsipras, su gobierno y su partido le han devuelto credibilidad a la acción gubernamental griega mediante la reivindicación de la democracia y la preponderancia de la acción política frente a la intimidación de los acreedores.

No puede perderse de vista que incluso el presidente norteamericano Barack Obama, ha llamado la atención de los líderes europeos acerca de la crisis griega, con la advertencia de que “…no se puede seguir exprimiendo a los países que están en medio de una depresión”. Y les recordó que en el pasado inmediato algunos de los actuales acreedores griegos fueron responsables de la precipitación de la economía global, debido a su ortodoxia y ausencia de fiscalización financiera.

Así que resistir a los promotores de la ortodoxia económica basada en la austeridad en el gasto público social y de inversión, la privatización de bienes nacionales, el incremento de impuestos para las clases media y popular y la desregulación del mercado laboral dictada desde la “Troika europea” o desde el Consenso de Washington no sólo es necesaria sino posible, y que obedece a un imperativo ético que todo gobierno y pueblo sometido al yugo del endeudamiento perenne y el subdesarrollo insuperable debemos asumir.