Las dos bajas

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En los momentos de crisis es cuando se evidencian divisiones y contrastes, salen a la superficie problemáticas que en muchos casos se quieren mantener ocultas. Baja California Sur, golpeada el pasado 14 de septiembre por el huracán Odile, no es la excepción. O quizás es justamente un ejemplo adecuado: y el municipio de Los Cabos, con sus flamantes complejos turísticos destruidos, el símbolo principal.

Comparables con Acapulco y Cancún, las localidades de Cabo San Lucas y San José del Cabo son islas felices que atraen cada año a turistas de todo el mundo, pero al mismos tiempo miles de personas de todo México en busca de trabajo, las cuales se asientan en cordones de pobreza que siguen creciendo en la periferia. Si las primeras son las que están acaparrando buena parte de la atención mediática y de la ayuda gubernamental, las que otra vez están “chapaleando” en el olvido y la indiferencia son éstas, las pequeñas comunidades y los que vienes de fuera, que en BCS llaman los paracaidistas del turismo, o chúntaros.

Nadia Viridiana Ornelas, tapatía de 25 años, viajó a Cabo San Lucas para visitar a sus familiares con motivos de las fiestas patrias, y cuenta que “era una destrucción total. Fuimos a una gasolinera y las bombas no estaban, se volaron los letreros, la carretera llena de basura, postes, cables en el piso, gente buscando en la basura”.

Asistió además a saqueos, aún si dice que el primer día aún no estaba el pánico generalizado de rapiña. Si bien, explica, en la noche algunos ladrones intentaron meterse en la casa donde estaban hospedados. “Todas las colonias estaban en comunicación de boca en boca para resguardar a los habitantes”. Grupos comunitarios, vestidos de blanco con linternas y silbatos, siguen patrullando aún las colonias más afectadas y abandonadas de la localidad turística.

Juan Gómez, cura y profesor de la Universidad Autónoma de Baja California Sur, está coordinando brigadas de universitarios para entregar los apoyos que llegan a la Caritas. “Nos enfocamos en las colonia marginadas de La Paz, y Todos Santos. El panorama allí es dantesco, por todo lado hay desolación y destrucción, la cara de sufrimiento de los niños y de impotencia de los adultos”.

Lo de Los Cabos, dice, es real, pero las imágenes que llegan siempre son de los hoteles y los centros comerciales, pero la realidad es que más que eso. Esto en un ratito lo van a levantar, van a recibir miles de millones de instancias gubernamentales, pero hay varios pueblos y comunidades apartadas, zonas donde desaparecieron más de mil casas, que eran de cartón y madera, y es allí donde no aterriza el apoyo”.

Es allí, también, dice, donde la histeria general dio pie a los saqueos que se dieron en Los Cabos. Pero aquí de nuevo la doble cara, el cobre que sale a la luz. Alejandra Ahumada es, como ella se define, una chica de clase media de La Paz. Escueta, con inconfundible acento norteño, dice: “Muchos, racista como somos aquí, dijeron que a saquear habían sido los chúntaros, gente que viene de fuera trabajar. Pero un amigo de Los Cabos me dijo que fue todo mundo, que había Mercedes Benz y BMW cargados de pantallas y de cervezas. Que la gente estaba feliz en los ‘súper’. Era gente de toda clase social”.

También ella confirma que la ayuda no está fluyendo a todos por igual: “En Pescadero, pueblo a una hora de La Paz, una amiga tiene un albergue y está haciendo un centro de acopio, y dijo que los tienen bien olvidados, porque todas las despensas se van a Los Cabos, y de lo que llega a Todos Santos tendrían que llevarle a ellos, pero no está recibiendo nada”.

Baja California Sur tiene una extensión de 800 kilómetros de Cabo San Lucas, extremo sur, a Guerrero Negro, extremo norte del estado, con una sola carretera. “Hay comunidades y rancherías que están conectada solo por terracerías, y todavía están aisladas porque fueron trozadas por las inundaciones. Y allá no está llegando la ayuda”, dice Juan Gómez.
Sólo por concepto de infraestructura carretera estatal y urbana, el estado solicitará más de 500 millones de pesos, dice en entrevista Iván Gaxiola, periodista de BCS noticias. Explica que en La Paz la luz eléctrica se restableció el 95 por ciento, mientras que en Los Cabos nada más el 30 por ciento.

“No va a abrir ningún hotel hasta el 1 de octubre, y apenas este lunes van a abrir algunas tiendas departamentales; ahora están abriendo solamente negocios pequeños en coordinación con las autoridades de seguridad pública para mantener el orden”.

Incluso, agrega, “34 mil personas de Los Cabos se vinieron a La Paz, gente que tenía familiares o que llegó para hacerse una nueva vida”. Las autoridades esperan restablecer la actividad económica y turística en Los Cabos para mediados de octubre, explica.

Pero, a exacerbar la dualidad, están también las elecciones locales, que se llevarán a cabo el próximo febrero, como concluye Juan Gómez: “Todo se está manejando de forma mediática, e incluso politizando. Se está viendo ya como competencia entre partidos, ‘yo di tanto y yo tanto’. A la gente no le interesa quien le esté dando, lo importante es que los apoyos aterricen, y en las zonas más necesitadas”.