Las Jefas

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    Seis y media de la mañana. Martha se prepara para salir a trabajar. Antes de dejar su casa da indicaciones a su esposo acerca del uniforme, el desayuno de sus hijos y el procedimiento a seguir para terminar de preparar la comida de ese día.
    Catorce horas más tarde abandona su oficina y regresa a casa para vigilar que los niños hagan la tarea, preparar alimentos para el siguiente día y despedir a su marido que trabaja de noche en una fábrica.
    De acuerdo al censo de 2000, realizado por el INEGI, el 45 por ciento de las mujeres jaliscienses realizan actividades productivas. Muchas de ellas tienen una jornada laboral de más de ocho horas que les impide estar en casa y atender a sus hijos “como Dios manda”.
    En la mayoría de los casos el cónyuge sustituye a la mamá en la atención y el cuidado de los niños, cuando éste concluye sus ocupaciones.
    Un mayor grado de escolaridad y el cambio de las costumbres culturales en México, son los principales factores para que las mujeres ocupen mejores puestos dentro del mercado laboral, y por ende, obtengan mayores ingresos económicos, incluso que sus parejas.
    Tal situación ha modificado los roles y relaciones al interior de la familia, pues los hombres son copartícipes de la crianza y cuidado de los menores, consideró la funcionaria del Instituto jalisciense de las mujeres, íngeles González.
    “Hay mujeres que ganan más que el marido y logran posicionarse en un buen empleo, por lo que su pareja asume el rol que le tocaba a ella”.
    La crisis económica que prevalece en el país ha hecho que las mujeres deban trabajar a la par que el hombre, por lo que las costumbres y la forma de pensar de estos ha cambiado, señala la especialista en terapia familiar sistémica, Teresa de la Mora Melo.
    Sin embargo, en la mayoría de los casos la mujer sigue teniendo “la obligación” de mantener en orden la casa, pues aunque el marido se muestre dispuesto a colaborar, éste se limita al trabajo que representan los hijos, sin involucrarse mucho en el aseo doméstico.

    Negociar o divorciarse
    Que las mujeres salgan a trabajar, ganen su propio dinero (incluso más que el esposo) y “descuiden” su casa, genera luchas de poder y problemas psicológicos entre las parejas no bien consolidadas, al grado de que las diferencias pueden llevar a la ruptura definitiva.
    Los hombres de mujeres existosas pueden sentirse menos y tener herida su autoestima y masculinidad. En contraparte, en ellas es común el sentimiento de culpa.
    “Hay matrimonios que asimilan la nueva dinámica y saben negociar las tareas que le tocarán a cada miembro, pero a otros les cuesta más trabajo esta adaptación. El hombre tiene la idea de que, aunque trabaje, la esposa debe tener al día su casa y sus hijos”, explicó de la Mora Melo.
    Es imposible que una persona que trabaja más de ocho horas diarias pueda dividirse en tres para desarrollar las labores de su empleo.
    La investigadora del Departamento de Trabajo Social, de la UdeG, quien ha dado terapia a parejas con estos problemas, afirma que a menudo el hombre considera que puede “dar permiso” a su esposa para trabajar, siempre y cuando “no descuide su casa y su familia”.
    “El hombre sigue pensando que la mujer es para su servicio, pero cuando ella tiene un empleo, se relaciona con otras personas y conoce otros mundos fuera del hogar, de manera que llega a un punto en que éste ya no satisface sus expectativas de crecimiento”.
    Afirma que si la mujer no se siente comprendida por su pareja, puede tomar la decisión de divorciarse. En la mayoría de los casos acontece de esta forma, a no ser que haya una relación de subordinación fuerte ante el hombre.
    El Instituto jalisciense de las mujeres atendió el año pasado solo cuatro casos de mujeres en tal situación, los cuales fueron canalizados para que tanto los maridos como ellas recibieran asesoría psicológica.
    “Hay problemas que las mujeres no se atreven a contar, porque creen que son cuestiones de pareja que pueden resolver por sí mismas. Sin embargo, resulta difícil que una pareja pueda salir sin la ayuda de terceros”, comentó la funcionaria del instituto.
    De la Mora Melo coincide en que la única solución para este tipo de parejas es el tratamiento psicológico.
    “No puede ser posible que salgan solos de un conflicto, porque el problema más grave consiste en que los padres heredan los patrones de conducta a los hijos o en el menor de los casos, los manipulan para tratar de nivelar sus relaciones de poder.”
    Recomendó una terapia breve centrada en el problema específico que los esposos están viviendo, en la que además podrían obtener resultados relativamente rápidos, siempre y cuando ambos tengan la disposición y las ganas de reconocer los derechos y las necesidades del otro.