La sombra del pasado

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Heil, mein Führer”, solía decir Anders Behring Breivik, neonazi de 33 años. Con su puño en el aire, haciendo el saludo fascista, sin un ápice de arrepentimiento. Así se dejó fotografiar cuando la juez Wenche Elizabeth Arntzen lo condenó a la pena máxima por haber asesinado a 77 personas en Oslo, Noruega.

En pleno siglo XXI, el resurgimiento del neonazismo es una realidad que hace erizar la piel. Cuando se estrenó en 1998 el filme Historia Americana X, protagonizado por Edward Norton y dirigido por Tony Kaye, se desató la polémica. Algunos críticos se quejaron de que aquello era demasiada ficción.

Jóvenes con cabezas rapadas y esvásticas tatuadas al pecho, ultrajando a afroamericanos, latinos y orientales, mientras proclamaban la supremacía de la raza blanca (el White Power) ante los “intrusos” que “osaron invadir” los barrios californianos que supuestamente sólo deberían ser para los anglosajones, eran parte de la iconografía construida en ese guión cinematográfico.

Pero hoy la realidad no se aleja mucho de la película. Las manifestaciones se han ido multiplicando. Grupos de música punk que invocan al Führer. Camisetas con los números 18 u 88 (que según el orden de las letras en el abecedario significan “Adolf Hitler” y “Heil Hitler”).

Pandillas de neonazis que irrumpen en estadios de futbol con garrotes en mano en ciudades españolas como Cieza, Sevilla o Madrid. Simpatizantes de esta ideología que asesinan inmigrantes negros en Suecia y neonazis que en Alemania han sido acusados de decenas de muertes.

Pareciera que el vaticinio de Hitler, quien alguna vez dijo “Mi espíritu se levantará de mi tumba”, se está haciendo realidad.

Y también los hay en Estados Unidos y Latinoamérica. Incluyendo México y hasta Jalisco, donde medios digitales escribieron sobre un grupo, no tan explosivo como los del viejo continente pero no menos apasionado, formado por algunos miembros del Partido Acción Nacional que, ataviados en trajes militares, presumieron en las redes sociales su devoción por Hitler.

“Es una especie de resurgimiento de posiciones conservadoras muy extremas, a propósito de lo que sucede a nivel global y que van contra un proceso contundente de reconocimiento de la diversidad sexual, racial y cultural. Me parece que grupos conservadores de extrema derecha buscan parar esa diversidad a pesar que no tiene reversa, y algunos se ligan a estos movimientos neonazis”, indica Rogelio Marcial Vázquez, investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social de la UdeG y comisionado en el Colegio de Jalisco.

El especialista señala que los casos ocurridos en México y particularmente en Jalisco son más complejos de entender, porque las motivaciones no surgen del factor racial, sino que en estas tierras esos movimientos más bien están ligados a la defensa del catolicismo de derecha ante los embates de sujetos sociales que tienen que ver con la diversidad ideológica, sexual y cultural.

Neonazis de closet

En México abundan los seguidores de la ideología de Hitler, “pero nadie se atreve a expresarlo, porque políticamente es incorrecto”, dijo Salvador Borrego, autor de libros sobre filonazistas y antisionistas, en una entrevista del 2008 con el periodista Álvaro Delgado.

Quizá eso explica que, durante décadas, se han vendido miles de ejemplares de su libro Derrota mundial, obra seminal del fervor neonazista en México y que ha sido texto de cabecera hasta para algunos grupos de pastoral católica, junto a otro volumen de Rogelio González Orendain titulado Plan de Dominación Mundial.

Ambos pregonan la existencia de una “fuerza misteriosa” (formada por judíos), enemiga de la “Iglesia de Cristo”, que derivó en la Francmasonería. Además defienden el actuar del tribunal de la Santa Inquisición y  reprochan que la gloria de la Independencia de México se le atribuya al “masón” Hidalgo y no al “católico” Iturbide. Además, enarbolan la doctrina conocida como Revisionismo, es decir, la negación del holocausto judío.

Laura Ibarra García, coordinadora del Centro de Estudios Europeos, explica que en pleno siglo XXI este movimiento sigue estando cimentado en las mismas cuestiones ideológicas que llevaron a los nazis al poder en la Alemania de los años 30: la superioridad de la raza aria, el antisemitismo y el desprecio a la democracia, acompañado de la obediencia ciega a un líder, y una serie de símbolos y rituales donde el individuo desaparece y la masa pasa a ser la protagonista.

“En Latinoamérica lo que resulta atractivo a jóvenes son las cuestiones simbólicas, rituales, y que se crean grupos donde encuentran lo que no hay en casa o escuela, la creencia de que juntos son fuertes y la violencia como medio para imponerse, así como la necesidad del líder y la obediencia que se vuelven atractivas para chavos sin éxito”, indica Ibarra García.

Y, a diferencia de otros estados de la república, Rogelio Marcial considera que en Jalisco sí hay ciertas condiciones históricas, sociales y culturales ligadas a una ideología más de derecha, si no de pureza racial sí de una negación del pasado indígena.

“Jalisco podría representar un caldo de cultivo para expresiones violentas y argumentos sin razón, pero más que un foco rojo, hay que entender que es una llamada de atención para prevenir. Me parece que es un espacio que puede potenciar otro tipo de violencias y actitudes extremas que aparecen en la sociedad jalisciense”, concluye.

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