La satanización como estrategia

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La tendencia a satanizar las prácticas o deidades de otras religiones, aún vigente entre algunos católicos (y más general en seguidores de otros sistemas religiosos), no es nueva y tiene parte de sus antecedentes en la evangelización europea y posteriormente la que tuvo lugar en Mesoamérica, donde los españoles identificaron a los dioses ya sea con el diablo o con entidades demoniacas.

El Diablo es Satanás desde una visión católica, o también Lucifer (el portador de luz), el ángel más perfecto de la creación que se rebela contra Dios y es derrotado por San Miguel Arcángel. En consecuencia recibe como castigo convertirse en un ser aberrante y representación del mal.
El historiador Carlos Loza Gutiérrez, egresado de la Universidad de Guadalajara, afirma que los evangelizadores de Europa señalaron como el Diablo al dios griego de los pastores, Pan, y en México, específicamente en lo que fue el Reino de Nueva Galicia, los misioneros dieron la misma identidad al dios Tlacatecólotl.

Al dios Pan le atribuían los griegos el ser muy perezoso como una de sus características, ya que según los mitos le agradaba estar dormido, y cuando algún mortal lo despertaba le infundía miedo desesperado; de ahí la palabra pánico. Posteriormente le agregarán características del dios Cernunnos de los celtas, relacionado con la fertilidad, cuyo rasgo particular son los cuernos de ciervo y algunos atributos del dios Thor, protector del rayo y el fuego.

Durante la conferencia “Manifestaciones diabólicas en la Nueva Galicia”, Loza Gutiérrez destacó que en los pueblos prehispánicos la figura del Diablo no existía, había dioses que a la vez eran benignos y malignos. Dependiendo las acciones de la gente podían llenarla de bendiciones, pero también tenían el poder de destruir a la humanidad.

Los primeros misioneros españoles, después de conocer las creencias de los indígenas, determinaron que Talcatecólotl (El hombre Buho) era el diablo por las características que le daban: según las creencias acostumbraba atacar a las personas por la noche y las asustaba.

Los sacerdotes de ese dios, a los cuales se les denominaba nahuales, fueron denominados brujos, a los cuales se les atribuyó el poder de transformarse en animales para atacar a las personas que querían dañar.

En cuanto al resto de los dioses de los pueblos mesoamericanos fueron relacionados ya sea con el diablo o con demonios menores.