La reinvención de Vargas Pons

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El camino de la redención para San Francisco de Asís llegó de la mano de un serafín de seis alas. La carne hinchada y ennegrecida de sus manos, emulando las heridas de los clavos que resonaron al tronar los huesos de Cristo, y sus llagas sangrantes lo confirmaban: nada quedaba de aquel pecador entregado a los vicios y placeres más viles. Ahora se trataba de un ser que, incluso, era capaz de expulsar demonios en Arezzo.

No todos cuentan con la gracia de la conversión. Al pintor tapatío Carlos Vargas Pons esta virtud se le concedió, precisamente desde la reflexión profunda de aquellos estigmas del santo de Asís. Su proceso de sanación espiritual ha ido ligado a una evolución creativa. Hoy vive un momento de versatilidad e inventiva rebosante. Cada cuadro, desmenuza su propia línea narrativa para saltar de una escena a otra sin sujeción a norma alguna. 

La reinvención de Carlos Vargas Pons se pormenoriza ampliamente en la exposición “Pasión es Passio”, que abre del 27 de julio en el Museo de las Artes (MUSA) de la Universidad de Guadalajara. La experiencia mística de los santos, pero también los libros, la arquitectura y cuadros con escenas deportivas, forman parte de este conjunto de treinta y tres obras, agrupadas en cinco líneas temáticas.

La mayoría de las piezas están realizadas en formatos grandes, de dos metros por un metro cuarenta, aunque hay algunas de hasta cuatro metros. La técnica es óleo sobre tela. Vargas Pons no sólo es un autor prolífico, sino versátil. Y aunque en la muestra aún sobreviven algunos de los “bañistas” que tanto gustaron al público por esa técnica impecable para retratar las nada sencillas escenas acuáticas, lo que se presenta en su regreso al MUSA es totalmente distinto.

“La mayor parte de los pintores encuentran una línea temática, una forma de expresarse y se quedan en ella trabajando a gusto, a veces lustros o décadas. En mi caso no ha sido así. Para mí es tan importante como respirar el investigar y tocar diferentes formas expresivas”, dice el pintor.

Los santos
Vargas Pons es un hombre abrazado a su fe. A pesar de que se mueve en un ambiente en el que el discurso agnóstico es lo más común y hasta políticamente correcto. Pero él está convencido de que la emancipación interna supera cualquier barrera. Esa línea temática se plasma en uno de los núcleos de la exposición, denominado “Cielo y Tierra”.

“Esto viene a partir de un proceso de conversión de unos diez años para acá. Alguna vez que estaba yo elaborando un cuadro partiendo de una pieza de uno de los frescos del Giotto sobre la vida de San Francisco de Asís. Esta obra trataba el tema de la proyección de los estigmas de San Francisco. Cuándo yo me pregunto qué está sucediendo en la obra, me parece necesaria la investigación de ese proceso. Compré una biografía de San Francisco de Asís. Me apasiona, y consigo más biografías. De ahí fue el inicio. Esa biografía de San Francisco fue el gancho que eligió Dios para rescatarme”.

El estudio de los santos ha sido primordial para Vargas Pons. Durante cinco años realizó un profundo trabajo de investigación en la vida e impacto social de estos personajes. Y San Francisco no es la única figura que lo magnetizó. Otro santo más actual, San Maximiliano Kolbe —quien  murió en un campo de concentración Nazi luego de una larga agonía de hambre y maltrato—, también lo cautivó. Sobre todo su rostro, el cual es reflejado de forma grandilocuente en uno de los más bellos cuadros de la exposición.

“Me doy cuenta sólo después de estos años de profundización y de estudio de la fe católica, que no conocía nada de ella. Te quedas únicamente en la preparación de la primera comunión, que es prácticamente nada. Y con eso quieres navegar en un mundo donde el discurso ateo y agnóstico domina los medios de comunicación y te enganchas en él, pero sin conocer, o incluso deja uno el catolicismo sin realmente haberlo conocido”.

Hombres de sombrilla y polípticos que abruman
No todo son santos en la obra de Vargas Pons. Lo primero que recibe al espectador al entrar al núcleo “Entre páginas”, dedicado a los libros, es un gran políptico que sacude el pecho. Imposible no abrumarse con aquel lienzo de escenas fragmentadas. Lo que para algunos es una repentina efusión de imágenes en un solo golpe de vista, para el autor tiene una explicación menos abstracta: se trata de una enciclopedia hecha cuadro.

“Tanto las imágenes como los bloques de texto que vemos, reflejan lo que uno ve en las enciclopedias. Para nuestra generación fue fuente para hacer nuestras tareas. Las imágenes y el ordenamiento editorial de enciclopedias como la Salvat me dejaron marcado. Es retomar lo que eso provocaba en mí y se fue acumulando en mi memoria, para reflejarlo en forma pictórica, contemporánea y personal. Para mí es el pretexto para mezclar imágenes que tienen que ver con arte, ciencia, historia”.

Un artista boyante
Vargas Pons trabaja nueve horas al día. Y eso se proyecta en su creatividad boyante. Ciudades futuristas, hombres jugando rugby en la sala de estar y escenas iluminadas entre esferas; y hasta  un guiño a Diego Rivera. También los arquitectos Norman Foster, Richard Meyer y Álvaro Siza, reflejados en el núcleo titulado “Interior-Exterior”.

“Premoniciones”, es un núcleo que ofrece collages, en los que se trabajan elementos de pintores de distintas épocas y estilos, y se conjugan en una sola pieza. Y uno de esos personajes es el hombre de la sombrilla, que aparece furtivamente en varios cuadros.

“Esta serie tiene que ver con el calentamiento global, por ello aparecen personajes femeninos y masculinos preparándose para el infierno que viene. Este hombre de la sombrilla apareció en un cuadro de Gustave Caillebotte, llamado Paris un día lluvioso. Lo retomo y hace un buen juego con su similar femenino que tomo de una de las pinturas de Joaquín Sorolla, un impresionista que trabaja a finales de 1800 y principios de 1900”.

La reinvención
La reinvención de Vargas Pons ha sido posible gracias a los apoyos específicos para artistas plásticos: “Para mí han sido muy importantes los apoyos que he tenido del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, he tenido en dos ocasiones la beca que se llama jóvenes creadores y en la de creadores con trayectoria, que me hace formar parte del Sistema Nacional de Creadores, que es del 2015 al 2018. Ha sido parte fundamental para que pueda continuar con mi producción. El mercado del arte es impredecible y lo afectan mucho las crisis económicas, y es imprescindible para nosotros contar con este tipo de apoyos”.

Las historias que narra Vargas Pons, reflejan ese afán de reinventarse, y de salir de la penumbra de quienes prefieren mantenerse en la comodidad de una misma línea temática. O como alguna vez lo dijo él mismo, en marzo de 2008: “El arte no es una meta, no es el destino último. El arte, pese a su chispa espiritual, sigue y seguirá siendo una señal bastante material que tiene el mismo potencial para indicarnos el camino hacia la luz, que para tomarnos de la mano y conducirnos a la oscuridad, justo al lado de una hueste innumerable de intelectuales narcisos, que se ha podrido con todo y cigarro, fama y copa en la mano”.