La isla de la lucha

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    “La tierra es de quien la trabaja”, es una consigna que se materializa todos los días en una población fundada antes de que Zapata la pronunciara: en Mezcala de la Asunción, poblado situado en la ribera norte del lago de Chapala, perteneciente al municipio de Poncitlán, que se caracteriza por su población indígena y su organización comunal, núcleo que desde hace años lucha para proteger la tierra que ha sido su sustento por siglos.

    La resolución presidencial firmada por Luis Echevarría en 1971 y publicada en agosto de 1974, “reconoce y titula a favor del poblado Mezcala una superficie de tres mil seiscientas dos hectáreas con veinte áreas”, de las que sólo los mezcalenses pueden ser propietarios.

    Sin embargo, después de una temporada de calma, los habitantes de la zona denunciaron que en 1999 Guillermo Ibarra Moreno, un empresario tapatío, invadió una zona comunitaria en el Cerro del Pandillo. Usó a Crescenciano Santana Sánchez, integrante de la comunidad, como prestanombre. En 2002, la asamblea comunal decidió iniciar un proceso legal para la restitución de las hectáreas invadidas. A los comuneros les prometieron dar dictamen de sentencia en marzo del presente año.

    La vulnerabilidad del territorio continúa, porque el gobierno de Jalisco no reconoce a Mezcala la legitimidad como comunidad indígena, ya que no tienen los elementos culturales necesarios, es decir, vestimentas típicas y lengua propia.

    La doctora Adriana Hernández García, profesora investigadora del Centro de Estudios de Desarrollo Sustentable, del Centro Universitario de la Ciénega, quien ha hecho investigaciones sobre Mezcala, cree que la razón para no otorgarles este reconocimiento es “porque al Estado no le conviene, porque con ello los comuneros podrían defenderse con el tratado 169 de la OITE, que señala que los pueblos indígenas tienen una legitimidad sobre sus tierras, sus costumbres y toda su forma de vida. Desconocer esta identidad es para no respetar los derechos que por su origen tienen. Los tratan como al resto de los mexicanos, para restarles defensas legales internacionales”.

    La lucha de los mezcalenses para defender sus tierras tiene antecedentes que remontan a la Independencia. Santiago Bastos, investigador del CIESAS occidente, narra en su estudio La nueva defensa de Mezcala: un proceso de recomunalización a través de la renovación étnica, que entre 1812 y 1816 los indígenas, dirigidos por el sacerdote Marcos Castellanos y dos comuneros (Encarnación Rosas y José Santana), resistieron el cerco de las tropas realistas en “el corazón de la comunidad”: la isla de Mezcala. En los cuatro años siguientes no lograron desalojarlos de allí. El resultado de la resistencia, que conllevó la restitución de las propiedades, es la base de un profundo orgullo local y el constante recuerdo de que deben bregar por su autonomía.

    Con dichos antecedentes, hace unos años nació el Colectivo Mezcala, conformado por un grupo de jóvenes que veía a la comunidad desde otra perspectiva: se identificaba como pueblo coca y tenía cierto arraigo con la ideología zapatista. El colectivo logró que fuese realizado en Mezcala, en noviembre de 2006, el Foro Nacional de Defensa de la Madre Tierra y la Autonomía Indígena, que contó con la presencia de dos comandantes del EZLN. Los principales cambios que han efectuado son la renovación del censo y la redacción del Estatuto que establece las normas por las cuales se rige la comunidad.

    Manuel Alejandro Jacobo Contreras, miembro del Colectivo Mezcala, dice que “el territorio para nosotros implica mucho, no sólo una fracción de tierra. Casi todo el territorio tiene algo de historia. El simple hecho de que alguien se apodere de una parte de la comunidad, implica que está robando una parte de sus usos y costumbres”.