La evolución de la biología

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El movimiento intelectual del siglo XIX tuvo origen en la secularización de las ciencias y las humanidades. Los grandes avances del conocimiento llegaron a partir de un universo laico, señaló el biólogo Antonio Lazcano Araujo, durante la conferencia magistral “La chispa de la vida”, impartida el pasado martes 6 de septiembre en el Paraninfo Enrique Díaz de León dentro de las actividades de la Cátedra Latinoamericana “Julio Cortázar”.
 


Lazcano Araujo dijo que vivimos en un universo de cambio evolutivo y laico que no necesita una explicación divina para ser entendido. Explicó que hoy prácticamente todas las culturas y todas las religiones aceptan que una persona con muerte cerebral done sus órganos, porque se dice que un individuo está vivo sólo si presenta actividad cerebral. “Este concepto da éxito a los trasplantes de órganos”, porque no obstante que el cerebro ya no tenga vida, el corazón, las córneas, la médula espinal, el hígado, los riñones, y en general todos los órganos siguen vivos”.
 


En ese mismo sentido, agregó que cuando un esperma fecunda al óvulo y comienza la gestación tenemos vida, pero no es una persona. “Al individuo lo reconocemos como tal en el momento en que tiene actividad cerebral perfectamente visible”, subrayó.


El también director del Centro Lynn Margulis de Biología Evolutiva, con sede en las Islas Galápagos, de la Universidad de San Francisco de Quito, dijo a los casi 400 asistentes a su conferencia: “Hoy no se puede entender la vida sin conceptos como RNA, DNA, ribosomas, membranas o proteínas; pero si se lee el concepto de vida en libros de biología de hace 70 años, verán que hay conceptos como protoplasma relegados de la biología contemporánea”, resaltó.

Cambio de actitud
En un evento previo a la Cátedra, Lazcano Araujo dijo que los biólogos deben tener una actitud ecléctica respecto al conocimiento.
 
“Todo biólogo, por definición, tiene que estar interesado en la evolución”, por lo que “si algo entendemos rápidamente, es que tenemos que ser muy ecléticos; tenemos que tomar información de la paleontología, la embriología, la biología general, la biología molecular, la genómica, no podemos desdeñar ninguna de estas áreas, y todas son igualmente importantes para entender el fenómeno de la vida”, dijo.

Profesor y responsable del Laboratorio Origen de la Vida de la UNAM, así como miembro de El Colegio Nacional, participó en el seminario “El mundo del RNA”, el lunes 5 de septiembre en el Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA).



El científico habló sobre el origen de la vida, tema “inacabable” y que cambia —ya que la investigación es multi e interdisciplinaria— y quienes lo estudian se nutren de descubrimientos, por ejemplo, de astronomía.

También habló de la historia y la evolución de las ideas en torno a la molécula del ácido ribonucleico (RNA).
 
El RNA fue una entidad biológica tratada como el “patito feo” de la biología subcelular, “una molécula que era vista como un medio intermediario, pero que ahora nos damos cuenta de que juega un papel absolutamente central, no sólo en los procesos celulares”, sino que es indispensable para entender el origen y la evolución temprana de la vida.



Lazcano Araujo recordó a científicos como Charles Darwin, Aleksander Oparin, Ernst Haeckel, entre otros. Por ejemplo, del primero destacó su obra El origen de las especies, de 1859. “Uno puede dividir no sólo a la biología sino a toda la cultura, en antes de Darwin y después de Darwin”.
 


El libro llega a México “en un momento espléndido, cuando los conservadores habían sido derrotados y había el empeño por construir una cultura con una república laica; Darwin es aceptado de inmediato por los liberales, y por buena parte de los mexicanos que se dan cuenta de que no es una teoría que esté buscando acabar con una visión religiosa o mística, sino que es una teoría que explica, en realidad, la diversidad biológica”.