La censura y WikiLeaks

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El asedio contra el portal WikiLeaks y su figura principal, Julian Assange, es un episodio más de la lucha infatigable del poder estatal por suprimir las fuentes de información alternativas, que a través de la internet amplían el espacio público de nuestras sociedades en la era de la información digital.
Assange desató la ira del imperio al anunciar la publicación de más de 250 mil documentos de la diplomacia mundial estadunidense, apenas unos días después de que había publicado los Diarios de guerra de Irak.
“Nosotros creemos que la transparencia de las actividades gubernamentales conduce a reducir la corrupción, a una democracia más sólida y a un mejor gobierno”, señalaban en su sitio electrónico en 2006, año de su creación.
WikiLeaks cuenta con un equipo realmente pequeño de personas de tiempo completo y una red de varios cientos de voluntarios, entre los que se encuentran periodistas, abogados, analistas y especialistas en derechos humanos, quienes contribuyen a la filtración, investigación, verificación y –sólo posteriormente– publicación de los documentos, a través de mensajes de correo electrónico encriptados.
Con anterioridad, WikiLeaks había publicado más de 76 mil documentos sobre operaciones militares estadunidenses en Afganistán (en julio) y casi 400 mil sobre Irak (en octubre). En abril había publicado el video del asesinato en Bagdad de dos empleados de la agencia de noticias Reuters y otras 10 personas por soldados estadunidenses que los atacaron desde un helicóptero Apache, sin que existiera motivo alguno. Reuters había solicitado previamente dicho video, sin conseguir que las autoridades de Estados Unidos se lo proporcionara.
Según Assange, WikiLeaks ha enfrentado cerca de 100 demandas legales, de las cuales habían resultado ganadores, pues su actividad no constituye delito.
El caso de WikiLeaks reúne una serie de elementos característicos de los conflictos de la “sociedad de la información”: difusión electrónica global de información de Estado confidencial, ataques cibernéticos a los portales de Internet de los protagonistas y de otros implicados, actuación de redes sociales transnacionales y presión política sobre sitios electrónicos como Facebook y Twitter, para negar servicios y proporcionar información de usuarios.
El caso muestra, una vez más, que en la sociedad de la información el saber tecnológico y la organización en red pueden otorgar a los ciudadanos una gran capacidad operativa para enfrentar en los diferentes campos a los poderes dominantes más fuertes, al generar diversos procesos sociales a partir del manejo creativo y oportuno de la información mediante el uso de tecnologías digitales.
Si bien es verdad que no todos los documentos son de igual trascendencia, esto no basta para escatimarle reconocimiento a la función que ha cumplido precisamente en el fortalecimiento del espacio público, condición para la formación, organización y participación social y política de los ciudadanos.
Evidentemente la embestida contra Assange y WikiLeaks no acabará con este tipo de iniciativas. Mientras subsistan necesidades insatisfechas, el aprendizaje de la sociedad ideará más y mejores proyectos de publicación de las formas corruptas y abusivas de ejercicio del poder del Estado y de las gigantescas corporaciones empresariales, así como iniciativas de organización y participación, aprovechando las grandes ventajas de comunicación que ofrecen las tecnologías electrónicas.
El ataque de Washington parece tener más bien el sentido punitivo y disuasorio de las aparatosas ejecuciones públicas de los herejes en la Edad Media, lo que hace previsible que obtengan un resultado semejante: el fracaso.
Desde el momento mismo de la detención de Assange, WikiLeaks no ha dejado de publicar nuevos documentos y ha revelado que trabaja en la integración de otros “diarios”, como llama a los expedientes que publica, entre los cuales figuran miles de documentos de corporaciones multinacionales. Anteriormente había mencionado su interés en organizar un trabajo semejante a escala local, en coordinación con periódicos de cada ciudad.
Lejos de imposibilitar mediante ataques cibernéticos el acceso al sitio de WikiLeaks, el conflicto ha provocado la multiplicación de “sitios espejo”, donde es posible conocer los documentos filtrados. También otros grupos han anunciado crear nuevos sitios electrónicos para filtración de información, además de que colocó en la atención mundial el problema de la censura en la red y dio al movimiento de defensa de la libertad de expresión un notable impulso.