God Save America

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    Hemos visto –cual voyeristas empedernidos– los triunfos y las tragedias de Estados Unidos durante mucho tiempo. Sus revoluciones sociales han sido nuestras revoluciones, sus guerras han sido nuestras guerras, sus prodigios han sido nuestros prodigios, su arte ha sido nuestro arte.
    La gran América citada por poetas como Walt Whitman ha sido para nosotros el último espacio en la tierra donde la utopía podría realizarse. Otro poeta, Ezra Pound, trata con sus Cantares de situar a Estados Unidos como parte fundamental de la sagrada estirpe humana. El célebre vate (admirado por los beatniks) pediría un modesto perdón al final de este gran poema “por intentar escribir el Paraíso”.
    Albert Camus escribió en su ensayo El hombre rebelde, que la novela estadounidense era el espacio de “los hombres sin memoria”. Y casi todo su arte parece también obra de desmemoriados, pero qué agradable es ser ingenuo e irresponsable, qué privilegio estar por encima de la historia. Aunque sólo las mentes preclaras de este pueblo (más que creyente, crédulo, como lo describiera Octavio Paz) han podido levantarse como videntes para una civilización que comparte su decadencia.
    A los ya descritos habría que añadir nombres como Edward Hoopper, Henry Miller, William Faulkner, Jackson Pollock, Orson Welles, Charles Bukowski, Jack Kerouac, Richard Avedon, Allen Ginsberg, Andy Warhol, Silvia Plath, Hunter S. Thompson, Bob Dylan, Lou Reed, Martin Scorsese, Matt Groening, Chuck Palahniuk, Bret Easton Ellis y Paul Thomas Anderson.
    El escritor italiano Giovanni Papini en su diario señaló que Estados Unidos podría conquistar al mundo en la medida que encontrara “un pensamiento, una idea grande y una palabra nueva”, y son estos artistas los que han construido con su percepción el concepto más creíble de lo que es ser “americano”. Estos alquimistas se convirtieron en verdaderos sadhus para un occidente que en su mayoría se ha quedado sin ideas y sin espíritu.
    Escribe Henry Miller en Sexus: “Para llegar a ser el gran amante, el magnetizador y catalizador del mundo, primero hay que experimentar la profunda sabiduría de ser un tonto de remate”.
    Dios salve a los americanos, el pueblo más tonto de la historia.