Gays ruidosos

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    El motivo por el cual les escribo es respecto de un reportaje que se publicó la semana pasada. Hace alusión a que las autoridades del ayuntamiento están hostigando a dueños de bares gays para que no operen en el centro histórico.
    Yo vivo y trabajo en el centro desde que mi familia se mudó a esta ciudad. He visto por 30 años cómo ha cambiado. Si todos tenemos derecho a una orientación sexual diferente, también es cierto que tenemos derecho a proveer nuestro sustento diario, ya sea como empleados o como dueños de negocios. Lo que no me parece es que todos tengamos derecho a defecar en la calle, a estacionar en lugares prohibidos, a no respetar ni el nivel de ruido, ni los horarios, ni mucho menos a sacar licencias municipales en las que tienen registrados giros de “birrieria o restaurante”, tampoco a vender drogas, a contratar menores de edad, a amenazar a vecinos y transeúntes, a romper vidrios de otras fincas por venganza mal entendida, porque lo único que pedimos es que respeten las disposiciones que les aplican. Es muy bonito sólo exigir derechos, pero ¿estamos dispuestos a cumplir obligaciones? Queremos respeto, pero ¿estamos dispuestos a respetar?
    No es una lucha del ayuntamiento contra los gays. Es un intento de que se apliquen los reglamentos como deben ser aplicados, a personas que aparte de intentar engañar a la autoridad, no pagan impuestos, no pagan seguro social, venden drogas, venden alcohol a menores, emplean a menores de edad, personas que hemos visto drogándose en la calle. ¿Quieren que respetemos sus derechos? Pues es tiempo que ellos respeten a las familias que vivimos y trabajamos en esta zona.
    También los vecinos tenemos nuestra historia. Hagan una investigación a fondo del problema, no sólo vean un punto de vista. Nosotros también tenemos mucho que decir, mucho que mostrar, mucho por qué quejarnos, pero lo más importante es que también tenemos DERECHOS y los vamos a defender.
    Espero que tomen en cuenta nuestro punto de vista.