Fanny Enrigue

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La sordina es una pieza intencionada para debilitar el sonido de algunos instrumentos musicales, sobre todo de viento, ahogando su intensidad hasta hacerlo más sutil. La escritora Fanny Enrigue considera que su nuevo poemario posee la misma cualidad. Sordina corresponde a su obra porque no es tan estruendoso como la realidad, ya que a pesar de ser una referencia de algunas notas rojas e incluso textos académicos serios, el libro no trata de conservar la rigurosidad que refleje precisamente cada referencia. “Algunas veces sólo tomé el título, otras me gustó lo que decía la nota. Entonces, en un primer momento, me pareció que de alguna manera la ficción podría ser una especie de sordina frente al estallido de la realidad. Sin embargo, algunos de mis lectores creen que los poemas contenidos en la obra son bastante rudos, y carecen de delicadezas, como es el caso del poeta peruano Mauricio Medo  —quien hizo la cuarta de forros— quien considera que el título es más bien una emboscada porque de sordina no tiene nada”, afirmó la escritora.

La autora tapatía (1976) estudió Filosofía en la Universidad de Guadalajara y realizó su maestría en Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid; ha participado en encuentros nacionales e internacionales de poesía, y ha publicado en diversas revistas y antologías. Presenta ahora su tercer poemario Sordina (Mantis editores) precedido por Sucesión de la sombra (Paraíso Perdido, 2007) y Prácticas de crueldad para el verano (El viaje, 2013).

¿Por qué utilizar la poesía como medio de expresión?

Como lectora no me limito estrechamente a la poesía, disfruto también de los ensayos, la filosofía y la narrativa, pero como escritora la poesía es lo que naturalmente se me da, lo que más me apasiona escribir. Llevo mucho tiempo escribiendo poesía, aun así debo admitir que cuando era adolescente no era una buena lectora, de alguna forma logré escribir algunos fragmentos que ahora considero atrocidades, ya que la lectura y la escritura van de la mano. Cuando desarrollé el gusto por los libros la escritura de poesía fluyó a la par, espontáneamente. Este género me atrae ya que posee más apertura, es un medio más atrevido. No es que la poesía sea superior a cualquier otra forma de expresión,  sino que  disfruto de una de sus cualidades principales: la libertad.

¿Cuál es la intención de emplear a la fantasía como conducto para escribir tus poemas?

La poesía, al contrario que la filosofía de la ciencia o la narrativa, no trata de dar un significado univoco a su contenido, es el estallido de sentidos en una misma frase, e  incluso en una misma palabra. El detonante para que escribiera estos poemas no eran precisamente los casos particulares, sino en general ciertas frases hilarantes. El eco en esta obra es el lenguaje, los hechos no dejan de ser relevantes, la buena poesía podría abordar temas ilimitados, el énfasis es el juego con el verbo, mencionar las cosas de un sinfín de maneras distintas, dimensionar un mismo hecho que había sido lingüísticamente determinado. Aun así me arriesgué a poner las referencias de cada caso exponiéndome a que se perdiera ese significado equívoco, me gustó el eco que genera con mi creación, tanto como herramienta y como diálogo.

¿Es tu libro un juego satírico entre la tragedia y la ironía?

En este libro tomé como referencia desde notas rojas, libros académicos serios, hasta Yahoo respuestas; ocasionalmente me encontraba algunas frases graciosas que lo fueron construyendo. Aunque muchas de las notas son terribles, puedes encontrar cierto humor en ellas, tal como señalaba Roberto Arlt  sobre la maravillosa cercanía e intimidad que guardan lo trágico y lo cómico. Es una burla a todo lo absurdo, de temas que eran considerados tabúes, como la homosexualidad —que ahora son tomados con más ligereza y aceptación— sin ignorar lo terrible e indignante de algunas situaciones. Me parece grotesco como elevan ciertas ideas o valores en determinado momento de la historia a inamovibles, y me gusta ver lo cómico en ello.