Fandango de los novios

    790

    Con teatro, música, danza y canto, Ismael García ívila agudiza los sentidos de quienes deciden sumarse al Fandango de los novios, puesta en escena a cargo del grupo folclórico de la División de Artes y Humanidades, del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD), que recrea una boda tradicional jalisciense de finales del siglo XIX.
    El público no solo permanece con ojos y oídos fijos en el espectáculo, sino que puede bailar en el escenario, comer, beber, oler o tocar.
    “La audiencia poco a poco descubre y utiliza sus cinco sentidos, ya sea para degustar tequila, oler una flor o saborear la gastronomía mexicana que ofrecemos en la puesta. También hay un espacio para bailar”.
    La obra será presentada en el hotel La nueva posada, de Ajijic, el 11 de marzo, a las 18:00 horas, y después en abril, del 25 al 29, en los museos de la Ciudad y Regional.
    Hasta cierto punto es como una cena-espectáculo. El eje consiste en una boda, y la cena resulta un ingrediente básico.
    Una vez que han comido todos, viene el baile de los novios: un verdadero fandango, porque el público tiene cabida en la pista o puede ser parte de la fiesta alrededor de sus mesas.

    La historia

    Fandango de los novios comienza con un personaje tradicional del barrio del Santuario: el “Polidor”, quien pregona las delicias gastronómicas de la zona.
    Continúa con el momento en que la pareja (una hacendada y un pastor) se conoce en una garita, fuente o pozo a donde iban las mujeres a bañarse, y el posterior cortejo de los novios.
    Entonces la hacendada decide contraer matrimonio, de manera que entrega al hombre un pañuelo, símbolo del compromiso formal de las nupcias.
    El tercer cuadro muestra las actividades previas a la fiesta. El punto fuerte consiste en la preparación de los alimentos típicos de la alta cocina tapatía, mismo que muestra cocineras dedicadas a tortear y cantar.
    “Estoy jugando con los sentidos del espectador. En ese momento tenemos prendidos cinco braseros de barro de Tonalá alrededor del público. Quemamos canela para propagar el olor, para que el espectador sienta que está en la cocina, donde preparan la comida que recibirá más tarde”.
    La boda viene después, con los novios y sus trajes tradicionales. La mujer es acicalada según las costumbres de antaño, cuando a las casas de las novias no acudían maquilladoras o peinadoras y la familia realizaba estas tareas.
    Cuando la pareja está lista, llega la cena: ensalada verde, pechuga de pollo con pipián, arroz a la mexicana, verdura de temporada y postre de mango.
    El cierre llega con el fandango, que incluye música, baile y canto.
    La duración de la obra depende de la participación del público: si decide entrar a la fiesta, puede durar hasta dos horas y media.
    El vestuario

    Además del baile, las canciones y la comida, sobresale el vestuario de los bailarines y actores.
    Al comienzo de la obra, la mujer viste un medio fondo con tres rebozos trenzados para la escena de los baños. El hombre usa calzonera de manta, huarache, bule, sombrero y gabán.
    “El segundo vestuario fue diseño mío. A partir de un traje típico de Jalisco, hecho de manta y listones de colores, degradé el tono del listón, para obtener un vestido elegante. También usamos el traje de china, del siglo XIX, empleado de manera frecuente en esta entidad. El hombre lleva traje charro de gala.
    “El vestido de novia es de manta. Tiene cola, como 400 metros de listón y otros 200 de tira bordada y encaje. Como tocado porta tres rebozos de santa María, de San Luis Potosí”.

    El presupuesto

    Fandango de los novios pudo surgir, en parte, gracias a una beca que Ismael García ívila recibió del Consejo estatal para la cultura y las artes (Ceca), así como de recursos propios de director y coreógrafo.
    Parte del vestuario, también costoso, ya lo tenía García ívila, porque además de su carrera en la danza, también ha dedicado tiempo al diseño de prendas. Incluso posee un taller y una costurera.
    “Tenía el monto económico de un premio nacional de danza, de hace dos años; uno atrás había concursado en otra beca, misma que me proporcionó otra cantidad en efectivo, y recibí algo en este, de manera que poco a poco he juntado para la producción de esta pieza”.
    En la obra participan 19 bailarines, egresados y estudiantes de la División de Artes y Humanidades, un coro integrado por Yolanda Pérez Borrado, Fabia Escamilla, Martín Vázquez Jiménez y Óscar Medrano Chávez, así como el grupo Medieros, dirigido por Víctor ívila Gutiérrez.