Experimentaciones oníricas

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Dominar el oficio fue la enseñanza que, con el ejemplo, predicó el pintor tapatío Jorge Martínez. A cien años de su nacimiento, instituciones como la Universidad de Guadalajara y el Instituto Cultural Cabañas rinden homenaje a quien es reconocido como uno de los mejores artistas plásticos de la escena local.

“El ejemplo del maestro Martínez es la fidelidad y la disciplina. Él insistía mucho en que los jóvenes tenían que aprender el oficio y dominarlo, les decía: ‘Antes de que te pongas a hacer experimentos, primero domina el oficio, las técnicas’”, comenta Javier Ramírez, quien fuera alumno del destacado artista y que recientemente realizó la curaduría para la exposición Jorge Martínez. Cien años. Experimentaciones oníricas, inaugurada el pasado 14 de julio en el Hospicio Cabañas.

Las sesenta y dos piezas que conforman la colección son muestra de ese precepto, pero además destaca una serie de cuadros que realizó Jorge Martínez durante seis años en distintos periodos para criticar a jóvenes que se presumían como vanguardistas, y que él consideraba que no eran más que imitadores de vanguardias que ya habían sido superadas.

“Él toma estilos que no son el suyo, pero lo hace con un dominio técnico y un conocimiento de la historia del arte y de los postulados estéticos de cada movimiento que, realmente, son obras muy sorprendentes, son piezas que solamente una vez exhibió en público”, relata Ramírez.

Para el curador, el artista demostró que podía hacer algo que estaba en el ámbito de lo moderno —con lo que él no comulgaba—, porque sabía dominar el oficio.

El hilo conductor que eligió Javier Ramírez fue el aspecto onírico, surrealista y fantástico que el maestro manejó en diferentes etapas de su obra, en las que hay siempre un misterio, un ambiente de fantasía, de sueño e incluso a veces de pesadilla.

No obstante, su propuesta fue más allá, buscó enriquecer la visión sobre el trabajo de Jorge Martínez incluyendo en su trabajo de curaduría una serie de aspectos que fueron poco conocidos.

“Las piezas que elegí demuestran que la capacidad creativa del maestro era muy amplia, que va más allá de encasillarlo en sólo un tema. Creo que su obra es tan vasta que se pueden hacer curadurías muy distintas, yo quise hacer esta propuesta diferente que ha sorprendido”.

Muestra de ello es la selección de piezas de arte-objeto, una serie de ensamblajes que Martínez hizo para divertirse o para su goce personal. Son una serie de cajitas que hacían sus ayudantes, pero que él supervisaba, y parte de la obra que el pintor no había querido mostrar y que se exhibe por primera vez.

Reconoce que los temas que le dieron un gran impulso a la obra del artista tapatío fueron sus niños con juguetes tradicionales, muñecas de trapo y resorteras, que gustaron muchísimo ya que las hizo con una gran maestría, pero, dice Ramírez, “yo traté de evitar esa parte de su obra, no por demeritarla sino porque quería enriquecer la visión del maestro”.

La mayoría de las obras para esta exposición son parte de la colección personal de su sobrina Josefina Camarena Martínez, dos más del Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara (MUSA), una del Departamento de Artes Visuales del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD) y tres más de un coleccionista particular de la Ciudad de México.

Se pretende que para la clausura de la exposición, en el mes de octubre, esté listo un catálogo de la obra incluida, en cuya elaboración trabaja la Universidad de Guadalajara, y agregó que se estarán organizando actividades paralelas, como por ejemplo conferencias.

“Es una buena oportunidad para que la sociedad reconozca a uno de sus grandes artistas, por haber creado la Escuela de Artes Plásticas, por su vasta producción, y porque verán que él tenía más intereses y habilidades que los aspectos ya conocidos”.

Orozco y Martínez

Entre los distintos pasajes que componen la extensa trayectoria artística de Jorge Martínez, en la que destaca su labor como profesor, creador y director de la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Guadalajara, Javier Ramírez habla sobre el rol del artista como aprendiz de José Clemente Orozco y Francisco Rodríguez Caracalla.

Narra que fue mientras Jorge Martínez trabajaba en el taller de Caracalla, en 1936, cuando José Clemente Orozco vino a Guadalajara a pintar sus murales en el Paraninfo, y en su búsqueda de un ayudante encontró a Martínez, quien trabajó con él en los murales que hizo en el Palacio de Gobierno —excepto en uno—, en el Paraninfo y en el Hospicio Cabañas.

En algunos de los trabajos de Martínez puede verse la influencia de José Clemente Orozco, explica Javier Ramírez, sin embargo éste logró mantenerse en su propio estilo, afianzado a la idiosincrasia mexicana.

“Según lo cuenta él mismo, Orozco le dijo: ‘Mire, Jorge, usted no me siga a mí, huya de mí como del demonio, usted tiene su propia personalidad, haga lo suyo, no me imite’. No obstante, hay algunos cuadros que desde mi punto de vista, tienen cierta influencia de Orozco, en algunos detalles, pero él superó esa influencia, que no era negativa, si no que le dio el impulso para perfeccionar y encontrar su propio estilo”.

Como profesor Jorge Martínez procuró insistir en lo mismo a sus alumnos, detalla Javier Ramírez, pero algunos de ellos también se apropiaron de sus temas, su estilo, los claroscuros, ciertos tonos de colores que eran preferidos de él, su forma de trabajar los volúmenes e incluso en la técnica misma de la piroxilina.