El unido baile de los solos

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Entran con las manos abiertas, sin llevar sujetada una mano ajena. Silenciosos, ingresan por las escaleras que conducen a Boedo Tango —lugar de milonga y baile en Boedo, uno de los barrios tangueros de Buenos Aires. Caminan unos pasos y se sientan de lado derecho del salón. Llega una mujer con vestido negro y dorado, tan delgada que el vestido talla chica le queda holgado; entra un hombre vestido de traje café y corbata azul, con ojeras que cuelgan de sus ojos. Los dos pagan su entrada de 30 pesos.
La soledad se queda en la puerta. Ningún letrero lo dice, pero esa es la zona de solos y solas. Más de treinta mesas con manteles amarillos, que resaltan con fachadas que simulan el colorido barrio de La Boca.
—Solloza, corazón, igual que un bandoneón. Estás penando… Y tus notas van fraseando recuerdos de su amor. Tango “Igual que un bandoneón”.
En la zona de los solos y las solas está el grupo que llega sin pareja, y alumnos de las clases de tango que se imparten antes de que inicie el baile. Con más de 20 años de experiencia y trayectoria, la maestra de baile, Alba “Titi” Charmiello, integrante de uno de los grandes bailadores de tango “Ballet Mayoral”, trabajó en México como profesora de tango y coreógrafa, de eso recuerda, “es más, Miguel Aceves Mejía, de la Asociación Nacional de Actores, él me giró el dinero a Argentina”.
Antes de dar el primer paso en la pista hay diálogo con la mirada. Entre los bailarines está Néstor Paladino, milonguero que viste su pulcro traje negro que contrasta con su cabello gris. Él cuenta del “cabeceo”: cuando el hombre mira a la mujer, la observa si ella le regresa la mirada, y él después mueve la cabeza, ese es el guiño de “salgamos a bailar”.
“Si de repente un señor se levanta y te saca a bailar o hubo una confusión, por respeto tenés que salir a bailar” —dice Alba, la profesora de tango.
Si la mujer concede una pieza aunque no fuera el bailarín que esperaba, el bailarín también debe ser cordial  ante un error. “Estamos vos y yo, él hace el cabeceo pero yo me levanto porque me confundo y que diga ‘con vos no, con ella’. Él tiene la obligación de bailar con la chica que se levantó”. Todos estos son los “códigos de tango”.
“El tango es seductor, si querés bailar con un hombre y no tenés piel, con ese hombre no podés bailar tango” —sentencia “Titi” Charmiello, que cada sábado da clases de baile. Ahí  se escuchan las letras de tango sobre la nostalgia por viejos barrios como Parque Patricios o el enamoramiento cuando eran “pibes”. Tantas canciones como historias de los que bailaron y se enamoraron, los que sólo se toleran juntos cuando bailan, o el que murió de un infarto y ya no bailó la siguiente pieza porque su corazón se paró, no por la emoción de encontrar un nuevo amor, sino por el viagra.
En la zona de Solos y Solas no importa que tengan 87 años y apenas estén aprendiendo a bailar tango. La profesora de baile Alba “Titi” Charmiello afirma que “el tango es una terapia espectacular”. Por ejemplo, médicos argentinos comprobaron cómo mejoran las  personas con Parkinson.
En la zona de la doble SS las personas conversan, contrario a lo que pasa en la zona de parejas, donde matrimonios o novios comen aceitunas mientras se miran o miran a los demás, pero no hablan. Se paran a bailar y ni así surge una palabra.
Voy cargando mi dolor. Lejos de la gran ciudad que me ha visto florecer. Tango “Lejos de Buenos Aires”.
No todo es silencio de casados, también están las parejas que se miran, se toman la mano y sonríen cuando no suenan los tangos, como Lucy y Carlitos. Ella de 71 y él de 84. Se conocieron  en clases de tango después de enviudar. Jamás han ido a la zona de la doble SS, únicamente la cruzan para saludar y cuando bailan en círculos, como se hace en las milongas.
Que nunca me falte la luz de esos ojos
que aclaran mis noches de cruento dolor. Tango “Que nunca me falte”.
En Boedo Tango se bebe poco, apenas un vino o una Quilmes. Las esferas con espejos giran en el techo. Las parejas pierden la postura del tango para entregarse a la soltura del ritmo tropical.
Tiene color de canela. Y rico sabor a pimienta. Cómo está de contenta, ¡oye caramba! Con su pollera colorá. Cumbia “La pollera colorá”.
En los baños de Boedo Tango un letrero dice: ¡A bailar que la vida se va! Los solteros  y solteras siguen el mensaje como una receta. A veces bailan entre extraños, otras veces con una conquista nueva… bailan sin saber si saldrán otra vez con las manos vacías. Sólo tienen una certeza: quieren beberse la vida bailando, sin importar que más tarde vuelvan a la soledad.