El limbo

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    (Tercera y última parte)

    El sur
    Con más de 90 años, postrada en una cama y en los últimos días de su vida, Doña María comentó molesta al reportero que no sabía dónde iba a morir.
    Vecina de el Platanar, uno de los ocho poblados en conflicto por la indefinición de límites entre Jalisco y Colima, la mujer recordaba haber nacido en Jalisco.
    Ahora, cuando estaba para irse, le contaron que iba a morir en Colima. Y sin salir del mismo pueblo.
    En Las Pesadas, la vida hace honor al nombre del poblado. Hay dos escuelas, una administrada por Jalisco y otra por Colima.
    El camino pertenece a la compañía minera del lugar y por las tardes cierra el portón y quedan incomunicados. Ya un niño murió porque estaba cerrada la puerta y no pudieron llevarlo al doctor.
    Y ni a dónde quejarse. Porque unos dicen que es Colima y otros que es Jalisco.
    En Plan de Méndez, tomaron una decisión salomónica. Ante los constantes abusos de la policía de Colima que entraba al pueblo que se dice jalisciense; y ante el reclamo de otros habitantes que se dicen colimenses y protestaban contra la policía jalisciense, optaron por hacer una policía interestatal.
    Solamente funcionó un tiempo y nuevamente las diferencias por los límites acabaron con la singular policía.
    La indefinición de límites entre ambas entidades es tan marcada, que en las próximas elecciones volverán a repetirse los problemas porque los habitantes de estas poblaciones en disputa no saben por quiénes van a votar.
    Como ocurrió con la separación de Nayarit, el problema limítrofe con Colima inició desde el nacimiento de éste último.
    En tiempos de la colonia, la división territorial de los estados era por medio de partidos y en 1823 el partido de Colima fue segregado de Jalisco.
    Un año después, en 1824, se declara a Colima territorio federal y en 1857 es elevado al rango de estado libre y soberano.
    Pero en los vapuleos de la historia de México, nunca como territorio y luego como naciente estado se especificaron los límites con Jalisco.
    De esta forma surgieron los conflictos por definir 406 kilómetros cuadrados en los sitios conocidos como Peña Blanca, Peña Colorada y la zona del Volcán.
    La polémica por los límites se desata porque los colimenses reconocen a la cresta de la sierra como el límite, en tanto que historiadores y geógrafos de Jalisco señalan al río Minatitlán o Marabasco como el límite. No es poca cosa la que está en juego, ya que la zona de Peña Colorada alberga uno de los yacimientos de hierro más ricos de América Latina.
    El otro punto en disputa es la franja conocida como La Culebra, misma que incluye el impresionante desarrollo turístico de Isla Navidad.
    Al ser según Jalisco el río el que marca los límites, cartografía de siglos pasados establece que los límites tenían como punto a Peña Blanca, un islote en el mar cerca del aeropuerto Playa de Oro de Manzanillo.
    De ser correcto este alegato, la misma terminal aérea quedaría del lado de Jalisco.
    En 1890 el gobernador de Jalisco Mariano Bárcenas integró la primera comisión para atender el problema pero no llegó a ninguna conclusión.
    El 20 de noviembre de 1989, los gobernadores de Colima, Elías Zamora Verduzco y de Jalisco, Guillermo Cosío Vidaurri, ordenan la integración de sendas comisiones para que resuelvan el problema.
    Sin embargo, aunque se realizó trabajo técnico en ambos estados, no se llegó a un arreglo.
    La Comisión de Jalisco aportó como pruebas mapas y documentos desde 1818 y hasta 1900, que acreditan que los límites entre Jalisco y Colima siempre fueron el río Marabasco y el punto conocido como Peña Blanca, por lo que los 406 kilómetros cuadrados quedarían del lado jalisciense.
    Por su parte, la comisión de Colima argumentó que desde hace siglo y medio ese estado tiene la posesión pacífica de los territorios en disputa y que más allá de los mapas, Colima ha ejercidos actos de soberanía y gobierno sobre esas zonas por lo que legalmente le pertenecen.
    En diciembre de 1997, el gobierno de Alberto Cárdenas Jiménez decide interponer una controversia constitucional en contra de Colima por la ocupación de 406 kilómetros cuadrados.
    Sin embargo, la demanda resultó ser una vacilada.
    Con la asesoría del abogado Manuel Bailón Cabrera, la demanda alude como alegato jurídico, preceptos como “la verdad, el ser, el amor, el orden y la belleza”.
    Y pide a la Suprema Corte de Justicia, que evite el “desorden” que es “la negación de la belleza” y que termine con el caos actual que genera la pretensión de Colima de que le pertenece la zona en disputa.
    Y todavía es más “dura” la argumentación: “la fealdad, la negación de la belleza, consiste en que Colima está usurpando parte del territorio de Jalisco lo que implica que es feo que en mi propia casa llegue un extraño a la misma y pretenda hacer valer que es la suya”.
    Por tan deficiente alegato, el gobierno de Jalisco se desiste de la demanda e interpone una nueva bajo expediente 1/98, esta vez preparada por el constitucionalista Clemente Valdez.
    La nueva controversia, se basa ahora en la Constitución, argumentos históricos y jurídicos y pide a la Suprema Corte de Justicia que fije los límites de Jalisco como estaban en 1917 y que ordene a Colima el pago de gastos por el juicio.
    Aunque han pasado más de siete años de la presentación de la controversia, la Suprema Corte de Justicia todavía no resuelve cuál de los dos estados tiene la razón.
    En ese lapso, han transcurrido casi dos administraciones panistas y por Colima desfilaron ya tres gobernadores.
    Mientras que en Jalisco el tema ha sido olvidado por medios de comunicación y la población lo toma con indiferencia –salvo los habitantes de los lugares en conflicto–, en el vecino estado se ha formado una insurgencia para defender el territorio.
    Además de la comisión de límites que permanece activa, se realizan foros, estudios y los diferentes partidos políticos se unen para hacer causa común en lo que consideran una actitud expansionista de Jalisco.
    No es para menos, con cinco mil 540 kilómetros cuadrados de extensión, Colima es uno de los estados más pequeños del país.
    Perder el litigio de 406 kilómetros cuadrados sería quedarse sin casi el diez por ciento de su superficie, un aeropuerto y además el orgullo herido por perder poblaciones que hoy las consideran colimenses.
    Para Colima, para hablar en los mismos términos de los abogados de Jalisco que presentaron la primera controversia, sería un asunto muy “feo” que les arrebataran parte de su estado.

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    En esta serie he dejado claro que hay poblaciones cuyos habitantes viven en “el limbo” por no saber a qué estado pertenecen.
    Y lo que es peor, a juzgar por la atención que han destinado para recuperar los espacios ocupados tanto por Nayarit y Colima, las autoridades estatales de Jalisco parecer hacerles compañía.