El discurso ausente

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    Nuestra arena política es la vivificación de la lucha a muerte de múltiples discursos, cada uno buscando seducir a una muchedumbre sedienta de esperanza, disfrazados de colores y máscaras que construyen la apariencia de lo “diferente”, son los discursos del engaño, sin rendir culto a verdad alguna.
    En esta gala de discursos, unos orquestados por el poder en turno, otros por sus más acérrimos enemigos, si se sabe oír e interpretar, la intranquilidad producto del engaño flagrante, pues se puede apreciar en este contexto la ausencia de mensaje y el abarrotamiento de la confrontación barata, de la materialización surrealista del dicho popular que reza: “A río revuelto, ganancia de pescadores”.
    Es el desorden mediático la ocasión del hurto de las verdades, un escándalo que sucede frente a la cara de millones de mexicanos y que se adorna de diversos rostros, movimientos y banderas, que a diestra y siniestra pretende manipular bajo la retórica seductora, que busca entre los rencores históricos de la población, despertar el desprecio para producir la mecánica costumbre de señalar a los presuntos culpables de la miseria de los muchos y condenarlos en favor político de pillos, a la ignominia.