Desde Guadalajara

326

Llegué a Corea gracias a un año sabático que mi esposo y yo nos tomamos para acompañar a mi suegra después de la muerte de su esposo. Conocí a mi marido en la maestría de Letras, pues él había venido a Guadalajara precisamente durante la década en que se abrió el convenio entre la Universidad de Guadalajara y la Universidad Nacional de Corea. Tras estudiar nuestros doctorados en la Universidad Nacional Autónoma de México y en el Colegio de México, decidimos establecernos en Guadalajara. Trabajé en la docencia a nivel de licenciatura y posgrado, así como en la coordinación de investigación y postgrado de la misma maestría que había estudiado, lo que entonces cerró todo mi cuadro de expectativas. Y cuando sentía que ya estábamos asentados, falleció mi suegro.

Aquella estancia se convirtió en una más larga de la que yo imaginaba y ahora han pasado ya 14 años. No fue fácil, como profesor extranjero me integré al departamento de español. En Corea siempre se empieza como asistente, así tengas un doctorado, así que entré a la dinámica propia de un ritmo educativo muy demandante, con un nivel académico impecable, pero el costo humano, del que no se habla, es también muy fuerte.

Entonces, entre esos chicos acostumbrados a la memorización y a pasar incluso los fines de semana en la biblioteca —pues sus padres y el sistema de gobierno apuestan todo a la educación— me di cuenta que mientras que anteriormente todos querían ir a España porque era más barato y el turismo resultaba atractivo, ahora muchos querían venir a Latinoamérica por cuestiones culturales y educativas en áreas de gran interés como la antropología, la sociología o las ciencias políticas. Así que en estos años trabajamos en la publicación de cinco libros en los que además de la gramática apostamos también por la cultura y la literatura en español para que quienes están tan lejos, aprendan que esta lengua es una cultura que no sólo implica a España o México, sino a un montón de países hispanohablantes.

De Corea y México he aprendido la riqueza de la mezcla y el intercambio cultural precisamente posible por la lengua, de otra manera permaneceríamos alejados, ignorando nuestras mutuas realidades. [

* Egresada de la maestría de Letras por la UDEG y del doctorado de Literatura Hispánica por El Colegio de México, trabaja en el Departamento de Lengua y Literatura Hispánicas de la Universidad Nacional de Seúl con el doctor Lee. Es una pieza clave en la docencia del español como lengua extranjera en Corea del Sur.